domingo, 4 de marzo de 2012

Preocupaciones

La iglesia católica está preocupada por las reformas del Codigo Civil en las que trabajará el Poder Ejecutivo Nacional junto a la Corte Suprema.¿No debería la iglesia católica preocuparse por elaborar un "mea culpa" institucional por la actuacion de su jerarquía durante la dictadura cívico-militar? ¿por los exabruptos del ex obispo castrense Basseoto cuando, ante la legislación emanada por el Ministerio de Salud de la Nación que habilitó el Plan de Salud Reproductiva y Procreación Responsable, vomitó que a Ginés González García "habría que atarle una piedra al cuello y tirarlo al mar", en sintonía con los desaparecedores de los vuelos de la muerte?

La iglesia católica, habiendo colegios religiosos que además reciben subsidios destiandos a su planta docente, se entromete en la educación pública y laica. En la provincia de Salta el juez de la Cámara de Apelaciones en lo Civil y Comercial Sala III, Marcelo Domínguez, hizo lugar a un amparo y ordenó a la provincia que disponga las medidas necesarias para que se eliminen las prácticas católicas en instituciones educativas estatales -como rezar diariamente antes del ingreso a las aulas, bendecir la comida, alabar a la Virgen María, destacar las “enseñanzas de Jesús”, leer versículos bíblicos o celebrar las festividades religiosas, escenas habituales en múltiples colegios públicos de la provincia- , según se probó en la causa y es públicamente conocido. La provincia apelará.
¿¿¿¿???

...Resulta que la educación religiosa es una materia obligatoria en las escuelas públicas primarias salteñas. El juez Domínguez ordenó al gobierno salteño adecuar la currícula de la materia para que tenga un contenido “imparcial, objetivo y respetuoso de la libertad de conciencia y de expresión”. Es decir, el magistrado no objeta que haya educación religiosa “en la medida en que se enseñe como un hecho cultural, como ética y no como una religión particular”...Pero el juez reconoció a las amparistas que la educación pública no debe ser utilizada por el Estado como un dispositivo de reproducción de la religión hegemónica y se basó en tratados internacionales y sentencias de la Corte Suprema de la Nación.

La Iglesia no ha dicho una palabra del caso Grassi, ni le ha quitado las investiduras a Von Wernich, quien apenas ordenado oficiaba en los centros clandestinos de tortura y detención. La Iglesia católica argentina habla de la pobreza y opera políticamente, en función del poder real de la institución en nuestro país. Pero esta iglesia no dona nada de sus beneficios impositivos para aliviar el dolor de las masas pobres. Repasemos un instante nada más, las propiedades con las que cuenta, o indaguemos cuánto de nuestros impuestos, sin importar si somos católicxs o sin que lo sepamos siquiera, van a sus arcas. En su predicamento se amparan en el supuesto de una población mayoritaria que pertenece a sus filas, porque se bautiza, se casa por los ritos religiosos, pero, ¿suscribe la grey católica a la política y al discurso de una institución lobbista que atropella la Constitución Nacional? Habría que pensarlo.

La libertad de credos,(Artículo 14.- "Todos los habitantes de la Nación gozan de los siguientes derechos conforme a las leyes que reglamenten su ejercicio; a saber: de trabajar y ejercer toda industria lícita; de navegar y comerciar; de peticionar a las autoridades; de entrar, permanecer, transitar y salir del territorio argentino; de publicar sus ideas por la prensa sin censura previa; de usar y disponer de su propiedad; de asociarse con fines útiles; de profesar libremente su culto; de enseñar y aprender.") consagrada en nuestra Constitución choca inexorablemente con la política institucional de la iglesia (Artículo 43: "Toda persona puede interponer acción expedita y rápida de amparo, siempre que no exista otro medio judicial más idóneo, contra todo acto u omisión de autoridades públicas o de particulares, que en forma actual o inminente lesione, restrinja, altere o amenace, con arbitrariedad o ilegalidad manifiesta, derechos y garantías reconocidos por esta Constitución, un tratado o una ley. En el caso, el juez podrá declarar la inconstitucionalidad de la norma en que se funde el acto u omisión lesiva).

El Estado nacional - y se supone que las provincias también -está comprometido a no violentar los tratados internacionales que ha suscripto, por ejemplo, la Convención para la Eliminación de toda forma de discriminación contra la Mujer (CEDAW); los derechos sexuales y reproductivos que pueden ejercerse cuando se accede a la educación y a los servicios públicos de salud son inviolables. El derecho a la integridad física lo es: la Ley de Violencia, conocida como la 26.485, consagra el derecho a no ser discriminadas, a la igualdad de oportunidades y de trato, a la intimidad, a la libertad de creencias y de pensamiento, y su lesión constituye una modalidad de violencia. A la conocida, la física, añade por todo estola psíquica, la laboral, la simbólica, la institucional. ..



El amparo presentado en Salta es el que podemos presentar invocando derechos constitucionales contra cualquier forma de discriminación y en lo relativo a los derechos que protegen al ambiente, a la competencia, al usuario y al consumidor, así como a los derechos de incidencia colectiva en general.

Sabemos también que por la falta de democratización de la Justicia en todas sus jurisdicciones hay rémoras autoritarias y patriarcales que dan aire a todo tipo de injusticias y de intromisiones indebidas de las posturas religiosas en las políticas públicas, porque las lesionan. Es la tensión entre lo universal y lo particular: nos guste o no, el Estado debe asegurar derechos para todxs. Si nuestro credo no nos permite elegir otra cosa que ser un vientre reproductor y una servidora de nuestro marido e hijos, paciencia, no utilizaremos los servicios que de todos modos tenemos al alcance porque es nuestro derecho inaliebable y parte fundamental de nuestra ciudadanía como seres iguales con respecto a otros.

Si la Corte Suprema de Justicia y el Poder Ejecutivo van a trabajar en los divorcios sin necesidad de consentimiento de las partes, bueno, ¿qué problema se harán lxs católicxs para quienes el matrimonio consagrado es indisoluble? No utilizarán la ley. Pero otrxs sí, por supuesto, incluso católicxs que profesan una fe genuina sin necesidad de adherir a la política eclesiástica.

Es probable que en unos días nada más, la Corte se pronuncie en una causa sobre aborto legal, en relación a un expediente que tramitó ante el Supremo Tribunal de Chubut y que dictó un fallo ejemplar autorizando el aborto de una adolescente violada por su padrastro, un caso en estudio hace más de un año. Cuestión “abstracta” en términos prácticos, de todas maneras el máximo tribunal quiere emitir una señal rotunda: se supone que ratificará que no es necesaria autorización judicial previa en casos de abortos no punibles (Art. 86, inc 1 y 2 del Código Penal), mensaje rotundo para médicos que tengan dudas y también para jueces retrógrados que imponen sus criterios sobre las necesidades y derechos de las mujeres. Una acordada de la Corte que preocupa muchísimo a los jerarcas eclesiásticos que vociferan y mandan sus fuerzas de choque a los debates en el Congreso de la Nación, y con otras temáticas se guardan a un vergonzoso silencio complaciente.

Recordemos que existe un movimiento de sacerdotes que resisten el celibato, que aprobaron el matrimonio igualitario, y son tan creyentes como Bergoglio(quien a pesar de la igualdad ante la ley de todxs los ciudadanxs, declaró por escrito qué tuvo que ver con la desaparición de jesuitas tercermundistas revoltosos en los años de la dictadura). Pareciera que personalidades como el nombrado no se preocupan tanto por todas las vidas desechables que su caridad cristiana debería atender.

No abrieron las puertas de la Catedral de una Buenos Aires que ardía para refugiar a los civiles que estaban huyendo de las balas; Tal vez no se refieren a las vidas de las mujeres infortunadas que mueren en abortos clandestinos, por el mero hecho de ser pobres. La vida abstracta es aquella de la que se habla. Las vidas concretas, esas sufrientes, que no reciben alojamiento, comida, o atención médica, que seguro ni en suenños duerme en palacios como el la nunciatura, en la coqueta Avenida Alvear al 1600, donado por cierto por una señora de la alta sociedad porteña.



¿Si para la iglesia, como corporación, la existencia de esta desigualdad es funcional, cómo puede esperarse otra cosa? ¿Cómo podría considerar problema de salud o de derechos sesgados temas como la salud reproductiva, la interrupción voluntaria del embarazo, el uso del preservativo? No hay drama con las clientelas influyentes, como las que dejaban el nombre perpetuado en chapitas de bronce en los bancos de los templos. Esas no necesitan del Estado, salvo para hacer fortuna vampirizándolo, achicándolo, utilizándolo.

En La Rioja, hace unas décadas, Monseñor Angelelli terminó con esa práctica de los lugares reservados para las familias prominentes. Parece que ese gesto igualitario y profundamente cristiano fue el inicio de un malestar hacia su predica y obrar, y muchos de aquellxs que se ofendieron, algún día darán explicaciones sobre su muerte impune….



Porque, en paralelo a esta hipocresía obscena, miles de hombres y mujeres lo arriesgaron todo por eso del amor al prójimo. Curitas pobres, monjas valerosas, víctimas todas, del silencio y la hipocresía que hoy hace resonar las quejas porque una Corte Suprema de Justicia se dedica a efectivizar derechos.

Vivimos en un tiempo en el que a pesar de las lacras que subsisten, miembrxs del máximo tribunal defienden la libertad de conciencia y la igualdad de varones y mujeres. No es poco, si podemos acompañar los esfuerzos por menguar hipocresías y hacer un poquito más de justicia concreta, defendiendo la coherencia del hacer y el decir.

Creamos o no en Dios, en instituciones, al menos nos unirán ciertos valores. Lo importante no son las etiquetas, lo que merece respeto, aunque para nuestras concepciones sea equivocado, es la autenticidad y la dignidad de quien no tiene dos discursos ni dos caras. Revisemos esa costumbre de bautizarnos porque sí, sin sentir realmente aquello a lo cual se compromete quien toma el sacramento. Si se lo piensa y se lo madura, felicitaciones si se decide con convicción. Estará dando poder a una institución que usufructúa y muy bien, una inercia poderosa que frecuentemente choca con el sentir y las prácticas de quienes dice cuidar…