jueves, 7 de octubre de 2010

Harta

Estoy realmente, decididamente harta, enferma, podrida.
Harta de la mentira organizada de los medios y de la repetición mecánica, acrítica, simplista y superficial de cierta audiencia...
Harta del cinismo de un Gelblung que operó como sostén mediático del discurso golpista, que hasta ahora no fue interrogado por su acceso a la información acerca del funcionamiento de los campos de concentración, al menos, al de la ESMA, como lo prueba la publicación de la muerte -falsa en ese momento- de Norma Arrostito. Ahora, Alejandrina Barry, utilizada cuando era una niñita como elemento de propaganda para la demonización de los militantes que eran desaparecidos y muertos por el terrorismo de Estado, lo enjuicia y tal vez escuchemos alguna explicación en un juzgado. Y quizás entonces haya alguna repercusión en los medios que no han dicho una palabra del tema.
Hartazgo superlativo de la distinta vara con la que se miden las cosas, las corporaciones y puristas de cierta oposición presuntamente progresista y bastante artera.
Harta de la indiferencia ante el incremento de la violencia contra las mujeres, aún cuando las víctimas se relacionen indirectamente con otros temas que venden los medios; estoy pensando en Wanda Taddei, esposa del baterista de Callejeros. Ni siquiera por el morbo se ha hablado más de ese caso, uno entre miles...En lo que va del año, al mes de junio se habían contabilizado ya 126 femicidios y femicidios vinculados (muertes de personas vinculadas con la mujer a quien el agresor pretende dañar y destruir psicológicamente).
Insisto, estoy harta de las omisiones y las distorsiones.
De asistir a la naturalización de tantos crímenes, tantos o más numerosos que los cometidos en los asaltos a la propiedad, desplazando la atención sobre el marido, ex, novio o padre agresor hacia los "problemas de pareja". No, no y no, es violencia familiar, es femicidio, es una muerte permitida, silenciada y propiciada por una cultura.
Estoy harta de la violencia sexista que impide que se debata seriamente la legalización del aborto, y, como dice mi amiga Silvia, despenalizar no alcanza. Porque legalizar implica una política estatal de salud que defienda la vida y la elección de las mujeres sobre su cuerpo, y - agrego yo-, si es que la tienen. Porque la realidad del aborto no tiene que ver con la práctica de un deporte, es un recurso desesperado por parte de quienes no tienen elección.
¿Hasta cuándo la hipocresía de una sociedad, la imposición de las leyes, reglamentaciones y prejuicios sobre nuestros cuerpos seguirán condenando a muerte a las más vulnerables? Como mujer, ya aprendí que las mujeres hemos conseguido hacer posibles reivindicaciones desde la solidaridad entre nosotras y sin pedir permiso, y que lo hemos pagado caro.
Quiero pensar que en este presente de cuestionamientos de tantas supuestas verdades, hay una actitud diferente por parte de varones y mujeres que van comprendiendo que "vida" es un concepto complicado cuando se tratan estos temas espinosos.¿La vida en abstracto?¿ o la vida de una mujer que no tiene libertad sobre su cuerpo, sobre su sexualidad?
Estoy harta de estar harta de los discursos sobre "la vida", pro-vida, que se desentienden de las vidas de las mujeres que actualmente pueden abortar -por hacer sido violadas, por estar en riesgo su vida, todo lo tipificado como "abortos no punibles en el Código Penal- y también se desentienden de ellas cuando han parido en esas condiciones. Su tragedia, su desamparo, esas vidas,¿acaso cuentan?
Un colectivo de mujeres, "Lesbianas y Feministas por la Despenalización del Aborto" puso en marcha una línea de ayuda "Más información, menos riesgos" el año pasado, que de inmediato comenzó a responder cientos de consultas relativas a la utilización de la droga misoprostol, de manera de hacer más accesible la opción de abortar de acuerdo con información emanada de la Organización Mundial de la Salud y la Federación Latinoamericana de Sociedades de Obstetricia y Ginecología. Las estadísticas de las muertes aumentan cuando setrata de las provincias más pobres. Analizar las edades de las víctimas es, también, revelador.
Desde hace unos días, se dispone de una guía que puede descargarse gratuitamente.Se trata de otro aporte de mujeres para mujeres. Necesario, generoso.
Estoy harta del silencio alternado con la deformación burda frente a una herida social tan profunda. Porque se conecta con otras heridas permanentemente infringidas: a los derechos inalienables de las mujeres a su salud, a ejercer una sexualidad segura, a una maternidad responsable, o a tener la opción de no ser madres. Se conecta con instituciones patriarcales tales como la heterosexualidad obligatoria y la maternidad como única o principal realización de la mujer. Y sujeta también a los varones, más ampliamente: prescribiendo roles y preformando las relaciones para ser compatibles con la sociedad capitalista... con toda la complejidad que, concedo, ésta presenta.
Otro modo de vivir, otro modo de ser mujer y otro modo de ser varón, otros géneros, otro modo de relacionarse con los y las otras, de sensibilizarse y de solidarizarse, en medio de tantos operativos para segregarnos, odiarnos, anestesiarnos y dejarnos destrozar, constituyen un tremendo desafío. No queda más, para mí al menos, que tomarlo.