martes, 9 de octubre de 2012

Encuentro Nacional de Mujeres

Irrumpimos año a año, en la sede que ha sido elegida por aclamación en el encuentro del año anterior.
Decenas de miles de mujeres invaden con la alegría de estar juntas, de compartir experiencias, de intercambiar estrategias y aprendizajes en más de cincuenta talleres temáticos y los momentos de actos, peñas y marchas.
Esta vez, la hermosa ciudad de Posadas, en Misiones, se sorprendió como otras ciudades que han sido punto de encuentro, porque la difusión del Encuentro Nacional de Mujeres sigue siendo retaceado por el espacio que se le destina en la agenda de los medios de comunicación.
Frecuentemente se ha ganado notoriedad a partir de marchas en la que se registran intervenciones callejeras y episodios tensos con representantes de la Iglesia católica, que desde hace tiempo se prepara para crear un clima medieval de resistencia a las consignas por el derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo, a la familia patriarcal, al respeto a las nuevas identidades de género. Claramente, lo que resulta más revulsivo al ala más conservadora de la curia es el protagonismo y la energía de estas reuniones horizontales en las que desafiamos nuestro lugar subordinado en la sociedad.
De todas maneras, Posadas nos recibió a las más de 20.000 mujeres con carteles de bienvenida y una actitud receptiva de comerciantes, remiseros y residentes que celebraron el movimiento generado por los grupos que con sus colores y banderas diversas inundaban las calles y las plazas, buscando durante las horas de calor abrasador, alivio a la sombra.
Muchas participantes realizan grandes esfuerzos para llegar al Encuentro cada año y hacer escuchar sus peticiones, sus reclamos, sus ideas para impulsar políticas públicas que protejan nuestros derechos, que apoyen la equidad en el ámbito del trabajo, que potencien la labor de organizaciones que luchan contra la trata de personas, la explotación, la contaminación ambiental, la discriminación.
También para afianzar las conquistas y articular entre organizaciones sociales, esfuerzos en orden a hacer más efectivas nuestras estrategias por esa equidad que no esperamos llegue algún día, sino que sometemos a prueba en cada espacio de participación, desde lo cotidiano con nuestrxs familiares, hasta en los partidos, sindicatos o ámbitos donde la visibilidad y el reconocimiento nos es esquivo a pesar de ser tan o más productivas que los varones, o tanto o más talentosas.
Durante el trabajo en talleres, cada temática se discute con derecho a intervenir verbalmente respetando las voces y propuestas de cada asistente, redactando finalmente conclusiones por consenso. Las disputas del contexto político de cada edición se expresan en las discusiones y resulta todo un ejercicio para nuestra formación el debatir y ponernos a prueba en la argumentación y el manejo tiempos, intervenciones y negociaciones. Diría que la experiencia resulta una verdadera escuela para aquellas que no frecuentan espacios de participación colectiva, con el estímulo adicional de aprender entre mujeres - ¡solo mujeres!- la dinámica política, donde no somos ni ingenuas, ni santas, ni tampoco - un mito del estereotipo que nos atenaza constantemente- solidarias en nuestra diferencia. La solidaridad y el respeto a nuestra diversidad es una tarea, no está dada nada más por ser "mujeres", sino que se logra cuando podemos asumir nuestra compleja situación de género y nos atrevemos a construirnos autónomas y como colectivo que lucha por equidad, sin pedir permiso.
Hermosos días y fructíferas actividades las de estos días que, en el caso particular de las mujeres militantes del proyecto nacional, popular y democrático, nos deparó el desafío de ser hábiles para plantear nuestro apoyo a lo logrado y nuestra mirada crítica pero responsable para lograr lo que nos falta.
Hemos tenido que desmontar las asimilaciones tramposas que se hacen desde algunas perspectivas - como la de igualar estado y gobierno-, respaldando la plena aplicación y vigencia de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, por ejemplo, y coincidir en que en su implementación hay aspectos que deben subsanarse, pero a partir de rescatar la importancia de la disputa contra el monopolio que desoye a las instituciones democráticas.
Estamos reclamando fuertemente el cese de la injerencia de la Iglesia de las polítcas del Estado laico y que se debe dotar del presupuesto necesario a los organismos que implementan lo concerniente a la lucha contra la violencia de género, los derechos reproductivos y sexuales, la educación no sexista, defendiendo y reconociendo todo lo recorrido en estos años de gobierno kirchnerista que dió impulso a lo que desde los movimientos sociales y de mujeres veníamos reclamando.
Otro tanto en relación a la promoción de la igualdad de salarios, el repudio a los despidos por cuestiones sindicales, las dificultades que enfrentamos para acceder a los puestos de decisión en sindicatos y otros ámbitos machistas y cerrados: sabemos que las mejoras y los avances se logran con una lectura realista y compleja de las relaciones de fuerza involucradas y no con consignas simplistas que desconocen lo obtenido, el rol del Estado como actor fundamental e imprescindible para garantizar derechos, más allá de medidas o funcionarios que no nos satisfacen.
Que nuestro celebrado federalismo complejiza también el panorama a la hora de aplicar legislaciones progresistas que además se deben conocer y difundir para poder invocarlas, porque cada provincia tiene sus nichos conservadores y mandatarixs variopintos...
Las mujeres del proyecto sabemos que podremos conseguir el aborto legal en el hospital a fuerza de militancia crítica y de articulación con todo el movimiento de mujeres y de varones que adoptan una perspectiva de género y sostienen la libertad de conciencia. Poco contribuye a este objetivo confundirse de contrincantes.
Misiones ha sido una experiencia inolvidable.
Como cada encuentro desde aquel primero en Buenos Aires en 1986, cuando un pequeño grupo comenzó a convocarse. De las 600 participantes del inicio a estas 20.000 en 2012, la alegría de ser tantas y tan distintas marchando, encontrándonos, conociéndonos en nuestra diversidad, es un triunfo maravilloso, una muestra de nuestras potencialidades en la gestión y la transformación social. Sin dudas. Por eso seguramente, se lo minimiza o se lo ha ignorado. Pero ya no se puede.
Cada vez somos más, y es cierto que algo cambia en cada una que participa.
En esta oportundidad, en el marco de la tierra misionera y un contexto tan caliente como las temperaturas que nos acompañaron, la fuerza de las K se mostró creciente.
Y además, con plena conciencia del escenario en el que militamos nuestras demandas: intentos destituyentes, batallas discursivas, intentos de desgaste de los gobiernos populares en nuestra América Latina, y resabios de una fragmentación entre sectores que deberían unir sus esfuerzos tras décadas de cultura neoliberal que modeló nuestras subjetividades.
Un orgullo que también es nuestra expresión hacia adentro de nuestro espacio político, tanto como hacia opositorxs o incrédulxs de la política.
Después de todo, porque venimos de donde venimos, porque nos estamos poniendo de pie, porque lo colectivo es un desafío constante, la unidad es un desafío constante, es que es tan difícil y tan intenso este camino para nosotras.