lunes, 27 de febrero de 2012

Silencios, palabras y responsabilidades

En el hermoso tema “Que el letrista no se olvide” de Jaime Roos, las estrofas van enumerando las cosas a las cuales hay que cantar… y hay también dos versos que dicen:
“ y no vayas a olvidarte que en lugar de tanto verso
cuantas veces el silencio es la voz de la verdad.”

Creo que la reflexión profunda y posible acompañó el dolor de estos días. Un dolor que cualquiera con empatía siente ante tantas pérdidas. Vivo en esta ciudad que sufrió la conmoción de los chicxs muertxs en Cromagnon, en la ciudad en la que se voló el edificio de la AMIA y una embajada, diez años antes. Muertes que nos interpelan y frente a las cuales la verborragia muchas veces, está de más.Al escribir en cualquier soporte que sea público hay una responsabilidad que no hay que olvidar nunca.

El bloggero Sujeto de la Historia en su post “Hoy no” del miércoles 22, decía :
“lo que me preocupa es que nos estemos acostumbrando -como sociedad- a esto: a la muerte evitable, al carancheo del odio y del oportunismo rastrero. A que todo esto se nos haga un lugar comùn.
Se me ocurre que, de algùn modo, en algùn momento, volvamos a tener la capacidad de indignarnos, sì, pero acompañada de la capacidad de sentir la tragedia del otro, de reconocerlo del mismo modo que si nos hubiera pasado a nosotros, de respetarlo como quisièramos se nos respetara.
Hoy estamos de duelo; mañana busquemos a los responsables, y que se haga la justicia que necesariamente deba hacerse…”


El dilema de cómo tratar en los medios la tragedia, en cómo no exponer a las víctimas, hablar transitando las delgadas líneas en las que una opinión –válida en cualquier persona que juzga la realidad desde su lugar y sus valores- se transforma en una canallada porque pisotea el dolor, la pérdida, la vulnerabilidad de alguien persiguiendo otras metas, ocupó y no en vano la energía con la cual a veces escribo pensando en hacer un aporte al colectivo.

Según quién seas o de qué contexto se trate, el silencio puede tornarse indiferencia o condescendencia. Como modesta comunicadora, como militante inquieta, como autora de este blog, siento que debo decir hoy que las responsabilidades son diversas y que hay que asumirlas. La conducta de quienes apuestan a montarse en las demandas legítimas de justicia, de dignidad, de seguridad para trabajar, moverse, educarse, sanarse, para lesionar un gobierno - que gestiona y por cómo gestiona ha sido acompañado por el voto popular-, comenzará tarde o temprano a ser condenada socialmente y quienes aún se someten a ese juego perverso cambiarán de canal o comprarán otro diario, asqueadxs.

Quienes sabemos que se deben tomar medidas que terminen con los resabios de los noventa, la falta de inversión y de controles, porque es vital para la producción y para el bienestar de una gran mayoría - por eso apoyamos a Néstor Kirchner y a Cristina Fernández después, que no declamaron sino que se lanzaron a combatir la lógica de mercado resistiendo los embates más encarnizados de las corporaciones y una buena parte de la opinión pública refractaria-, hablamos, decimos o nos llamamos a silencio asumiendo la complejidad del panorama.

Precisamente es un lugar más bravo, más expuesto: porque sin caer en la facilidad de buscar un chivo expiatorio para situaciones muy difíciles de transformar, porque involucran apoyos diversos, cambios de prácticas cotidianas y generalizadas, nuestro discurso y nuestra crítica lleva la responsabilidad del cuidado de lo que se va construyendo y debe precaverse de la utilización nociva.

Exponerse, intervenir es exponerse, y no hay otra. Sabiendo que una palabra es un arma y que la circunstancia en la que se la pronuncia no es inofensiva. Que asumir una posición es un compromiso. Que si hay algo como la libertad de conciencia y de expresión, la celebramos y la ejercitamos como todxs aquellxs, afines a este modelo o no, que compartimos con otrxs un pensamiento o un interrogante en una discusión honesta. Hay una responsabilidad en cada gesto, palabra y silencio.

Al modelo lo vamos construyendo con estas pruebas a nuestra responsabilidad social, con nuestra solidaridad, con el coraje para señalar contracorriente los modos de transitar el espacio que media entre lo dado y lo que soñamos. Menguar el dolor que no tiene medida y las injusticias insistentes transformando todo lo que podamos, comenzando por lo más pequeño y sutil, haciéndonos nuevas preguntas y ensayando con madurez y compromiso respuestas colectivas.