domingo, 29 de julio de 2012

Las mujeres y Eva


“Tenemos una deuda con Eva”, dijo Magdalena Jamardo, mi compañera sindicalista, mi compañera de la radio, sabia mujer, en una entrevista. Y es cierto, ella decía que Evita fue pionera en abrirnos puertas en un ambiente mucho más pesado que el que tenemos ahora, este presente que tiene complejidades diferentes y nuevxs protagonistas.
Recordando cómo en la década del treinta mi abuela salió a emplearse cuando el marido la dejó con cuatro hijas, y esa situación era como una "mancha sospechosa" en su reputación en un pueblo chico, siendo una criatura casi casi como sus hijas, encorsetada en valoraciones y sospechas de las cuales nunca un tipo tenía que preocuparse, imaginé, ¿cómo medir la distancia después de tantas luchas y conquistas, para poder ponernos un instante en la piel de alguien como Eva?


La audacia era penada con todo tipo de ataques, condenas sociales, si una mujer se animaba a vivir distinto o si era resistente a permanecer lamentando o consintiendo los atropellos tradicionales.

Aunque algunas extraordinarias mujeres lucharon por estudiar, y por votar, y por elegir un camino diferente al prescripto, cuando Eva Duarte tuvo poder y se dedicó de lleno a lxs humildes, - precisamente por eso- , se empeñó por cambiar las reglas. En particular, para nosotras, las mujeres. Le debemos el voto femenino. Pero mucho más, le debemos el precedente de su inesperada irrupción. Muchas contemporáneas suyas, que habían peleado por lo mismo que ella en soledad, no pudieron apreciar su revolución para la posteridad. Y también la aborrecieron... tendrían que decantar, con las décadas y las heridas, y las represalias ante la osadía, para reconocerla, en el caso de algunxs.

Era un escenario tan diferente!Un contexto muy distinto en lo que podemos llamar la representatividad política: ya tenemos, desde que accedimos al voto propiciado por Eva, candidaturas y responsabilidades, visibilidad y caminos más allanados. Y la reacción ante nuestra valía, pivoteando sobre los viejos prejuicios y obviedades acerca de una supuesta naturaleza que nos condena y nos disciplina en tanto mujeres.
Sigue costando, claramente, la dimensión de lo que puede denominarse, lo privado (que las feministas decimos que es público): la autonomía sobre nuestros cuerpos y nuestras decisiones acerca de la sexualidad, principalmente, por ser la sexualidad un eje clave para el control y la expropiación de nuestra fuerza de trabajo.

Y hablaba de Eva, y sigo pensando que, mientras su discurso implacable, algo ambiguo para nuestros oídos contemporáneos, donde las palabras de adoración a Perón se entremezclan con la verba de trinchera, pareciera no representar ese protagonismo del género, con ella se abrieron de verdad las puertas a la participación política, que tomó la forma partidaria que no pudo superar su muerte, es cierto, pero sentó precedente, y sentó mujeres en las bancas. Con ella, que repartía máquinas de coser en persona y hasta en el último rincón perdido de la Argentina, las mujeres recluídas a la servidumbre hogareña o que eran jefas de hogar despreciadas por las “decentes”, tuvieron aliviada su tarea. Que con ella que vociferaba contra los enemigos de lxs pobres, lxs pobres se animaron a ocupar las calles y siguiendo su ejemplo militante, soportaron la ignominia del bombardeo criminal y la prohibición de su nombre.

Con ella se dividieron aguas al fin, que contemplaban esta vez a quienes nunca habían sido sino tutelados por las vanguardias tanto de izquierda como de derecha, y por eso aún quienes no se reconocerían nunca peronistas, lamentarían en el 55 las penurias del pueblo que al fin asomaba desde lo oscuro, el silencio, las periferias.
Las lágrimas de las sirvientas de los hogares donde se brindaba por la caída de Perón. La garúa que mojaba los rostros y los cuerpos dolientes de los millones que desfilaron durante 16 días para despedirla. Una garúa que después acompañaría la ronda de otras mujeres audaces y temerarias que a lo mejor no habían sido nunca peronistas, buscando a sus hijxs desaparecidxs, alrededor de la plaza de mayo.


Sonrisa hermosa, rostro eternizado grabado en los corazones, habitante de altares hogareños, cómo estas presente, multiplicada, repetida en las caritas de lxs chicxs que pasean por Tecnópolis, que reciben su netbook, que conocen el mar hospedados en Chapadmalal, que aprenden a conocer, en la escuela, porqué Belgrano es un prócer y además de crear nuestra bandera, creía en la igualdad de indígenas y criollos y donó sus sueldos para fundar escuelas….
Lxs chicxs, nuestros hijxs,conocen y saben que una mujer es presidenta, y no es algo raro para ellxs, y saben además que fue reelegida por una marea incontenible de votos. Y en un día especial, la Presidenta nos habla de Eva Perón y la pone en un billete, el más valioso, a pesar de los odios en contra que, como en los años 40, cercaban a Evita y ahora nos acosan a nosotrxs pero sin poder ganarle al amor y al saber de las mayorías. Porque es un saber del que no saben nada eruditxs ni analistas a sueldo, es el saber de las personas comunes, de las de a pie, de alguna manera las mismas a las que ella, Evita, dedicó todo sin reservas, sin dobleces, con toda la humanidad capaz de transformar el mundo.
Por eso, lo siento con toda la seguridad, pase lo que pase... siento que estás en el latir de nuestras luchas como ayer, como lo estarás mañana, siempre, Evita.