lunes, 6 de febrero de 2012

Descolonizarnos

Descolonizarnos no es tarea simple. Hay dependencias económicas, pero lo más complejo es el entramado de prejuicios y valoraciones que subyacen y que resultan más duros de remover.

En este tiempo, diversos hitos en la vida de nuestros países latinoamericanos han mostrado que es posible unirse en acuerdos multilaterales en lo que concierne a desobediencia a las recetas neoliberales, ensayos de integración económica, acuerdos de comercio, una banca regional. Hemos asistido a la negativa a una imposición – por parte de los mandamases históricos, los EEUU- del Tratado de Libre Comercio (ALCA) y a la consolidación del Mercosur, la Unasur, etc.

La nueva Comunidad de Estados de Latinoamérica y el Caribe (CELAC) o el ALBA -TCP(Alianza Bolivariana para los pueblos de nuestra América y Tratado de Comercio de los Pueblos)redoblan los esfuerzos para poder diseñar estrategias financieras y también diplomáticas que, en el caso del reclamo por la negociación con Gran Bretaña por la soberanía argentina de Malvinas, rebasa las meras declaraciones: medidas concretas como impedir la entrada de buques de bandera pirata en los puertos latinoamericanos, a las que pueden sumarse otras medidas relacionadas a intereses británicos en las economías locales.

Al orgullo que nos produce a muchxs esta construcción heroica de la unidad en la diversidad – porque esa es la nota más importante, más difícil quizás de lograr-, se opone la indiferencia o la oposición que no termina de sincerar el peso de prejuicios o intereses sectoriales cuando desmerece o menoscaba este trabajo de construcción política entre naciones hermanas.
Cuando digo naciones hermanas pienso en las experiencias compartidas de explotación, de olvido de sus historias, de entrega de sus recursos, y de las traiciones de dirigencias asociadas a lxs mismxs poderes que desangraron a sus pueblos. El imperialismo norteamericano, desde aquellos primeros tiempos de nuestras nacientes repúblicas, supo capturar voluntades de las minorías que se enriquecían a costa de la miseria y el genocidio de sus compatriotas.

Es cuestión de leer un poco, - o mucho...- porque hay distintas versiones de la historia de nuestra Latinoamérica. Y además!hay diferentes perspectivas! Claro, la historia de nuestros desencuentros y nuestras tragedias no ha sido del interés de la planificación educativa – lujo, la educación, para gran parte del pueblo de nuestro continente- , que fue decantando por siglos verdades como que “fuimos descubiertos” por los españoles, o que volvernos modernos o civilizados era "hacer la Europa en América”.

Desde hace casi una década los cambios políticos, sociales y culturales expresados por los gobiernos de Venezuela, Bolivia, Ecuador y de la Argentina, por citar los más destacados, han complejizado el panorama e impulsan otra imagen, otros relatos, algunos a ser articulados todavía por haber sido sepultados en un olvido interesado, o por la falta de voces que den cuenta de sujetos que nunca contaron, acerca de nosotros: nuestro pasado, nuestras raíces, nuestros dilemas históricos.

Conocernos. Con toda la dificultad para cerrar una versión que encaje totalmente. Mejor aún, si constituye un desafío para poder entender y dimensionar todo lo que nos falta asumir y así, intentar, con valores como la solidaridad y la equidad que nos sea posible, elegir caminos para transitar para nosotrxs y nuestrxs descendientes.

Abundan las remeritas con la bandera del Reino Unido de la Gran Bretaña – “Union Jack”- , de moda en el momento en el que el tema de nuestras Islas Malvinas está planteado en el escenario internacional de manera solvente por una política exterior decidida y firme, que se fundamenta en el derecho y en innumerables resoluciones de Naciones Unidas. ¿Qué diferencias hay entre las realidades de los países que hoy apoyan de forma unánime a Argentina en el presente y la de las dictaduras militares de los 70 y 80? ¿En qué se habían entrenado más los militares, en protegernos de agresión externa o de aplicar la Doctrina de Seguridad Nacional enseñada por los EEUU en el Comando Sur en Panamá, por ejemplo?

Usinas desestabilizadoras, cadenas de televisión hablan por portavoces incautos o perezosos a la hora de plantear “quién habla?” “Quién dice?” y sacar sus propias conclusiones…pueden tener cualquier edad, por supuesto, no es una cuestión de almanaque. ¿Sabrán de lo ocurrido en 1831, en 1982? Sabemos cuánto representa el petróleo en la disputa?¿Saben de la implicancia del petróleo y cómo ha pesado en la historias de países como Venezuela, por ejemplo?¿Sabrán que poco tiempo antes de que el aymara Evo Morales fuera elegido Presidente de Bolivia, hubo un presidente que no hablaba castellano siquiera, porque se lo olvidó ejerciendo la gerencia de Coca Cola?

¿Les resulta gracioso que el Presidente de Ecuador Rafael Correa use esas camisas de las cuales los cronistas cancheros de ciertos programas argentinos se burlan? ¿Se entiende porqué Correa prohibió la realización de concursos de belleza para niñas en los colegios públicos su país, el tipo de influencia sexista que ejercen estas actividades? Sabe cuánto pesa la cultura: no es menor plantearse si los valores de la solidaridad, la inteligencia, la honradez son más importantes en la formación de una sociedad que los 90-60-90 que, como dice Andrea Echeverri en su hermoso tema "El Estuche", "suman 240"...

No son pequeñas cosas. El racismo de la sociedad blanca y pudiente de Santa Cruz de la Sierra provocó una crisis política, muertes y un intento de golpe de Estado contra Evo Morales en Bolivia, que cambió su Constitución (2009)reconociendo su diversa composición étnica y cultural y denota la decisión por una política inclusiva, en su denominación como Estado Plurinacional de Bolivia.

No es una cuestión como para distraerse: lo que redunden en beneficios nuestros recursos naturales, la manera en que se realicen las actividades productivas, la manera en que se amplíen y se respeten los derechos humanos como acuerdo básico para la convivencia, la lucha contra la impunidad –se trate de dirigentes, de magistradxs, de comunicadorxs que hacen sin asco apología del terrorismo de Estado o de la violencia sexista- , la promoción de quienes han quedado afuera del acceso a la vivienda, a la comida, a la salud, al trabajo digno, es demasiado importante como para no involucrarnos.

América Latina unida no es una consigna romántica. Se llena de sentido y contenido a partir de medidas de gobiernos, de alianzas geopolíticas, pero también se concreta en el cambio de nuestras mentalidades sesgadas y colonizadas por mecanismos muy sutiles de penetración, incesantes y permanentes. Una forma de ejercer sentido crítico es prestar atención a esos resquicios por los cuales,- si no sabemos quiénes somos y de dónde venimos, o cuánto nos ha costado estar en pie divididos y olvidados de América por mirar al Norte- nos siguen manejando un destino que no tiene porqué ser ni impuesto ni “manifiesto”.