lunes, 5 de diciembre de 2011

Para hacernos y hacer nuestro propio destino

¿Estamos soñando?
Viene a mi memoria esa imagen de Néstor, hace seis años nomás, anunciando el pago de la deuda con el FMI… se comenzaban a cortar rituales acostumbrados, naturalizados, de la dependencia. Estuve en Cancillería hace unos días, y pasé junto a la placa que recuerda a Guido Di Tella, “quien hacía del mundo su casa”… él, por supuesto, no el pueblo que representaba internacionalmente, desamparado a causa de las relaciones carnales con el imperio.
Parecía una quijotada el NO al ALCA en Mar del Plata. Decirle NO a Bush y al “Tratado de Libre Comercio” que significaba libre tráfico para que los capitales que nos habían manejado los destinos y habían demostrado su poder de destrucción de la capacidad de nuestros países para garantizarnos trabajo, educación, comida, servicios elementales tras casi veinte años de decadencia de las instituciones y de nuestros proyectos de vida. Pretendiendo abrir nuestras fronteras para el saqueo invisible a manos de piratas de traje suntuoso, pero no las imperiales, en las que con perros, muros y balazos se repelen a seres humanos corridxs de sus ciudades, sus afectos y sus ríos, cerros o llanuras en la que la miseria y la violencia se multiplicaban.
El Sur también existe, decía Benedetti, soñando otra forma de estar digna, de pie, visible, en búsqueda.
“América Latina, al conmemorar el bicentenario de la independencia, experimenta con creciente fuerza la necesidad de independizar la democracia de la dictadura del capital para poder democratizarla en los términos de la construcción de un orden en el que todos puedan vivir”, sostiene el filósofo Yamandú Acosta. El problema del “pensamiento crítico”, el “sujeto” y la “democracia” son manifestaciones de un auténtico problema filosófico porque se inscriben en nuestra configuración histórico-cultural, en lo que en esta parte del mundo afrontamos como desafíos concretos.

La Comunidad de Estados de América Latina y el Caribe
institucionaliza ese afán de unión que siempre fue obstaculizado por la misma garra que nos oprimió desde la conquista española… Extrañándonos de nosotrxs mismos, implantando en nuestros valores aversión por nuestras culturas, inventando fronteras invisibles de desconfianza, de prejuicios, de necedades. Los hermanos y hermanas que somos y fuimos, atravesados de saqueos, genocidios y humillaciones así como de gestas colectivas y heroicas resistencias remitidas al olvido para que no tuviéramos el recuerdo ni el ejemplo, hoy intentamos enlazarnos para decidir nuestro destino.
Pequeños pasos, minúsculas experiencias marginales alimentan movimientos sociales que pueden voltear un tratado de sujeción delante de las narices del Presidente de EEUU. Respaldados, empujados por mandatarios que se atrevieron a representar – en el mejor sentido liberal del concepto- a la ciudadanía de sus naciones. Porque las democracias como formalidades que conservaran nada más que las libertades de mercado y los privilegios de las corporaciones, democracias posdictatoriales frágiles que completaron el desguace de los Estados, abandonando a sus pueblos a la pobreza y la marginalidad, no eran más que el gobierno del mercado.
Mercado, nuevo dios cuyos sacerdotes proclamaban el fin de las ideologías desde la ideología más clásica y vieja…desde los ministerios de economía, templos sagrados en los que nuestro presente y futuro se inmolaba.
No estamos soñando.
Nos estamos levantando, una vez más.
Dejar de considerarnos incapaces de crear nuevas formas de organización, proyectos de sustentabilidad que preserven nuestros recursos naturales y riquezas, dotar a las democracias de mecanismos que aseguren la posibilidad de vivir y curarse y aprender y enseñar, y de inventar y construir, de trabajar… todo esto nos toca y estamos dispuestxs.
Reconstruir nuestro pasado de resistencia y dignidad, de amor por este suelo y su gente y saber también cómo inclinamos la cabeza demasiadas veces ante la prepotencia de quienes se comportaron como nuestros amos. Saber de dónde venimos:
“Soy nicaragüense y me siento orgulloso porque en mis venas circula, más que todo, la sangre india, que por atavismo encierra el misterio de ser patriota, leal y sincero…”
“Soy artesano, pero mi idealismo campea el amplio horizonte del internacionalismo, lo cual representa el derecho de ser libre y hacer justicia, aunque para alcanzarla sea necesario constituirla a base de sangre. Que soy plebeyo, dirán los oligarcas o sea las ocas de cenagal.No importa.
Mi mayor honra es surgir del seno de los oprimidos, que son alma y nervio de la Raza y que hemos vivido postergados, a merced de los desvergonzados sicarios que ayudaron a incubar el crimen de la alta traición, mostrándose indiferentes al dolor y la miseria del liberalismo, al cual perseguían encarnizadamente, como si no fuéramos una misma nación.” Augusto César Sandino, 1927


Tomarnos en serio y asumir esta apuesta es honrar a tantos héroes y heroínas, honrar a las anónimas víctimas de tanto despojo e invasiones, es honrar nuestro pasado y nuestro presente.
Es preciso saber lo que han vivido nuestro pueblos marcados por dolores y hazañas.Es preciso tomar partido por nosotrxs. Es imperioso alentar y respaldar a estxs líderes que llevan el mandato de integrarnos en un ámbito de respeto a nuestra diversidad y a una pertenencia común, para ser artífices de un nuevo trazado geopolítico. Para saber con certeza que las generaciones futuras contarán con lo que logremos juntas estas democracias nuestras, decididas a ampliar derechos y adecuar legislaciones para combatir la trata de personas, las violencias de género, la discriminación, para desalentar y desbaratar los golpes destituyentes –civiles o militares-, para terminar con la presencia expoliadora del colonialismo en pleno siglo XXI en nuestras Malvinas. Esa es la tarea que no podemos eludir, tan ambiciosa como imprescindible. Queremos emprenderla felices de vivir este momento histórico en el que la misma crisis del capitalismo global nos permite, a través de esta rendija o fisura de lo que fue un orden mundial signado por las corporaciones sin bandera, respaldadas por la preeminencia militar norteamericana - los muchos marines de los mandarines custodiando la rapiña-, erguirnos como polo fuerte, descentrado, orgulloso, decidido, y apuntar a la segunda independencia como insiste Chávez citando a su vez a Martí: esa de la descolonización cultural y material que nos permita ser verdaderxs sujetxs de nuestra historia.