jueves, 18 de octubre de 2012

Jacques Rancière en Argentina

Este es un post dichoso, ¿cómo decirlo? Sí, al calor de una experiencia feliz y gratificante. Nos ha visitado un grande, Jacques Rancière, quien ha compartido un encuentro con nosotrxs, un heterogéneo grupo de lectura inquieto con su trabajo, bastante diferente a lo que se plantea normalmente en las casas de estudio.
Lectura Mundi es un programa creado en el 2010 en la Universidad de San Martín, con el objetivo de abrir la universidad a todo lo que no es universidad, e incluir en sus lugares de estudio a la sociedad y para llevar la universidad a lo social. Con mucho esfuerzo, ha traído a intelectuales como Jacques Rancière, Alain Badiou, Richard Sennett, entre otrxs, empleando fondos públicos en lo que constituye una apertura democrática de lo que tradicionalmente se ha visto restringido a claustros - justamente- jerarquizados y jerarquizantes, de lo académico.
Se trata de una universidad diferente, que cumple 20 años de existencia, emplazada en un lugar emblemático de la desocupación, transformada en un espacio abierto, diferente y querible, por muchas razones.
Este jueves 18 se desarrolló el Coloquio con Jacques Rancière que estuvimos esperando y preparando lxs integrantes del Círculo de Lectura que trabajamos en el estudio y debate de su obra. Este filósofo francés ha planteado de manera impactante y provocativa la emancipación, la igualdad de las inteligencias, la política como desacuerdo...


Desde el mes de mayo el Círculo -que fue coordinado por Silvio Lang, Luis Blengino y Alexander Roig, Cristina López- planteándose una modalidad horizontal de trabajo y de circulación de la palabra,produjo una lectura y debate en torno a algunos ejes del pensamiento de Rancière. Quienes con juntábamos los jueves cada quince días, no éramos todxs académicos, ni todos filósofos, ni todos estudiantes.


Intentamos desplazarnos del lugar institucional habitual jerarquizante, es decir, trabajando en el logro de otra lógica en la cual probar algo de esta emancipación intelectual que presume y verifica la igualdad de las inteligencias. Algo sobre lo cual, tanto en la obra "El maestro ignorante", como en "El desacuerdo", como en "El espectador emancipado", entre otros trabajos, insisten las distintas formulaciones de la apuesta de este pensador tan convocante, sencillo y generoso ante nuestras inquietudes en esta visita a la universidad pública que nos dignifica.

Hay mucho para leer de Rancière, por ejemplo:

"Hay que reconocer dos lógicas del ser-juntos humano que en general se confunden bajo el nombre de política, cuando la actividad política no es otra cosa que la actividad que las comparte. Generalmente se denomina política al conjunto de los procesos mediante los cuales se efectúan las agregación y el consentimiento de las colectividades, las organización de los poderes, la distribución de los lugares y funciones y lso sistemas de legitimación de esta distribución. Propongo llamarlo policía...
La policía es, en su esencia, la ley, generalmente implícita, que define la parte o la ausencia de parte de las partes (...) en un orden de los cuerpos que define las divisiones entre los modos del hacer, los modos del ser y los modos del decir, que hace que tales cuerpos sean asignados por su nombre a tal lugar y tal tarea; un orden de lo visible y lo decible que hace que tal actividad sea visible y que tal otra no lo sea, que tal palabra sea entendida como perteneciente al discurso y tal otra al ruido.


(...) propongo reservar el nombre de política a una actividad bien determinada y antagónica de la primera: la que rompe la configuración sensible donde se definen las partes y sus partes o su ausencia por un supuesto que por definición no tiene lugar en ella: la de la parte de los que no tienen parte.Esta ruptura se manifiesta por una serie de actos que vuelven a representar el espacio donde se definían las partes, sus partes y la ausencia de partes. La actividad política es la que desplaza a un cuerpo del lugar que le estaba asignado o cambia el destino de un lugar; hace ver lo que no tenía razón para ser visto, hace escuchar un discurso lo que no era escuchado más que como ruido.
(...) Espectacular o no, la actividad política es siempre un modo de manifestación que deshacelas divisiones senisbles del orden poliial mediante la puesta en acto de de un supuesto que por principio le es heterogéneo, el de una parte de los que no tienen parte, la que, en última instancia, manifiesta en sí misma la pura contingencia del orden, la igualdad de cualquier ser parlante con cualquier otro ser parlante.
(...)hay política cuando hay un lugar y unas formas para el encuentro entre dos procesos heterogéneos, el priceso policial, y el proceso de la igualdad, entendido provisoriamente como el conjunto abierto de prácticas guiadas por la suposición de la igualdad de cualquier ser parlante con cualquier otro ser parlante y la preocupación por verificar esa igualdad.
(...)No habrá de olvidarse que si la política pone en acción una lógica completamente heterogénea a la de la policía, siempre está anudada a ésta."

Rancière, Jacques. El desacuerdo. Política y Filosofía, 2010, Nueva Visión pp. 46-47