martes, 28 de agosto de 2012

“No quedaron indefensas por venganza sino por cultura”

Otra vez.
Ayer estábamos en la radio, haciendo uno de esos programas semanales en el que abordamos, con intención crítica y propositiva, - si se quiere, hasta pedagógica, porque tenemos tanto para aprender- , la violencia de género. En Remolinos.Tiempo de Mujeres, hemos compartido con quienes escuchan, campañas que en otros lugares del mundo y en Argentina –realizadas por el Consejo Nacional de las Mujeres pero sin la contundencia suficiente- podrían ponerse ya en el aire, en los espacios televisados a todo el país durante los partidos de fútbol, con leyendas y consignas fuertes, que podrían replicarse en etiquetas de esos productos de consumo familiar también. Sabemos que se puede hacer mucho más que lo planteado hasta el momento, que no ha sido poco pero que debe sortear la implementación local, a nivel de municipios y provincias a cargo de agentes estatales verdaderamente consustanciados con la temática.

Los medios contribuyen o conspiran contra las respuestas efectivas a partir de los discursos empleados y el abordaje de las situaciones límites, las que interpelan a cada profesional, periodista, editor/a o cronista a un ejercicio efectista o responsable de su tarea.

La noticia sacude otra vez.
Deberíamos pensar que son cuatro víctmas en Benavidez. Cuatro: las tres que perdieron la vida son muertas por quien asesta un golpe fatal en la subjetividad de su víctima, la ex mujer que se atrevió a dejar al asesino por sufrir violencia.
Romina lo había denunciado en la Comisaría de Garín, en vano. Su madre, una hija y una hermana están muertas.La intervención que se le debía a Romina de acuerdo a leyes vigentes no existió.Intervención que seguramente hubiera protegido a las personas que el feminicida utilizó como objetos para destrozarle la vida a quien considera su propiedad.

Nosotras, en esa hora en que salimos al aire en una radio popular donde aportamos la perspectiva de género para dar cuenta de la realidad, las mismas que con nuestro grupo militante dedicamos una jornada mensual a la difusión en la ciudad de Buenos Aires del Programa “Las Víctimas contra las Violencias”, línea 137, estamos decididxs a promover e instalar un freno a esta manera de vivir.


No podemos dejar de preguntarnos y preguntar a viva voz: ¿qué hace falta, porqué las voces de las mujeres no son escuchadas? ¿porqué los estrados judiciales no creen, no intervienen a tiempo? ¿porqué no existen centros con personal idóneo en cada localidad para dar respuestas? ¿cómo implementar con energía una política nacional que ponga en sintonía personal, recursos y políticas provinciales y municipales eficiente?

No se puede tolerar seguir focalizando la atención en los efectos macabros de la indiferencia que de alguna manera mandan un mensaje de impunidad a los victimarios y a quienes dejan hacer. No podemos seguir bancándonos como sociedad tanto asesinato, golpes, humillaciones; ni tampoco, las inmolaciones reiteradas de las víctimas, como bien dice Luciana Peker refiriéndose a quien tuvo que filmarse mientras otra vez su ex pareja le pegaba delante de su hijita, para que se le creyeran sus denuncias.

Ayer, en Radio Gráfica, hablábamos una vez más de la responsabilidad con la que el periodismo debe informar de estos episodios, esquivando el morbo para ir a las raíces del problema, que se enraízan en una cultura que sigue considerando como crímenes pasionales o del honor lo que es un ejercicio de posesión de otro ser humano por parte de un varón, que no vacila en atacar lo más querido por esa mujer que lo ha dejado para destrozarla.


Ayer entrevistábamos a Estela Díaz y ella hablaba de la necesidad de articular un Plan Nacional para que las respuestas institucionales estén coordinadas. No es simple tener personal capacitado, que no dejen en la nada los pedidos de auxilio, que no se desentiendan del momento en el que la mujer toma coraje para salir del círculo cotidiano de atropellos - muchas veces sin tener otro lugar adónde ir, temiendo por sus hijxs, sabiendo que la ferocidad no se detendrá pensando en el daño a lxs más indefensxs – e implemente una respuesta concreta. Demanda decisión fuerte, recursos y energía. Y es imprescindible.

A pesar de ser comunicadorxs en un medio chico, insistimos, con el dolor atragantado por tantos hechos evitables, en la tarea de llamar a las cosas como son : feminicidios, en la tarea de exigir el cumplimiento de las leyes que amparan nuestro derecho a una vida sin violencia.

A menudo las noticias policiales apabullan y no sensibilizan, todo lo contrario.Las imágenes seleccionadas - por alguien - en la televisión agreden. Las palabras y argumentos elegidos restan. Nos conmovemos por las víctimas, por esa mujer nuevamente manipulada por el discurso que se reproduce. Y respiramos hondo, buscando fuerzas. Lejos de bajar los brazos, la cobertura interpela nuestra militancia en búsqueda del respeto básico entre las personas que inhabilita que alguien sea sacrificable por ser mujer, por ser la mujer de un varón dueño de la vida y la muerte.

Hay otra comunicación y otros discursos que se abren paso, que van haciendo camino lento pero sostenido. No es solamente un discurso de mujeres, porque no es un tema "de mujeres".

Como escribe hoy Horacio Cecchi, se desliza el sentido a un eje falaz y tramposo: la venganza del varón abandonado, impotente en respuestas ante la huida de una mujer que no es otra cosa que su propiedad, provoca el horror que se lleva la vida de tres mujeres, una anciana, una adolescente, una niña. ¿Venganza?

No hubo respuestas ni registros de las solicitudes de auxilio que la víctima de estos feminicidios vinculados realizó. La justicia, ahora, rastrea si hubo negligencia por parte de quienes deberían haber actuado en el momento en el que Romina pidió ayuda. Las estadísticas nos golpean en la cara y parece que nuestra tarea de insistir en el reclamo de recursos, campañas, capacitación para quienes atienden las denuncias, para quienes tramitan causas, para quienes realizan pericias, para quienes acompañan a las víctimas fuera inútil.

Tres mujeres han muerto, por indiferencia, por sexismo, por inercia criminal de las instituciones, sumándose a las 120 registradas en lo que va de éste año por violencia de género. La destinataria del golpe es Romina. Son cuatro víctimas.
La mirada de Horacio Cecchi y su aguda conclusión “quedaron indefensas por cultura” apunta a un sostén fundamental de este andamiaje complejo que tenemos que desarmar de una vez, entre todxs. Me refiero a un discurso de desvía la causa profunda de la violencia de género y la vuelve a diluir en clave patriarcal, la referencia a una “venganza” del feminicida contra quien le “hizo” algo tan terrible como romper el pacto de sumisión.

Mientras las crónicas periodísticas no se muevan de ese eje revictimizador de las mujeres y absolutorio de un sujeto que aparece como una manifestación extrema e indeseable, como si no fuera emergente de un magma de valores que subsisten y están operando fuertemente en nuestra cultura, seguirá banalizándose la violencia de género a la que todxs, cada unx, tenemos que parar.