miércoles, 20 de octubre de 2010

Sin escrúpulos

La muerte de un joven militante y de una mujer en medio de un conflicto gremial, una protesta, una corrida, no se sabe exactamente qué, ensombrece un panorama político que ha sabido dejar atrás la violencia indiscriminada como la que sufrimos en el 2001.
Ya no se puede tolerar que se ensucie la cancha con sangre buscando desacreditar a gremialistas, piqueteros/as, trabajadores/as o desocupados/as, estudiantes o docentes. A la gente ejerciendo el derecho de manifestarse.
Se lo hizo ya, buscando demonizar la protesta y fueron a la caza de dirigentes que sabían hacer mucho más que vivir de un plan-limosna. Se llamaban Maximiliano y Darío.
Se buscaba sembrar el terror, guardar a las personas detrás de sus ventanas y rejas, revictimizar a las víctimas de una economía depredadora y rapaz como pocas.
En estos años nos hemos acostumbrado a otro escenario, porque aprendimos y defendemos la convivencia democrática con todas las rispideces con las que hay que lidiar, pero sin escaramuzas, ni tiros.
Fue uno de los logros de estos tiempos, que recordó Cristina ante los militantes en el acto del Luna Park: lo maravilloso de coincidir pacíficamente en un acto juventudes sindicales, estudiantes, políticas...
Parece que es demasiado para los y las que ganan con el dolor y la división entre las mayorías.
Que se eche la culpa al gobierno es un disparate, cuando quienes acusan en otros casos pedían que Néstor o Cristina enviaran a la gendarmería para despejar los cortes de ruta, o los piquetes en el centro.
Esto huele mal y muy mal.
Que no lucren con éxito con la muerte, con el caos, con el miedo.
Y a los que hablan y utilizan esto, por favor, respeto.
Que para los/as bien nacidos/as, es un día de duelo.