sábado, 26 de octubre de 2013

Obscenidades

En estos días singulares ponemos a prueba cimientos de convivencia democrática. No hay manera de desentenderse. La elasticidad de esta democracia es increíble en unos casos. Y mínima para otras situacioens y personas. Desafía cualquier sentido común y la entereza de sobrevivientes, Madres, Abuelas, Hijos y la nuestra, asistir a la provocación que representa el juicio a Barcelona. Se ha "lesionado el honor" de Cecilia Pando. La sátira, la ironía, el humor que hace pensar, ofenden a la apologista de la dictadura. Circo y desafío - otro más- a las espaldas de la democracia y la libertad que tanto cuesta defender. La imagen de una contratapa es "dañina" en el contexto de sus costumbres y las de su entorno familiar. Una imagen “pornográfica” que va en contra de su estilo de vida. Otra vez: sus valores y estilo de vida, jalonado de la incitación a la violencia, amenazas y reivindicación en público de las más graves violaciones a los derechos humanos.Que defiende en televisión la tragedia sufrida por Juan y las 500 personas que aún las Abuelas y nosotrxs, miles de nosotrxs, seguimos buscando. Su demanda que invoca el honor vulnerado se esgrime en contra la libertad de expresión, que protege a la parodia y la sátira de Barcelona, como a la de Clarín, Noticias, las caricaturas de Sabat... Y resulta que, ofendidxs por la libertad están quienes no solamente arrasaron con todo derecho y garantía a la vida humana, sino que perpetraron un verdadero genocidio cultural.
Porque la dictadura implicó además, censura, libros prohibidos, intelectuales exiliadxs, facultades cerradas o intervenidas, se prohibió hasta el libro de física "La cuba electrolítica".
Para lxs agazapadxs defensores de la muerte, escandalizadxs por la democracia, los juicios de lesa humanidad, la movilización popular en la calle, la inclusión y participación de sectores populares, los roles de género en cuestión, esto es obsceno y escandaloso. Pando, muestra sin metáforas, literal, lo que otrxs esconden y deslizan, apenas sugieren, pero de manera inequívoca si sabemos interpretar gestos y señales.
Obscenidad es lo que Pando dice. Obscenidad es lo que Pando hace. Obscenidad es la banalización de luchas que libraron quienes no se rindieron, no se cansaron, jamás devolvieron odio ni revancha, y así nos abrieron camino. “Que no se ofendan en Marcos Paz, pornografía es defender a Etchecolatz”. “Hubo 30 mil violaciones a la libertad de expresión. Este juicio es un papelón” cantaban afuera de la audiencia. Clarito.
Porque si hoy disputamos con tanto fervor qué reglas de juego queremos, ¿no es acaso porque podemos hacerlo desde experiencias de libertad y de participación, precisamente, porque podemos?
Desde el camino doloroso y fecundo a la vez de la memoria. Desde las duras lecciones que para cimentar la democracia en construcción, tenemos en la mochila; desde las frustraciones y las batallas culturales tan difíciles; desde lo que no terminamos de componer… desde la certeza de que no se puede aflojar, me rebelo contra otras obscenidades.
La desigualdad naturalizada ante la ley es obscena. Apelo a que nos escandalicemos ante gente como Blaquier, un titiritero tan tardíamente procesado,que parece que puede todavía cambiar fiscales que gusta mientras balas convenientes atentan contra Milagro Sala. Obscenidad es la resistencia corporativa de un poder republicano antimayorías manejando a su antojo la vigencia de lo que el parlamento sanciona de manera legítima.
Merece nuestra indignación que a los protectores armados por el pueblo desarmado los tengan que vigilar lxs vulnerables. Demonizados por las pantallas de televisión. Desechables. A muchxs pretenden desalojarlos a pura bala “perdida”. Exterminarlos instalando la farsa del enfrentamiento entre ellxs, como en la dictadura, o como en Puente Pueyrrredón, cobrándose la vida de Darío y Maxi pretendiendo instalar que "la crisis" había causado dos muertes. Dando el ejemplo, quienes resisten en las villas, en el barrio Zavaleta, en las páginas de la revista villera, mandan a los apologistas de la dictadura al carajo, desmantelando el enésimo intento de manipulación. Y además recuerdan lo que escribía Fontevecchia en respuesta a la Carta Abierta a la Junta Militar de Rodolfo Walsh.
"Con un burdo manotazo desde el oportunismo, nos propone aliarnos a su cinismo y nos hace llamar, para comunicarnos que nos van a galardonar. Así nomás, por pura adoración, de golpe nos quiere entregar el premio a la "Libertad de expresión". Pero ni una, ni mil estatuillas van a lavarnos el bocho, ni van a hacernos olvidar al Fontevecchia de 1978". "Por aquel tiempo, este hombre que hoy se atribuye autoridad para condecorar a nombre de la libertad acompañaba en silencio los crímenes de lesa humanidad".La Garganta Poderosa da cátedra de construcción democrática. Los destituyentes mediáticos preparan denuncia rimbombante en Nueva York ante la Comisión Interamericana de DDHH por las lesiones a la libertad de expresión de esta "dictadura" que no solo permite el circo del juicio a Pando, las permanentes operaciones sucias, sino que no ha logrado la plena vigencia de la ley de medios. Esa que llaman "Ley K" resultó aprobada por mayoría aplastante de todo el arco partidario, y está frenada en su aplicación por medidas cautelares y la rosca judicial corporativa ¡hace más de cuatro años!. Si esto se compara con la dictadura cívico militar eclesiástica, bueno, evidentemente, al público se lo trata de idiota, o el público es cómplice, adormilado y desmemoriado, anestesiado de bombardeo monopólico.
La obscenidad es que no nos importe que se haya bajado un cuadro entonces y que ahora se baje otro. Hay gestos que anuncian gestas. Y otros gestos vergonzantes.
Mario Villani, sobreviviente de muchos campos de concentración, dice en su libro “Desaparecido: Memorias de un cautiverio”:“No sé qué ocurrirá a partir de ahora con quienes pasamos décadas dando a conocer nuestra historia: qué vacío espiritual o emocional puede abrirse en nosotros cuando se acaben los juicios. Todo lo que debí decir sobre el Turco Julián, Colores, Cobani y los demás represores, ya lo dije. Lo que importa ahora, es qué hace la sociedad con las historias y esas condenas. Qué deciden los jueces, pero, mucho más, qué hace la gente cuando toma un periódico y lee sobre alguien como el Turco Julián. ¿Entenderá la gente que lo que ocurrió en Argentina fue parte de una metodología y que a los torturadores se los crea cuando se los necesita?¿Sabrá comprender que la desaparición y la tortura no fueron una aberración inexplicable sino un fenómenos que, dadas ciertas condiciones, podría repetirse en cualquier lugar del mundo?.”
Lo que está en juego son los cimientos. La memoria, la verdad, la justicia. El legado, lo dice Mario, de responder a lo acontecido más allá de sentencias judiciales. Defender la experiencia de la libertad, y hacernos cargo de las diferencias, de que a la equidad la tenemos que pelear a cada momento, entre tropiezos y hazañas. Que si podemos transitar estos desafíos, es por la fuerza que logremos, nunca individual, sino colectiva. Como aquel sueño que nos propuso alguien en 2003.