jueves, 29 de diciembre de 2011

Un lazo de amor


Hoy, mañana, el 31 seremos millones los que brindaremos por Cristina. Como lo hicimos en Nochebuena, antes de saber qué pasaba con su salud. Porque pensamos en ella, la acompañamos, la cuidamos de las formas que están a nuestro alcance. Pensando en ella pensamos en nosotrxs.
Sentinos y palpitamos un lazo gigantesco y loco de amor es la única manera de ser felices, a ver si se puede entender esto con palabras, que surgió y renació y fue creciendo cuando nos lanzamos a vivir un presente en el que cambiamos reglas de juego para que no siempre ganen los que se cartean porque tienen todas las cartas.
El camino es sinuoso, las recetas no existen. Pero la creatividad no es alocada. Hay rumbos y hay mojones insoslayables; y allí hay tensiones y crueldades, y golpes bajos, y… la vulnerabilidad que conlleva nuestra misma humanidad.
Tremenda fuerza y vulnerabilidad también la de una mujer de carne y hueso que no para ni cuando pierde a su compañero, que no retrocede, que no afloja “ni abajo del agua”, que ahora tiene por delante ganarle al cáncer, otra prueba más, como lo expresó Hebe.
El cáncer anda rondando por América Latina. El cáncer se parece al odio, toma la fortaleza de lo que ataca, del cuerpo que es su presa. Una garra que acciona sobre nuestra acción creadora como pueblos aman…sus riquezas naturales, sus culturas mixturadas, sus colores de piel, sus lenguas y tradiciones ancestrales, sus invenciones, sus gestas emancipadoras, sus montañas, sus ríos, sus ritmos, sus dolores y sus triunfos, pequeños enormes triunfos sobre la codicia del norte y la traición de los de adentro.
El odio se regocija en el dolor ajeno. Pero sabemos que es el amor, ese que tuvieron lxs grandxs pequeñxs seres como un Sandino, como el Che, como Evita, como esa maestra, ese médico de pueblo, esa campesina, ese estudiante… tantxs…es el amor el que crea y da vida. Es el amor el poder.
El amor inconmensurable y arrollador lo transforma todo. Y cura, aunque no se ganen todas las batallas.
Ese amor es el que empuñamos, las palabras para dar la batalla simbólica, tragando saliva o muertxs de miedo. Porque da miedo pero lo miramos a la cara para que no nos inmovilice.
Con todo ese amor, Cristina, con todo ese amor, compañerxs del país y de nuestra Patria Grande, con todo ese amor vamos pintando de colores nuestro paisaje sin perder la sonrisa ni los sueños, porque si los perdiésemos, ahí si que nos gana la muerte en vida.