Memoria, verdad y Justicia

martes, 1 de mayo de 2018

Las proletarias del proletario (2018)

En 1840 Flora Tristán, peruana residente en París, publicó "La Unión Obrera" en la que además de dar cuenta de la situación de opresión de la clase trabajadora de su tiempo, tomó en cuenta en particular la situación de quienes son aún más victimizadas.
"La mujer es la proletaria del proletario" sentenció.
Aún aquel que más sufre, el explotado, tiene como sierva a su esposa, y por el hecho de ser mujer. Marx la naturalizó, pero esta diferencia, con tanto tiempo transcurrido, sigue siendo un criterio discriminador para la consideración de alguien como ser humano pleno, como individuo a quien los derechos le son inherentes a su persona.
No exageramos diciendo esto en 2018. No se nos va la mano en tiempos de internet y redes donde la división clásica de trabajo material e inmaterial se ha resquebrajado, sino desaparecido.
¿Cuánto trabaja una mujer? ¿cómo se considera su producción de valor? ¿podemos medirla en horas? ¿Cómo se considera su trabajo reproductivo? ¿Y el cuidado?
Las tareas por amor no son trabajo, se inculca y se hace carne o estructura la personalidad. ¿Cómo no ocuparse, después de la jornada sí considerada laboral fuera de casa, de ciertas tareas, como el preparar alimentos, lavar ropas, limpiar la vivienda, dar de comer, lavar los platos, o cuidar a quienes tenemos a cargo por edad o enfermedad? Nada en nuestras capacidades intelectuales, físicas, de temperamento, nos hace más destinatarias de esos roles impuestos que a otra persona, es la cultura que reserva, en base al mito de las diferencias, el trabajo sin pausa que no se paga ni se considera trabajo.
La entrada al mercado laboral - sí reconocido y merecedor de salario- no mejoró las cosas en relación a la diferencia, con remunieraciones injustas haciendo la misma tarea, o las dificultades para acceder a ascensos o puestos de jerarquía. Otra vez las cargas de las tareas no consideradas trabajo impiden cumplir con los requerimientos extras que se plantean a quienes por otro lado siguen siendo como dijo Flora, proletarias de los proletarios. Las consideraciones desde la diferencia para adjudicar ese trabajo no trabajo a las mujeres no se tienen en cuenta para balancear hacia la equidad, sus condiciones en el ámbito laboral. Y todo esto si la trabajadora está reconocida, si tiene asignaciones y una cierta estabilidad.
La precarización, el desempleo, multiplican las cargas sobre la salud. Por esa manera de deshacerse para lxs otrxs inculcada - porque la solidaridad también se explota- muhcas se hacen cargo de organizar no solamente su propia vida familiar, a veces solas sin otro ingreso al ser "jefas de hogar", y en condiciones de desempleo o inestabilidad, contribuyen a paliar dolores y necesidades de sus barrios. Y pelean también en el comedor comunitario, en el cuidado de chicxs de otrxs, con la feria o lo que haga falta. Muchas veces sufriendo violencia, malos tratos, abusos de quienes también están en dramáticas condiciones. Lejos del acceso a la justicia como para hacer denuncias o seguir adelante con tanto a cuestas.Algo como la libertad o el ocio son fantasías, como el desarrrollar tu proyecto o capacidades, inimaginables.
De la clase o procedencia social que sea, como mujeres se nos induce a naturalizar lentamente las injusticias del trato discriminatorio.
Desobedecer lo previsto para nosotras consideradas en la ecuación mujeres = madres proletarias de proletarios tiene costos que tenemos que seguir pensando, diciendo a viva voz ante ojos azorados que resisten la inconveniencia de decir "no" o proponer otras maneras, otro reparto, otras posibilidades vitales.

Demasiados mandatos ancestrales pero insistentes nos ponen en una posición de desventaja no ante el patrón, sino ante los mismos compañeros trabajadores, precarizados o desempleados cuya frustración e injusticia se toman revancha, como lo han visibilizado las sobrevivientes de violencia de género que aprendieron también esa lucha a fuerza de demasiadas lágrimas y muertes.
No hay justicia para trabajadorxs si la injusticia de género persiste.
No hay tampoco reivindicación posible ni destierro de la inequidad de género en medio de una restauración del hambre y la entrega de la riqueza que producimos y nos pertenece.
No habrá conmemoración justa de las luchas del pueblo trabajador si no hay secretarias generales en gremios y referentes en espacios de representación y negociación que alcen las banderas feministas en defensa de los derechos de esas trabajadoras. Porque con demasiada frecuencia ni siquiera se nos percibe como tales o si es el caso, es por menos de la mitad de lo que hacemos o lo que vale el producto de nuestro esfuerzo enmascarado en entrega o amor, eufemismos convenientes para severas y arbitrarias imposiciones.
En tiempos donde la ofensiva más despiadada contra derechos conquistados para lxs trabajadorxs encarcela, reprime, amordaza, amedrenta a quienes luchan, y compran dirigencias en oferta, en el día en que conmemoramos a quienes lucharon y dejaron enseñanzas para seguir luchando por la dignidad y la justicia, las palabras de Flora, como las de Bolten, las de Evita, las de las desaparecidas, y las de miles de anónimas nos convocan con más fuerza todavía.

sábado, 24 de marzo de 2018

Marchamos

Quizás no tengas un familair desaparecidx, tal vez no hayas sentido la pavorosa ausencia, el no saber, la persecución, la necesidad de callar un nombre o cambiar de ciudad o de apariencia.
Quizás no tuviste que esperar, años, quizás ilusionadx con la llegada de elecciones y un estado de derecho, el regreso de alguien querido, alguien que conociste, un compañerx, una conocida, un amigo de un amigo, el padre, la hija, la amiga de una amiga...que no volvió.
Golpeó de pronto a quienes no sospecharon lo que tanto miedo y silencio hicieron posible, la revelación de los crímenes de un Estado terrorista que se creyó impune, lo que había pasado con  lxs desaparecidxs. A ellxs a quienes no se lxs había tragado la tierra, sino que fueron brutalmente arrancadxs de entre todxs, secuestradxs, torturadxs, violadxs. arrojadxs al mar.  Sus hijxs nacidxs en cautiverio entregadxs a "buenas familias"que borrarían el recuerdo no solo de una filiación sino de una historia y un amor que conmovió cimientos. Darlo todo por un proyecto colectivo, amar en la clandestinidad impuesta por la violencia política que no habían inventado.Porque, si no sabés, si te olvidás, antes del 24 de marzo la saña era conocida, bombas sobre civiles, asesinatos y persecución. Hacer del "otro" una amenaza a extirpar. Así se fue preparando un exterminio. ¿Suena conocido?
Mucho tiene que elaborar una sociedad que atravesó semejantes acontecimientos, de los cuales no pudo ser ajena, por más que las responsabilidades no sean iguales para cada unx. Todavía lo estamos haciendo.
Los sueños de quienes militaron, pelearon, amaron, sueños que viven todavía, que renacen, que regresan con nuevas caras y voces y consignas, esos sueños no se mueren aunque siempre amenacen al odio que nada crea y todo lo destruye.
Mujeres de pañuelo blanco nos mostraron el camino para vencer un poder que parecía intoclable. Madres caminando que fueron paridas cuando se les llevaron a esxs hijxs y que nos llaman hijxs a nosotrxs, a vos también, que a lo mejor todavía pensás que no tenés nada que ver, que esto es historia dolorosa y mejor olvidar, que para qué seguir con "eso".
La memoria todavía se construye, lxs desaparecidxs nos faltan, las respuestas siguen pendientes, los asesinxs no dijeron nunca nada, no se arrepintieron y esperan confiadxs, ahora, si están en la cárcel porque la mano judicial los alcanzó después de tanta pelea tenaz y amorosa. Que los alcance un repudio inclaudicable sella los intersticios por donde se cuelan discursos de impunidad.
Más de cuatrocientas historias negadas a recuperar mientras los abrazxs de hermanxs esperan y alguna vieja de pañuelo blanco que todavía camina, tienden el corazón enorme, infinito y sabio...mientras miles de nosotrxs que no perdimos a nadie cercano, celebramos cada restitución de identidad, de oportunidad de una vida sin mentiras, con lágrimas y cantos de alegría.
Porque lo que pasó nos pasó a todxs, también les pasó a quienes nacieron mucho después, el pasado está aún insistiendo en lo que aflora con venganza rabiosa y odio dirigido a todo sueño liberador, a toda solidaridad, a todo compromiso.
Lo que pasó vuelve a acercharnos con repetirse cuando sale un milico genocida y tenemos de nuevo, en democracia, persecución, censura, fusilamientos por la espalda y cadena de 24 horas de mentira organizada que disculpa la violación de la dignidad humana.
Lo que pasó pudo vencerse con la presencia de ellas, al inicio tan solas, contra toda infamia y difamación, en la ronda más hermosa que se hubiera inventado en la plaza. De a dos, de a cuatro, o solas como en Jujuy.
Con el amor y reconocimiento de un pueblo y un presidente que como tal pidió perdón por años de impunidad y silencio cómplice, el tipo que descolgó los cuadros del Colegio Militar y se declaró hijo de esas Madres abriendo compuertas de justicia y de derechos, que se fue pronto, pero sigue vivo en cada uno de sus pasos, de nuestros pasos. Néstor.
Hoy, a 42 años, marchamos porque tenemos presxs políticxs, porque volvieron a poner armas contra el pueblo, porque te pueden arrastrar de los pelos por la calle por cantar, protestar, por tener cierta cara o cierta pinta sospechosa, aunque pienses que nada de todo esto tiene que ver con vos, y te sientas ajeno a esta nuestra historia, que hacemos cada unx, esté donde esté.
Decimos Memoria, Verdad y Justicia, ningún genocida en su casa, sino en la cárcel. Decimos basta de persecución y de sufrimiento planificado por quienes fueron cómplices de lo ocurrido en este país doliente donde los pañuelos blancos siguen y seguirán siempre marcando camino.

martes, 6 de marzo de 2018

Marzo verde

Otra oportunidad vuelve a presentare como fruto de tenaces esfuerzos y largas luchas para que el Congreso pueda saldar una deuda injustificable de nuestra democracia. Cierto es que la causa de la legalización del aborto es usada como cortina de humo por una gestión antiderechos decididamente indiferente al sufrimietno y a la dignidad del pueblo, mucho más entonces de quienes por razones de género ni siquiera alcanzan el status de ser humano. Pasa cuando en las situaciones de peligro o de vulnerabilidad, la diferencia sexual, como si fuera natural, opera como criterio de exclusión. Lo saben bien quienes por una  identidad sexual disidente del modelo heterosexual, no acceden a la atención médica elemental. El cuerpo nunca está desprovisto de un significado cultural y en esta sociedad la feminidad hegemónica impone la maternidad, o la potencial maternidad a un proyecto de vida. Proyecto que debería poder rechazarla o ejercerla cuando considere que es oportuna o que obedece a su deseo.
Todavía hablamos de muertes y de vidas que no tienen el mismo valor,  por ser consideradas madres esposas o hijas antes que seres humanos en igualdad de condiciones y derechos. Una tenaz vigilancia de género que comienza hasta en la ecografía 4D para asegurarse de marcar el tránsito posible para nosotras. Nos obstaculiza hasta la gramática, la lógica binaria, todo lo opresivo que cristaliza inadvertidamente lo que implica ser una mujer en esta sociedad y que mantiene la ilusión de una naturaleza inmutable que funciona como límite. Tenemos ovarios y útero y sanseacabó, tendrás que ver cómo te arreglás la vida esquivando la trampa del amor romántico y los mandatos férreos que evaporan el carácter de trabajo impuesto y forzoso del cuidado que te espera. Y así la rueda capitalista recicla todo tipo de brutales violencias que quedan disfrazadas y se introyectan, se sufren y se suceden en las vidas diversas de aquellas consideradas madres antes que ninguna otra cosa.
En este contexto dramático en el que cada día un atropello más nos conmociona, nuevas generaciones y militancias, inapropiables, un hartazgo general ante la hipocresía, un registro de la saña de la clandestinidad/negocio - pariente en brutalidad de la violencia obstétrica que expresa la misma opresión de género- de la interrupción del embarazo en condiciones inseguras  y el nuevo impulso de la dirigencia que representa en el ámbito institucional, quizás logre concretar una ley bisagra.
Legalizar el aborto no obligará a nadie que no desee interrumpir el embarazo.
Legalizar el aborto significará una vuelta de página que movilizará para el cumplimiento de una norma jurídica el impulso contra esas prácticas de mirar para otro lado y negar derechos adquiridos, como los abortos no punibles vigentes y que se obstaculizan porque los servicios de salud están infestados de agentes del Opus y del privilegio de quienes pueden supuestamente cuidar su conciencia y su carrera mientras condenan mujeres y niñas victimizadas.
La causa no podrá ser usada como cortina de humo para desviar la atención de los graves retrocesos en derechos y las luchas que se multipican pese a que los medios las ignoren y la respuesta sea cada vez más censura y más represión. La causa está asentada en un amplio sentido común que se fue modificando gracias a luchas incansables de diversos colectivos, que hoy no solamente se componen de mujeres.
Si se aprueba al fin el proyecot que vuelve entrar al Congreso en este marzo verde -color insignia- será un triunfo compartido por el pueblo feminista, celebrado como una respuesta ética y justa a una de las formas de victimización más terribles incompatibles con los derechos humanos. Y habrá que redoblar esfuerzos después, como ocurrió con otras leyes históricas que nos podemos enorgullecer de tener en nuestro país, para que la norma jurídica que abre la exclusa se haga realidad concreta salvando las vidas despreciadas en esta democracia que cada día nos toca a cada unx cuidar y cosntruir.