viernes, 16 de diciembre de 2011

Mariela, Ana Laura y una libreta que tiene alas

Mariela me dijo una vez: “te enamorás no de un hombre o de una mujer…te enamorás de una persona.”
Cuando conocí a Mariela y a Ana Laura, en el espacio militante que compartimos, hubo de entrada una corriente hermosa de humor, energía, de empatía. Creo que pasó con muchísimas de las maravillosas mujeres que nos fuimos haciendo amigas además de compañeras de reuniones, marchas, intervenciones callejeras, producciones varias. Con la uruguaya, jugaba el plus de la hermandad rioplatense de nuestra procedencia, el amor por el candombe… La mendocina se inspiró al cabo de una reunión agotadora y bautizó el programa de radio, y aprendió a desacelerar para hablar de economía en el estudio ganando fama de experta.
No recuerdo cuándo comenzaron a militar en el Frente… pero en poquito tiempo las dos se fueron incorporando cada vez más a las actividades y bastante después les cayó a varias la ficha de que eran pareja. En lo personal, no me preocupa el rótulo primero, sino que es la interacción con la persona que tengo enfrente, su mirada, sus dichos, sus gestos, alguna risa descontrolada o alguna actitud que se sale de lo normal lo que abre de alguna manera la puerta para relacionarme. Como no las conocía de otros ámbitos, nos fuimos adentrando, al compartir cenas o charlas en estos meses tan intensos, en lo que significó para ellas el cambio cultural que alumbró una ley como la de matrimonio igualitario. Charlamos de género y filosofía y nos divertimos deconstruyendo comentarios de esos que se nos escapan, y que encierran prejuicios. Tenemos pendientes muchas cosas, aprendiendo juntas, siempre con el recurso a no tomarnos demasiado en serio, para poder ser coherentes con las cosas serias: los valores que nos unen.
Fueron contando de a poco, lo que implicó para cada una romper con la normalidad instituida, enfrentar la posible incomprensión de seres queridos, las barreras invisibles con las que todxs nos vamos ubicando mientras amamos, trabajamos, elegimos caminos a seguir. Para ellas su amor y su coraje de vivirlo tuvo un peso distinto, muy grande, muy fuerte. Un paso previo fue la unión civil, pero este año concretaron su sueño de casarse.
Este momento impensado/impensable del país, que nos abre la cabeza y nos da alas, sin dudas, a todxs, para animarnos a pensar y a imaginar diversas maneras de vivir y de ir haciéndonos cada día con las experiencias que tenemos, con los proyectos que concebimos, con los errores y los aciertos pero siempre intentando nuevos caminos, es una preciosa invitación a la libertad.
Padecimos. Era un escándalo ser homosexual pero no genocida, entregadorx, ladrón de guante blanco. Ser travesti pero no ser corrupto, ser lesbiana pero no ser abusador de sotana. La represión perduró en democracia de muchas formas hasta hace muy poco tiempo, contra personas que no encajaban y afortunadamente no encajan en el rótulo previsto por el orden que se naturaliza.
Ahora, y con todo lo que se ha conseguido, quedan muchas cosas para modificar. Un episodio ligado al casamiento lo muestra: para pedir un turno en el registro civil por internet, se cuela la cuadrícula de la heterosexualidad obligatoria con la lógica primacía del varón, en el primer ítem solicitado: si no se ingresa la “m” de masculino, no se puede continuar el trámite. Por eso las chicas fueron personalmente al organismo a pedir el turno y la empleada dijo con acierto…”es un error en el sistema”.
Muchas cosas atrasan ya, y lo más alentador para nuestro presente y futuro es que esos parámetros que prescriben cómo debemos ser, cómo debemos actuar o mostrarnos, pueden correrse, y se corren constantemente. Ellas se probaron, como tantxs otrxs, en su biografía; otrxs, nos cuestionamos y recibimos de esa militancia particular, una enseñanza extra que dinamizó otras militancias, que se anudaban sin que lo sospecháramos, tan fuertemente con la democracia real que queremos y por la que luchamos.
Nos emociona a quienes las conocimos hace tan poco y a la vez tanto - de alguna manera- , que se amen y se cuiden y se rían, y se sientan tan felices. Que se quieran tanto. Que sean tan buena gente, tan solidarias y tan inteligentes, tan distintas y potentes cada una a su manera. Porque esa corriente de amor contagia, y hace bien. Las compas las queremos mucho y les deseamos lo mejor.
Yo… me emociono con ellas, dos personas que hoy pudieron efectivizar el derecho tanto tiempo negado, de casarse y de hacer un camino de vida juntas con el mismo reconocimiento que cualquier pareja de varón y mujer. Que desde hace unas horas exhiben esa libreta roja que, como dijo la jueza, “tiene alas”…