jueves, 28 de junio de 2012

El Frente de Liberación Homosexual : una lucidez intempestiva

“El Frente de Liberación Homosexual es una organización no verticalista ni centralista de homosexuales- en la que también pueden participar los heterosexuales que renuncien a sus privilegios – que se ha abocado a la tarea de integrar las reivindicaciones específicas del sector homosexual al proceso revolucionario global. Es un movimiento anticapitalista, antimperialista y antiautoritario, cuya contribución pretende ser el rescate para la liberación de una de las áreas a través de la cual se posibilita y sostiene la dominación de la mujer y el hombre por el hombre, en el convencimiento de que ninguna revolución es completa, y por lo tanto, exitosa, si no subvierte la estructura ideológica íntimamente internalizada por los miembros de la sociedad de dominación.Somos conscientes que el sistema maneja amplios sectores del pueblo valiéndose de la moral, o sea, de mentiras interesadas, Somos conscientes de que el pueblo mismo abandonará sus prejuicios, que constituyen una traba concreta para el desarrollo revolucionario, en la medida que nosotros, los homosexuales, formemos parte activa y militante de una lucha que también es nuestra. Llamamos a los homosexuales, a las mujeres, a los verdaderos revolucionarios a realizar el esfuerzo que supone cuestionar las pautas originadas en el sistema de explotación, a fin de recuperarnos a nosotros mismos como actores eficientes de una revolución sin retrocesos.”

Este texto pertenece a uno de los ocho números que la revista “Somos”, del Frente de Liberación Homosexual difundió entre 1971 y 1976, además de panfletos y artículos que se pasaban de mano en mano casi en forma clandestina, mientras duró su militancia antes de la disolución de la organización precipitada por el golpe cívico militar.


El Frente de Liberación Homosexual- del cual Néstor Perlongher fue uno de los principales referentes- era visto por partidos y organizaciones de izquierda como una minoría “sectaria” que no podía integrarse a las luchas por la liberación. Para la creciente radicalización de la militancia, la liberación sexual sería una consecuencia de la revolución que alterara las estructuras socioeconómicas. Incluso oponían a la profunda caracterización sexopolítica que hacían desde el FLH, popularísimos cánticos sexofóbicos.

EL FLH tenía claro que no habría liberación sin liberación sexual, como parte de la misma tarea. Como señalan en su programa, la estructura internalizada, la que se refiere a la sexualidad, es la más difícil de cambiar y es la que se reproduce constantemente en todas las relaciones interpersonales, aún entre los militantes por la liberación. El sexismo, el prejuicio heteronormativo – que juzga todo en función del modelo de dos sexos y dos géneros-, son modos centrales de dirigir el deseo, proyectos de vida, elecciones amorosas, por andaribeles prefijados. Pero en aquel momento, en los 70, no había recepción a este planteo que comenzaría a instalarse con el fin de la dictadura cívico militar en Argentina y encontraría legitimación académica con el arribo de los textos de Michel Foucault y las teóricas feministas.
A treinta y cinco años de la disolución de este Frente, conociendo ahora que el terrorismo de Estado también persiguió y desapareció a personas por su orientación sexual – el año pasado se inauguró el Archivo de la Memoria de la Diversidad Sexual que busca reconstruir esas historias invisibilizadas- conviene pensar en la agudeza con la cual este movimiento caracterizaba la producción de sujetxs que el capitalismo, a través de múltiples instituciones, como la familia heterosexual tradicional, los saberes, los discursos científicos, etc. moldea para reproducir su funcionamiento, naturalizando lo que es cultural, histórico, contingente, es decir, lo que puede ser de otra manera).


El 28 de junio se instauró como Dïa del Orgullo Gay en homenaje a la revuelta que en 1968 tuvo lugar en un bar neoyorkino que era lugar de reunión de gays y lesbianas, el “Stonewall Inn” , objeto de acoso permanente por la policía. Cuando las irrupciones de los agentes, los insultos y forcejeos merecieron la justificada reacción, airada, también violenta, de la clientela del bar que se hartó del maltrato, comenzaron disturbios que se prolongaron varios días. Hubo un muerto además de decenas de personas heridas, con lo cual la noticia tuvo un impacto fortísimo y alentó la conformación de colectivos en todo el país. Nacía el movimiento del “Gay Power”, a tono con el clima de movilización por los derechos civiles de los afroamericanos, etc.

En estas latitudes, y en el marco de un momento crucial de lucha popular revolucionaria contra décadas de dictaduras, censura y represión, la apuesta del Frente de Liberación Homosexual era de una profundidad que ha demostrado con el paso del tiempo, su lucidez política.