domingo, 22 de mayo de 2011

Kirchnerismo para la ciudad

Para Buenos Aires, cualquiera de los tres.Podía ser cualquiera de los tres precandidatos. Porque hay un proyecto en marcha, una gestión arrolladora a nivel nacional que está demostrando lo que puede hacer y que sigue sorprendiendo -a propi@s y a ajen@s, por cierto- cada día.
En esta ciudad díscola para el peronismo, desde hace tiempo ha brotado una militancia que se va organizando.Lo dijo Cristina cuando pronunció el discurso en San Martín: "venimos no a dar, sino a organizar a la gente".
Y ése tipo de definiciones siguen siendo lo que caracteriza al kirchnerismo como esa novedad, esa potencia transformadora que puede contener las diferencias sin minar un núcleo de convicciones.
Lo vemos, si sabemos mirar: probablemente, si Néstor Kirchner no hubiera tenido esa audacia de hacer lo políticamente incorrecto, y negarse al ALCA, y desendeudar al país, y salir al cruce del poder mediático con su "qué te pasha Clarín, estás nervioso?", y si no hubiera normalizado la Corte Suprema de Justicia, y si no hubiera descolgado no sólo los cuadros del Colegio Militar - y además reformar profundamente los contenidos de los programas de estudio de las FFAA- y si no hubiera empujado los límites que otros gobernantes no se atrevieron o nunca quisieron empujar, no estaríamos viviendo este presente henchido de política que llamamos Kirchnerismo...

Con Cristina se resistió lo peor de la reacción a un proyecto político que hacía del Estado un actor central en la economía. Esa era la discusión de fondo que motivó el lock out agrario fogoneado por las corporaciones que pensaban debilitar y derrocar - como era su costumbre - un gobierno que les resulta insoportable por más que exhibiera hechos contundentes a su favor. A favor del pueblo, de l@s trabajador@s, de l@s excluíd@s, de los pequeñ@s productor@s, de la peonada, de la maestrita rural que hace dedo en la ruta para ir a trabajar y no posee 4x4, ni un fitito.
Las mentiras que se fueron descascarando y el coraje para redoblar la apuesta nos mostraron que Cristina Fernández de Kirchner era la mejor Presidenta de la historia. Mientras un elenco opositor no puede articular una propuesta por la positiva sin basarse en la negación de lo realizado por el gobierno, apelando a la demonización del gremialismo, a la frivolización de la imagen presidencial, al mito de que quienes seguimos a este gobierno "somos pag@s". Y ese elenco no existe sin el dinero de las corporaciones o la pregnancia de los prejuicios. Se destroza entre sí en internas sin mística, sin propuestas, sin militancia. Solá dixit.
Entretanto, la marea kirchnerista crece y muchos incrédul@s o sensat@s comenzaron a admitir la solidez, la brillantez del liderazgo de Cristina. Ella es capaz -aún con la tragedia personal de perder a Néstor- de trocar, porque lo sembrado florece y da frutos, esa partida física de un hombre comprometido, en compromiso colectivo. En una alegría contagiosa y convocante.
En cada decisión y cada discurso, lo ratifica. Aquí llevamos al hombro un proyecto de país.No hay lugar - o si lo hay, es una tensión con una manera de hacer política en retirada- para internismos salvajes. Amado Boudou, Carlos Tomada, Daniel Filmus son militantes. Laburantes, si se me permite, como nosotr@s lo somos, de esta construcción que no podemos abarcar con cálculos, protagonistas de este cambio cultural, de esta gesta de la que nadie puede apropiarse en primera persona.