viernes, 29 de octubre de 2010

Amor profundo




Mientras nos mirábamos y nos reconocíamos, confortábamos y abrazábamos en la plaza, buscando el final de la fila para despedirlo, para estar con Cristina, una turista mos interpeló con su mirada entre maravillada y sorprendida. Quién sabe qué noticias tendría de estas tierras y de su gente, de sus políticos "populistas"... No hizo falta decir mucho cuando se dirigió a mí con respeto y curiosidad. Me preguntó... Pude decirle ya lagrimeando: "Esto, es amor. sabe?" y ella nos miró con ternura. "La felicito", me dijo...

Amor profundo.
Sólo el amor por los y las demás, el deseo genuino de acabar con el dolor y la injusticia pueden mover tanto, sacudir estructuras, socavar prejuicios, abrir posibilidades impensadas.
Ese amor es el que compartimos quienes acompañamos a Néstor desde el 2003, quienes después fueron experimentando en carne propia la transformación concreta, quienes ayer mismo fueron por un sentimiento de gratitud y compromiso ante un político digno...
Sólo nuestro amor sostuvo esas piernas que no se cansaban anoche, los brazos solidarios que sostenían a los chiquitos dormidos para continuar hasta la Casa Rosada.

Era amor lo que hacía brillar esos rostros que mostraban pesar y emoción inmensa.
Sólo nuestro amor trocará la pena en la alegría: haciendo y reinventando esa política que hace felices a las personas.
Porque para quienes estamos entrañablemente embarcados/as en el empuje de ese amor, no hay dudas de que no podemos ser felices si esa felicidad no es colectiva.
¿Cuánto puede reconfortar el más caro y suntuoso manjar frente a ese mate compartido entre quienes nunca nos habíamos visto anoche, despidiendo a ese hermano del alma que fue Néstor Kirchner, que animado de convicciones firmes pero sobre todo de un amor profundo, produjo ese encuentro de vidas?
Llorando y sonriendo, cantando y agitando, sólo empuñamos como arma la fuerza de un amor. Porque es más poderoso que la muerte, la mezquindad y el olvido...