jueves, 7 de marzo de 2013

Este 8 de marzo especial

No es la primera vez que escribo sobre el sentido del 8 de marzo. Pero este año sin dudas, la conmemoración reviste un carácter muy especial.
Ante este próximo 8 de marzo, de duelo por la pérdida de alguien irreemplazable para quienes luchamos por la transformación social, alguien como Hugo Chávez, me propongo reflexionar sobre la historia y el sentido del Dïa Internacional de las Mujeres precisamente desde donde estoy dando la pelea, como mujer, como trabajadora, como argentina, como hija de la América del Sur y como ciudadana del mundo también.

La historia del 8 de marzo como conmemoración se entrelaza con distintas luchas y una opresión de género milenaria, se instituye en la Segunda Conferencia de Mujeres Socialistas en 1910 en Copenhague, donde Clara Zetkin - a instancias de delegadas socialistas norteamericanas- propone homenajear la lucha de las obreras que habían muerto calcinadas tras llevar adelante una huelga muy dura en Nueva York. En 1909, el Sindicato Internacional de Trabajadorxs del Vestido había iniciado una huelga en apoyo a las obreras textiles despedidas de la fábrica de blusas “Triangle”, conocida como “la sublevación de las 20.000”, por la cantidad no obreras que se sumaron a la medida en solidaridad y que, además, llamó la atención de otros movimientos sufragistas en los cuales militaban mujeres de clase media. La Liga Nacional de las Mujeres Sindicalistas, liderada por la feminista de clase media Mary Dryer marchó en protesta contra la represión policial reuniendo a 10 mil mujeres, tras la cual Dryer es también arrestada.
Aunque los registros no puedan probar – precisamente por la operación de invisibilización hacia el carácter político de la actuación de las mujeres en “lo público”- si hubo otros episodios luctuosos anteriores a 1909 en los cuales la explotación de la mano de obra femenina incluía el encierro en los lugares de trabajo y jornadas de 12 o 14 horas, se venían generando manifestaciones y huelgas. Las trabajadoras se organizaban. La precariedad de las condiciones de trabajo se cobraban esas vidas sacrificables por falta de seguridad, era algo que las mujeres venían denunciando desde hacía décadas.
La alemana Clara Zetkin había escrito al respecto : “lo que hace al trabajo femenino particularmente atractvo para los capitalistas no ha sido solamente el más bajo precio que tiene, sino además, la mayor sumisión de las mujeres. Los capitalistas especulan con estos dos factores: la mujer trabajadora debe ser pagada lo menos posible y la competencia de mano de obra femenina debe ser empleada para abaratar los salarios de los trabajadores masculinos tanto como se pueda. De la misma manera, los capitalistas usan el trabajo infantil para abaratar los salarios de las mujeres y el trabajo de las máquinas para abaratar todo trabajo humano.”


Desde 1891, Clara Zetkin era responsable de la edición del periódico del Partido Socialista Democratico llamado “Die Gleiheit”(La Igualdad), entusiasta y fervorosa defensora del voto para las mujeres, con el tiempo llegaría a ser Secretaria de la Internacional Socialista de Mujeres y debatiría, como su compañera Rosa Luxemburgo, con el mismísimo Lenin acerca de la denominada “cuestión de la mujer”.

El 25 de marzo de 1909, después de que tras una negociación entre la patronal y el sindicato en la cual las huelguistas no obtuvieron lo que reclamaban – habían tenido que retornar al trabajo en febrero de ese año tras meses de huelga- se produjo un incendio en las instalaciones de Triangle que costó la vida de más de 140 trabajadoras. Estaban encerradas en el edificio en el que trabajaban más de 10 horas diarias. No contaban con salidas de emergencia, ni escaleras de incendio. Ëstas eran algunas de las reivindicaciones que no fueron escuchadas. Se culpó a un trabajador de provocar el siniestro con un cigarrillo.


A partir de allí, las manifestaciones y reclamos por las condiciones de trabajo y el sufragio confluyeron. También denunciaban la esclavitud sexual. En Chicago, en 1908 se registra un acto en el Teatro Garrick en el cual se congregan las mujeres para reclamar el derecho al voto y denunciar la explotación sexual, organizado por las socialistas, antecedente de lo que luego se instituiría como “Día de la Mujer” (Women ‘s Day). En EEUU durante algún tiempo se celebró el último domingo de febrero.
De manera que la lucha de las obreras de EEUU, de las inglesas, de las alemanas, de las francesas, de las norteamericanas, se entremezclan para plantear la visibilización de la opresión de las mujeres en el marco de las luchas contra el capitalismo, enmarcadas en esos momentos, en un particular contexto que llevaría a la Primera Guerra Mundial, y en el cual el debate sobre la militarización de la sociedad y el papel jugado por los nacionalismos resultaban de capital importancia desde el punto de vista de las luchas de lxs trabajadorxs y los movimientos revolucionarios.
En 1915 las dinamarquesas inundan las calles el 8 de marzo para protestar contra la Primera Guerra Mundial.
En Rusia, el 8 de marzo de 1917 las mujeres de San Petersburgo, desobedientes de los dirigentes partidarios, realizaron una manifestación pidiendo pan y el regreso de los combatientes de la Gran Guerra. Se sumaron trabajadores y estudiantes al punto tal que es considerada detonante de la Revolución Rusa cuyo Gobierno Provisional otorgó a las mujeres el derecho al voto.
Obreras y de clase media, educadas o analfabetas, los jalones de la larga lucha reivindicativa son muchos. En parte nos debemos reconstruir esas historias fragmentadas, y no para meramente husmear un pasado quieto, sino para encontrar claves y enseñanzas.


Las luchas del presente

La feminista marxista Christine Delphy afirmó que el movimiento de mujeres y la conceptualización feminista de la experiencia de las mujeres como opresión, ejercitada y articulada en base a su sexo y su género, hacen de la sexualidad uno de los lugares fundamentales de la lucha de clases.

En Argentina lo que aportan las estadísticas de entidades gremiales con perspectiva de género siguen señalando que la brecha laboral entre varones y mujeres sigue íntimamente ligada a los estereotipos sexistas; las mujeres ganan menos porque trabajan menos horas al estar a cargo de hijxs y adultxs mayores por lo cual no ascienden, no hacen carrera, ocupan los puestos más flexibilizados y peor pagos. El viejo asunto del trabajo reproductivo no visto como tal, no valorado y que resulta un karma para las mujeres de estos tiempos a pesar de la aparente irrupción exitosa en el mercado laboral.
Hay que atravesar las apariencias y sospechar de los rápidos universalismos…
Y hay que añadir a los números, informes estadísticos, a la utilización política por parte de organismos internacionales de los índices para influir en gobiernos que fueron históricamente dóciles ante las naciones desarrolladas/imperialistas, todas las variables a considerar en cada escenario descripto. Nuestras reivindicaciones pueden ser utilizadas para deslegitimar procesos de cambio en nombre de cuestiones de género, así como se lo hace en torno de las “libertades de expresión” o “republicanismos”. Desde Europa o desde los EEUU, cuyas voces y perspectivas amplificadas silencian otras miradas y realidades de países del tercer mundo.
En nuestra América, las mujeres tomaron y revitalizaron, desde su experiencia de discriminación racial, social, étnica, las variantes complejas de ese lugar subordinado que desdice las seudojustificaciones que la permiten y la alientan cada vez que han protagonizado e innovado las luchas. Levantandose en armas o luchando por la paz, haciendo redes de contención y de solidaridad allí donde la lógica de partidos anquilosados no contiene ni puede combatir las injsuticias. Han reclamado y siguen saliendo a la calle por la equidad, por la libertad, por el respeto a decidir sobre sus cuerpos y su placer. Se han erguido aún en las más difíciles condiciones, a pesar de la miseria, del desprecio, del silencio, del olvido, para decir fuerte “despierta mujer”, para dar la pelea perseverante contra los genocidios empuñando amor y un pañuelo blanco. Han rescatado del olvido el nombre de Bartolina Sisa, de Juana Azurduy, de las milicianas mexicanas, de las esclavas haitianas que alumbraron la libertad de la primera república en las Antillas, Haití. Y son tantas otras, tantas!
Atravesando el tiempo y desde nuestro trabajo crítico, desde nuestro trabajo cotidiano, intentando aguzarnos para que no se lave el sentido de una fecha y para recrear las estrategias de lucha, que no pueden prosperar si no es con procesos de profunda transformación social que combatan la desigualdad económica, cultural, que sea tan plástica y flexible para que las diversidades potencien en vez de obturar el fortalecimiento de la unidad de nuestrxs pueblos, las mujeres tenemos mucho, mucho para hacer, siempre, a cada minuto, cada día. Mantener la solidaridad y la crítica alertas, por ejemplo.
El 8 de marzo no es un día para el consumo, sino para la reflexión y el activismo, para reafirmar las reivindicaciones que tenemos, para sortear las múltiples trampas que descontextualizan nuestro feminismo.
En lo particular, y pensando en las típicas prácticas que bien conocemos y no nos ayudan como colectivo sostengo que necesitamos apoyarnos en lo que desde el poder público vamos haciendo para empujar lo que falta, en lugar de caer en las minucias de contar costillas a quienes han abierto el espacio para que nuestra presencia sea gravitatoria en las transformaciones políticas.
Hombres no machistas, mujeres, transexuales, travestis, bisexuales, han empujado límites en relación una de las estrategias más escondidas de la opresión : el pensamiento binario.
Midiendo el grado de feminismo de dirigentes populares sin los cuales nuestras conquistas no solamente no serían posibles, sino que serían traicionadas al restringirse a unas pocas privilegiadas, algunas defensoras de los derechos de las mujeres pierden de vista a quienes quedan afuera del cabildeo reservado para una parte pequeña, feminista pero privilegiada también. Allí tenemos que ser más implacables con nosotras mismas para que no se nos filtren lógicas que atentan contra lo que decimos defender y nos empeñamos en realizar: una verdadera solidaridad que tenga en cuenta las distintas exclusiones, y las limitaciones de la representación liberal de las instituciones políticas.
Complejo 8 de marzo éste. Y triste, claro. También desde el dolor, las mujeres sacamos la fuerza para volverla acción y alegría también, honrando a todxs aquellxs que han dado todo por la justicia sin distinción de clase, ni color, ni género. Con aciertos y errores, comprometiendo el pensamiento, el cuerpo, la acción, y un corazón enorme. Pasión revolucionaria indispensable para el logro de lo que soñamos quienes vemos el mundo desde esa perspectiva que llamamos feminista.