martes, 29 de marzo de 2011

Del mandamás y del cuco más grande

Se rasgan las vestiduras los malos actores y actrices que salen a interpretar su papel genuflex@s, sin sonrojarse. Polític@s, senadores, jefes de gobierno, diputadas, mamarrach@s patéticos de toda clase despliegan sobreactuando el mismo libretito falaz. Braman por la "libertad de prensa" cuando de libertad de empresa se trata: eso de que el tiburón se come a los chicos y amedrenta a
los pequeños.
Fueron los directores de la obra- Héctor Magnetto, Ernestina de Noble, Mitre, Saguier-cómplices de la dictadura militar que propagandearon la represión exaltando el orden, mientras se hacían con el control del mercado de la prensa y el control de la información en el país a pura picana.
Controlando los medios en todo el país y manejando a su antojo los insumos de los diarios, nadie puede resistir: después de todo, el periodismo es un negocio que debe sostenerse con la publicidad y la venta de ejemplares.
Una antena poderosa silencia senales tenues. Regulaciones permisivas por parte de gobiernos sumisos que bailaban al son de sus tapas y editoriales allanan el camino para la concentración que se consolido definitivamente en democracia neoliberal.
Periodistas recién salid@s de alguna escuela de periodismo intentaron a fines de los 80 la aventura de armar radios comunitarias y programas que reflejaran la realidad de sus barrios...
En nuestra experiencia personal, a fines de los 80 en la periferia platense, -cerca de donde hoy distinguieron a Hugo Chavez -con la hiperinflación se hacía muy cuesta arriba sostener esa aventura de periodismo alternativo en el tiempo. Periodiquitos que jamás supusieron una amenaza a los suplementos de diarios centenarios con sus notas y enfoques comunitarios, legaron más de un talento a aquellas empresas cuando esos medios se fundieron. Much@s pasamos a hacer otras cosas. El periodismo independiente naufragaba en la independencia que otorga el dinero y el control del mercado.
Hay trabajadores y trabajadoras de prensa. Hay que recordar que hay empresari@s de medios, de holdings, que son patrones, que pueden cercenar opiniones y prohibir o boicotear la legítima defensa que representa un sindicato. Que existe como herramienta para defender derechos esenciales para quienes dependen de su sueldo para mantener a su familia, para vivir dignamente de su trabajo, para hacerlo en condiciones adecuadas. Justamente, como quien es enfermer@, maestr@, camioner@, recolector de residuos o un doctor en un hospital.
Cuando se trata de propietari@ del conglomerado más poderoso del país, ¿quiénes pueden exigirle respeto a la ley?
Un gobierno popular decidido que avanza, recogiendo un reclamo de la sociedad argentina, planteando una Ley de Medios Audiovisuales que pone un límite al monolingüismo de Clarín, La Nación, Cablevisión...
Pero tambien un retorno del trabajo que permite que retorne el sindicalismo bien entendido.
Un público que deja de comprar por ósmosis el diario que miente sistemáticamente y que por costumbre de impunidad se muestra groseramente arbritrario en su construcción de la realidad aunque siga extendiendo sus tentáculos enmascarando por su letanía monocorde las realidades de todo un país diverso, retransmitiendo la voz de Buenos Aires, la edición de Buenos Aires.
La concentración dejó el tendal de empleados de medios en las provincias, impuso una sola voz.
La nueva ley que intenta abrirse paso tras haber sido votada en el Congreso de la Nación en medio de los vericuetos de amparos y dilaciones judiciales, defendida cada vez más por un mayor número de personas cada día, representa un ariete eficaz contra esa muralla perversa que tuvo el poder y manejó gobiernos, todos, salvo...el de Néstor y Cristina Kirchner.
Porque tener el gobierno no es tener el poder, el poder se construye. Y hay distintos tipos de poder: poderes económicos y monopólicos, y el poder popular, que se va afianzando a fuerza de convicciones y de prácticas sostenidas... no de sobornos.
Por eso es este poder popular la mayor amenaza y la diversidad de voces, el cuco más grande.