jueves, 17 de marzo de 2011

De sirvienta a trabajadora de casas particulares


Quizás lo más difícil de modificar para una sociedad sea la jerarquización, la naturalización de lugares inamovibles y la restricción en las posibilidades de vida de las distintas personas, que nacen a un mundo condicionado por la propiedad privada y por valores transmitidos. Se los disfraza de "destinos"...

Recuerdo desde pequeña la ironía de mi padre, - un médico hijo de obrero de frigorífico- que solía decir que "el polo le iba a gustar el día en que fuera jugado por los peones..."

La sirvienta es una figura que ha destacado la posición social de una patrona o patrón. Como el chofer, el jardinero, mayordomos especializados a lo Anthony Hopkins en la película "Lo que queda del día" conscientes de su lugar en el mundo, de la distancia para con el "señor" hasta esos miles de seres tantas veces atravesados por la ilegitimidad de su prole sin apellido, humillados en su ignorancia, echados de un día para el otro cuando ya no podían ser más explotados.

Hablar de trabajadoras o trabajadores de casas particulares implica abandonar la subvaloración de estas personas y avanzar en una consideración equitativa de todos/as nosotros/as en tanto trabajamos y establecemos relaciones sociales en esas actividades. Es subvertir valores muy arraigados en nuestra cultura, que supo de reacciones feroces ante cada paso firme hacia el logro y el ejercicio concreto de una dignidad siempre postergada: el odio al pueblo peronista en nuestra historia y trayectoria política tiene mucho que ver con el escándalo de ver al o a la "grasita" acceder a lugares que nunca fueron para él o ella.

Eliminar las barreras para que todos y todas podamos optar y si queremos estudiar, lo hagamos, devolviendo la preparación de la universidad pública al servicio de todas y todos porque hay puestos de trabajo en las industrias, en la cultura, en los medios, en los hospitales, en las escuelas, en las ramas más diversificadas, es democratizar y hacer realidad lo que de otra manera es un supuesto engañoso : la igualdad de la ciudadanía, la igualdad de las oportunidades.

Dignificar no solamente es pagar un sueldo justo, contar con condiciones humanas de trabajo, sino también ser reconocido/a en el aporte de cada actividad y en la valoración de todos los talentos que tenemos. Que son diferentes, por supuesto, pero quizá porque alguien "quiso querer/ pero no pudo poder", como dijo el maestro Alfredo Zitarrosa en "Doña Soledad"...

Considerar y visualizar las diferencias existentes entre trabajadores/as así como desarrollar políticas de Estado que corrijan inequidades es fundamental para construír otros vínculos de respeto y de cooperación entre todos y todas.

Estoy por eso orgullosa de mi Presidenta y de lo realizado hasta el momento por nuestro Congreso que demuestra estar a la altura de una demanda inobjetable: la equiparación de las trabajadoras y trabajadores de casas particulares con quienes son comprendidos en la Ley de Contrato de Trabajo.

Se está dejando atrás un diseño explotador y elitista que data de 1956. La fecha es significativa, no es cierto?

Como sociedad que se pone el modelo de inclusión en el hombro y lo milita como protagonista, es imprescindible impulsar, hablar con argumentos serios, convencer, debatir y promover legislaciones y controles del Estado -indelegables- sobre el trabajo rural, sobre arrendamientos, sobre trata de personas, sobre discriminación.

También es importante aplaudir los controles que se están ejerciendo sobre quienes se enriquecen a costa del trabajo esclavo. En ese conjunto tenemos de todo : el Diputado que despotricaba por la ley de matrimonio igualitario - y que debe ser expulsado del cuerpo po falta de idoneidad- hasta la señora del Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

La media sanción del nuevo Régimen Laboral para empleadas/os de casas particulares en la Cámara Baja, pone en el plano de lo normativo, suscintamente:

La licencia por maternidad hasta ahora no era reconocida, lo máximo que podían pedir era un mes en concepto de “enfermedad”. Los sueldos correspondientes a la licencia por maternidad, que una vez sancionada la ley será de tres meses, será pagada por la ANSSES como ocurre con el resto de las trabajadoras registradas.


(visto desde una perspectiva de género, vemos la vulnerabilidad duplicada en la mujer a partir de las formulaciones del derecho androcéntricas que denominan enfermedades, y trata como casos o necesidades especiales las realidades de la mitad de la humanidad. El embarazo, la menstruación, el parto no son enfermedades)

La jornada laboral quedará limitada a 8 horas por día con un máximo de 48 horas semanales. La ley vieja permite hasta 12 horas de trabajo por día para el personal sin retiro y no pone límites horarios al personal con retiro.

Se podrá establecer una distribución desigual de las 48 horas de trabajo semanales, pero sin que ninguna jornada exceda las 9 horas.Se establece asimismo un descanso semanal mínimo de 35 horas a partir del sábado al mediodía.

La cantidad de días de vacaciones se equipara a lo establecido por la Ley de Contrato de Trabajo, desde los 14 días por año que se incrementan por antigüedad.

Cobertura de ART que deberá contratar el empleador.

Se reconocerán días por exámenes en la escuela primaria, secundaria y universidad.

(las muchachas pobres, hijas de las llamadas "sirvientas" tienen abiertas otras puertas además de las instituciones en las que eran preparadas para cocineras, planchadoras, bordadoras, costureras)

Los días de preaviso se modificarán: un mes con menos de 5 años de antigüedad y 2 meses con una antigüedad mayor a 5 años.

Se duplicará la indemnización por despido, que anteriormente era de medio mes de sueldo por año de antigüedad.

(la propuesta del proyecto del Ejecutivo la eleva a un mes por año o fracción mayor a tres meses).

El alcance de la ley se extenderá a las niñeras, personal al cuidado de adultos o personas con necesidades especiales.


En el plano de lo cultural, lo sabemos, el trámite es más dificultoso, pero depende de nosotras/os, sin ninguna duda. Depende de estereotipos a derribar, de repensar desprecios, estigmatizaciones y vergonzosas violaciones a derechos fundamentales consentidas y naturalizadas por generaciones.