domingo, 20 de octubre de 2013

Madres

Aunque sé que puede ser una excusa para la reunión familiar, para un llamado demorado, días como estos, tam puntuales, tan especiales, remueven heridas o se despachan en el trámite del consumo.
Podría ser una oportunidad para pensar en los otros días con los trabajos invisibles de las madres.¿Porqué no imaginar un mundo en el que las madres no fuesen inexorablemente sinónimo de abnegación, renuncia y sacrificio? ¿Qué le pasaría a nuestra sociedad si pensara y actuara pare que la maternidad fuera posible de múltiples maneras, sin imposiciones?

Me imagino un festejo cotidiano a esa entrega amorosa al cuidado compartido de un hijo, de una hija.
Me imagino la posibilidad de elegir la maternidad. Decidir como parte de un proyecto y no como el andaribel determinado por una crianza diferencial, insistente y efectiva desde que somos niñas...

Me gustaría que mañana pudiéramos pensar un poco en algunas madres en particular, además de la propia.
Mañana pensaré en la madre que parió en la ESMA, o en Campo de Mayo, o en otro centro clandestino, mantenida con vida para parir como mero vientre receptáculo de botín... después del tratamiento inhumano propinado para disciplinar la subversión de las militantes que rompieron el modelo aceptado por la civilización “occidental y cristiana”.
Pensaré en las madres que salieron a pedir por lxs desaparecidxs, golpeando puertas de funcionarios, obispos y vicarios. Y que encontranon la respuesta juntas, dando una vuelta en la plaza con el panal del hijx en la cabeza. Buscando lo propio, supieron que todxs lxs desaparecidxs eran sus hijxs.Y hoy somos millones.
Lograron lo inaudito y sin embargo muchas mueren sin recibir una palabra de arrepentiento de los responsables ni dato cierto, como si fuesen más poderosas que las tormentas, capaces de aguantarlo todo. Intentemos ponernos en la piel de aquellas que día a día continúan pidiendo justicia hasta el último aliento mientras los perpetradores del espanto y sus cómplices las calumnian.
Pensemos en las niñas que han sido madres a la fuerza desde una indefensión tan conmovedora como la de sus entrañas. Invisibles para los jueces e indolentes.
Mariela, acosada por los prejuicios y funcionarios judiciales por su disidencia de género. Aquella que luchaba por lxs hijxs que cuidaba, alimentaba y amaba como ninguna institución lo hará nunca. Eran tiempos en los que el matrimonio igualitario era nimaginable.


Pensaré en Susana, que con coraje sigue buscando a su hija encontrando otras hijas y arrasando la hipocresía, cuidando e insistiendo, trocando el tiempo de abuela por el de fuerza maternal para Mica.
En las que perdieron en la bruma de Malvinas al hijo sin poder velar ni sepultar ni entender porqué…y sepultaron a quienes volvieron de las islas y murieron de indiferencia y olvido.
En las que armaron las ollas populares y cortaron las rutas para pedir trabajo y pan para lxs hijxs, y dignidad y supieron bancarse las balas, el hambre y el machismo de ajenos y también de esposos y compañeros.
Y en cada una de las que dejaron sueños por velar el del que yace en la cama de enfermo, cada una de las que atraviesan el infierno diario de alquilarse por hora para que la hija no tenga que hacerlo.
Por todas las que abrieron camino reinventándose a sí mismas y demostrando vivir eso tan misterioso de hacerse madre, que no está atado a ningún instinto. Tal vez la madre, como la mujer, no nace, y se hace. Y tal vez se puedan multiplicar maternidades de distintas formas: creativas, libertarias, espontáneas, nuevas, diferentes, y gozosas. Quireeo decir, que huelan a justas.