lunes, 16 de mayo de 2011

Pacientes, no usuari@s

Así de simple.Pacientes, no clientes. Tampoco usuarios.
Como el agua es un bien común y no una mercancía.
Como la vida es sagrada.
Si hay negocio alrededor de la enfermedad es porque la vida se ha devaluado frente a las ganancias de quienes explotan, excluyen, prostituyen, asesinan. Algunas vidas.
Que el cuidado y la promoción de la salud no hayan sido rol central de la política pública porque se deshizo el concepto de lo público como lo que es propiedad de tod@s, sostenido con los impuestos, administrado por quienes votamos, no justifica que se haya naturalizado un esquema perverso en el cual algun@s pueden estar san@s, y demasiad@s, abandonad@s a su suerte.
Como el verso del liberalismo más clásico, del egoísmo individual que sirve al conjunto -verso del siglo XVII fundante de nuestras repúblicas y sostén del sistema capitalista- sabemos con sólo comparar un poco las realidades del mundo, lo ilustran las series de TV yanquis, que sólo se derrama entre quienes participan de la expropiación del esfuerzo de una mayoría que está afuera,y condenada por generaciones a estarlo, la medicina privada no efectiviza este derecho universal : son empresas.
Que un hospital público no cobre por sus servicios deja sin palabras a muchas naciones desarrolladas que se presentan como el ejemplo. EEUU por ejemplo, recordemos la polvareda que levantó el proyecto de Barack Obama del seguro de salud.
Que nuestros populismos denostados y demonizados desde la mirada cipaya hayan intentado atender - y aquí se hizo- al pueblo trabajador, a quienes se jubilan, a la ninez, delineando este Estado intervencionista que actúa para distribuir lo que el mercado no distribuye, es nuestra bandera y nuestra experiencia concreta de efectivización de derechos.
Se debe, por tanto, ir por más, por mucho más. No somos clientes. Somos personas.
Nuestro Estado debe contar con toda la regulación necesaria, debe estimular la fabricación de todos los medicamentos que podamos realizar en el país donde se cuenta con profesionales educados en nuestras universidades, públicas y gratuitas también. Debe intervenir para que no se permita más que unos pocos se llenen los bolsillos a costa del sufrimiento de quienes habitamos este país.
Un país que tiene muchas cosas, y en el que quizás lo más relegado, sea la conciencia de lo colectivo porque se nos la ha obturado demasiado tiempo.
Con el impactante discurso - y cuál no lo es?- de nuestra Presidenta, demostrando esa voluntad imparable de reforzar este papel inclaudicable de un Estado inclusivo, escribo este post pensando en todas las manos y cabezas que cada día con un compromiso sincero defienden la medicina social y hacen honor al juramento hipocrático, de aliviar el dolor. Y en el camino recorrido por quienes intentaron y sacrificaron carreras por ser fieles a esta solidaridad fundamental que hoy intentamos multiplicar paso a paso.