jueves, 22 de diciembre de 2011

Acompañando el juicio ético político de las Madres de Plaza de Mayo



En momentos en los que al fin, además de la justicia a los represores, se está avanzando en la denuncia y atribución de las penalidades que caben a quienes colaboraron y se enriquecieron y apañaron la feroz tarea de los militares, acompañar a las Madres es un compromiso innegociable.


El caso de la apropiación de Papel Prensa mediante extorsión y tortura fue el inicio del entronizamiento de un Grupo mafioso que condicionó desde su posición monopólica la débil democracia que se fue ensayando desde 1983.
No solamente se apropiaron de las acciones clase A pertenecientes al grupo Graiver asociadas con La Nación y La Razón. Estaban asociadas con la Junta que así obtenía el silencio ante el genocidio y las odas al "orden". Con el control del insumo clave, controló el mercado.

En la década del 90 avanzó sobre la televisión, obteniendo canales y posición hegemónica en el cable. Colocando los precios convenientes para las empresas del grupo, contraviniendo las normativas mediante un secreto pacto de sindicación, empleando el poder de la posición privilegiada, ahogó toda competencia y las voces de los pequeños o medianos competidores. Liquidó la prensa y las producciones audiovisuales de las provincias. Y los contenidos se alinearon con las decisiones estratégicas del Grupo. Personajes esos que hasta hace muy poco, marcaban la agenda de los políticos que votábamos.
La decisión de Néstor Kirchner de enfrentar ese poder, la firmeza de Cristina Fernández para llevar adelante el informe "Papel Prensa, la verdad", la política en derechos humanos que habilitó a que testigos - que habían declarado sobre estos hehcos ante la Fiscalía de Investigaciones Administrativas de Ricardo Molinas hace 26 años- volviesen a confiar en que se hará justicia, venciendo el miedo abonado por la represión y recreado por la impunidad, nos encuentra hoy celebrando la obtención de una ley de declaración de interés público a la porducción de papel y la vigencia de la ley de medios, sólo trabada por maniobras que no se pueden disfrazar más.
Procede el Grupo como lo que es: el poder oculto, hasta hace tan poco, el del dinero y la extorsión, que se está resquebrajando inexorablemente.


Ellas, las Madres, desde la primera ronda en 1977 dieron un ejemplo de lucha sin descanso. Se las difamó, se las ninguneó, se las atacó.
No las derrotaron ni las detuvieron.
Alguien dijo que eran la reserva moral de un pueblo que no terminaba de encontrar la senda definitiva para la liberación de las herencias de la dictadura, que llevan décadas.
Porque ser indiferente o comprar el cuento del "ataque del gobierno al periodismo independiente" es ya, a esta altura del partido y de las experiencias que tenemos en nuestro haber desde el 2003, por lo menos, cómodo, facilista, o decididamente cómplice.
Aquí están, de pie, nuestras Madres, que con sencillez, bravura y ternura también, están marchando como ayer al frente de lo que reclamaremos siempre, hasta que la tarea esté cumplida: justicia, verdad, memoria.
Y no están solas, porque a pesar de todos los golpes recibidos y las campañas, quienes resistimos en democracia a la vergüenza de los perdones y quienes hoy se lanzan a participar con la frescura de saber que han crecido en un contexto de esperanza cierta, las abrazamos.
Gracias, Madres, por no aflojar y por contagiar con esa fortaleza a quienes seguiremos sus pasos.