miércoles, 23 de marzo de 2011

Pensando en un chiquito nacido un 23 de marzo: tizas en lugar de balas

"Las tizas y las balas no se llevan bien" declaró hoy el Ministro de Educación de la Nación. Es así.
Hace cinco años se programaba la fecha de la cesárea necesaria para que naciera mi chiquito. El médico sugirió el 24 de marzo. Pedimos, al unísono con mi compañero: "un día antes o un día después"! Así vino al mundo mi hijo entonces un 23, y por primera vez el 24 fue feriado y declarado "Día de la Memoria". Tenía horas de nacido cuando en el sanatorio colocaron una placa en homenaje a los/as desaparecidos/as de la institución...

Ya hacía tiempo que el entonces Presidente Néstor Kirchner, con su férreo y amoroso compromiso, instalaba en cada medida, en cada discurso, en cada acto de homenaje, las banderas del respeto irrestricto por los derechos humanos. Ese hombre inesperado impulsaba los juicios y convertía aquellos edificios fríos donde transcurrieron los horrores de la Dictadura en lugares de cultura y memoria viva.

La educación en derechos humanos en sintonía con políticas públicas de promoción de empleo, desarrollo autónomo, de salud pública, vivienda y educación, ha sido la bisagra central para que revisemos como sociedad la herencia duradera de los años de plomo... El no te metás, el individualismo, el temor a involucrarnos en lo que le pasa al más próximo -ni hablar del sufrimiento lejano, mediatizado al infinito por la televisión-, el uno a uno menemista como continuación de la plata dulce de los setentas. Tantas cosas pesadas!
Si desde chiquitos/as hablamos con ellos/as del derecho a la identidad, del respeto a quien piensa diferente, a quien tiene otra religión, otro color de piel, otro país de origen, formamos en valores democráticos de verdad. No podrán entender cómo se ejerce violencia contra nadie por ser pobre, por ser morocho/a, por ser incómodo/a en sus decires, no cerrarán las explicaciones sobre esos adultos que portando uniformes para defender la bandera destituyen a gobernantes elegidos por el voto popular o que se llevan criaturas mientras sus mamás están detenidas sin proceso, sin abogado, torturadas y mantenidas con vida sólo hasta parir.

No permitirán que no se les deje leer un libro, escuchar una canción o ver una película porque "carecen de juicio propio y entonces otro piensa y elige por ellos/as". Sentirán que esa bandera celeste y blanca y ese himno en el que cantamos "libertad" no son palabras ni cosas sin sentido, sino experiencias concretas de las mujeres y los hombres que habitamos este suelo y que posibilitamos cada día con nuestras actitudes.

Querrán preguntar y saber, querrán discutir con respeto y con argumentos, podrán buscar testimonios de los juicios a los genocidas y leerán en periódicos y documentos, sobre quiénes se asociaron con los golpistas, cómo se enriquecieron y controlaron la palabra, y durante años monopolizaron la construcción de la realidad desde los noticieros hasta los programas de entretenimientos o de cocina - donde blondas cocineras todavía se mofan de las verduleras bolivianas- mientras impedían que un canal nacional de contenidos infantiles llegara a sus televisores.

Quizás serán muy curiosos/as y sabrán que una tarde nos juntamos a reclamar, con el hartazgo de la mentira impuesta, por una la Ley de Medios Audiovisuales ante aquellos y aquellas que administraban la justicia y no siempre honraban su función. Y que una de esas mujeres sabias y valientes de pañuelo blanco provocó una batahola con un discurso sin anestesia porque acusaba desde una indignación de larga data. La misma que nació en los juzgados en los que nada se decía y nada se hacía por esos hijos e hijas que buscaban.

Porque, mientras señores muy poderosos a menudo eran recibidos por algunos miembros del máximo tribunal cuando eran investigados -gente que encubrió torturas y desapariciones y se aprovechó de eso!-,otra gente muy pobre permanecía presa demasiado tiempo sin condena firme y sin saber siquiera porqué lo estaba ni qué juez o jueza decidía sobre su pena. En democracia...

Se quedarán pensando mucho, probablemente, cuando descubran que personas con altas responsabilidades en las iglesias o credos bendijeron y colaboraron con militares genocidas y con uniformados que no respetaban las leyes y mataban manifestantes, mientras otros y otras de las mismas iglesias fueron asesinados/as, desaparecidos/as porque trabajaban por quienes menos tenían y más sufrían. Perplejidad sentirán seguramente cuando se enteren cómo las jerarquías sancionaban a quienes defendían los derechos humanos más fundamentales a decidir cuándo ser padreso madres, con quién casarse, o cómo prevenir enfermedades usando un preservativo.

"Las tizas y las balas no se llevan bien". Hubo una escuela que hace treinta y cinco años se utilizó para torturar en Tucumán, que visitaba un periodista que todavía no explica sus vínculos con los represores y pretende enseñar lo que es democracia a lectores/as y televidentes, espantado por la "apropiación" de los derechos humanos pero no por quienes se apropiaron de la vida de mas de 30.000 personas y de la identidad de cientos de bebés.
Hoy se hacen allí un jardín de infantes, una escuela y un centro de la memoria. Esto es sembrar a futuro, en homenaje a tanta tragedia y tanta lucha, a tanto coraje anónimo pero sobre todo de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo que jamás se movieron por odio sino por amor y enseñaron a los adultos esas lecciones que no se olvidan.

Que nuestros hijos/as sepan como lo van sabiendo que estamos en la calle cantando y celebrando la vida, recuperando sin temor y sin cobardía el rol protagónico -sea donde sea- en la construcción de una sociedad más justa para nosotros/as y para ellos/as, con lágrimas de emoción cuando pensamos en Néstor, es el legado más hermoso a dejarles: con orgullo y con ternura.