viernes, 18 de noviembre de 2011

Femicidio Vinculado : Lo que nos toca hacer

La espantosa realidad de la violencia de género merece más que la visibilidad de las secciones de policiales de los diarios y el morbo del tratamiento televisivo.

El crimen del pequeño Tomás Dameno, que según los testimonios de sus familiares, tenía terror a su padrastro - el principal acusado y señalado por la madre de Tomás como el sospechoso desde el inicio de la búsqueda – constituye un caso de “femicidio vinculado”.
El "femicidio vinculado" el que tiene como fin matar, castigar o destruir psíquicamente a la mujer sobre la cual ejerce la dominación.Las víctimas son las personas que fueron asesinadas por el femicida, al intentar impedir el femicidio o que quedaron atrapadas “en la línea de fuego”; y las personas con vínculo familiar o afectivo con la mujer, que fueron asesinadas por el femicida con el objeto de castigar y destruir psíquicamente a la mujer a quien consideran de su propiedad. Así lo define la Asociación Civil “La Casa del Encuentro”, una de las organizaciones que más trabaja, registra y difunde la temática con toda la minuciosidad que le es posible.

Estamos aprendiendo, al parecer, después de tantas muertes que nos golpean a todxs. Tenemos leyes que tipifican la violencia contra la mujer (Ley 26.485) y lentamente, conciencia en lxs funcionarixs que las aplican, que crecerán en proporción a las actitudes perversas de otrxs en la medida en que se apoye o se repudie socialmente lo que hacen.

Hace 10 días el Tribunal de Casación Penal bonaerense redujo la pena al femicida Marcelo Gentille, quien en 2007 mató a cuchillazos y martillazos a su mujer, Dirlene Vieira, en 2007, alegando la “actitud provocativa de la víctima” y, entre otras cosas, basándose en "la favorable impresión personal recogida en ocasión de comparecer el acusado en estrados". Se rebajó la condena de 17 a 10 años y tres meses. Los magistrados de la Sala I del Tribunal son el Juez Horacio Piombo, quien fundamentó la resolución, Benjamín Sal Llargués que acompañó y quien votó en disidencia, Carlos Natiello. Este fallo está siendo apelado en la Corte Suprema por violar la protección que la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos le brinda a la mujer, o a cualquier otra persona que sea discriminada por su ocupación, su forma de vestir o conducta sexual.
En otras palabras, el fallo es discriminatorio.

Nuestra parte, - porque lo que no podemos hacer es no pensar ¿qué más tenemos que hacer?- es enfocarnos en los diversos y complejos caminos por los que se permiten estas formas de dominación por las cuales alguien se arroga el derecho sobre otra persona, como su propiedad, y como tal puede disponer de ella como quiera.

Si la sociedad no caracteriza de manera diferencial esa forma de violencia por siglos naturalizada, por la cual se abusa psicológica o físicamente de la mujer, si se sigue pensando que los gritos que se escuchan en un departamento o casa vecina son “problemas de pareja” y, por lo tanto, nadie más debe meterse; si se toma como algo inocente que el noviecito controle lo que hace una adolescente que puede ser nuestra hija o alumna de colegio, lee sus mensajes en el celular, o la toma de los cabellos en el fragor de una discusión, o la aísla de amigxs y conocidxs...probablemente dejemos vía libre a un drama en poco tiempo del cual leeremos en los diarios.

Sepamos y tengamos en cuenta que la violencia entraña una relación entre una persona de personalidad desdoblada, que puede ser considerada un vecino correcto y gentil, y en un abrir y cerrar de ojos, una fiera incontrolable.

Zunilda Maldonado perdió a tres hijos a manos de su ex pareja en Corrientes, hace un año. El femicida se encerró con ellos en la casa y los degolló.
Pensemos en la cantidad de rehenes –niñxs- que sufren estas situaciones cotidianas y crecen en el clima de temor que va empañando su desarrollo y dejando huellas indelebles en sus psiquis.

Basta. Pero en serio basta, para lo cual actitudes cotidianas son imprescindibles, las nuestras.

Contamos con la Oficina de Violencia Doméstica (OVD), dependiente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, que recibe denuncias sobre violencia en la Ciudad de Buenos Aires, durante las 24 horas. En sus primeros 25 meses de funcionamiento atendieron 13.906 casos, con un promedio de 18 denuncias diarias recibidas en su sede ubicada frente al palacio de Tribunales.

Solicitemos más presupuestos y capacitación para quienes atienden la violencia. Formemos a las personas en las instituciones – todas – sobre las formas de respeto y equidad entre varones y mujeres. Escrachemos y denunciemos las aberrantes sentencias que otorgan atenuantes a violentos bajo la misma mirada sexista, apuntando a “la provocación” ejercida por la víctima.

Aplaudamos también aquellas acciones coherentes con el derecho nuevo que vamos consiguiendo, que se sostiene en Tratados Internacionales y en un cambio de paradigma cultural, como la decisión del fiscal Garganta, difundida hoy en Página/12, quien negó el pase a mediación solicitada por una víctima de violencia.

Se trata del caso de una mujer que había denunciado a su marido - quien con una botella rota, amenazó con degollarla- y que, tras volver con él, solicitó el retiro de las actuaciones judiciales. El fiscal se basa en el compromiso del Estado argentino de prevenir, investigar y sancionar hechos de violencia contra la mujer, por lo que existe un impedimento de naturaleza para aplicar la ley de resolución alternativa de conflictos penales. Si aceptase pasar a mediación, implicaría una violación de la Convención de Belén de Pará, que prevé que cada Estado debe adoptar medidas para evitar agresiones contra la mujer, conminar al agresor y garantizarle a la víctima el acceso a un juicio oportuno al acusado.

La víctima de violencia que no recibe la contención necesaria, frecuentemente vuelve con el agresor.

Cuando se elevan las denuncias, se necesitan refugios para las víctimas, contención psicológica, un abordaje integral de la situación. Si además la mujer depende económicamente del agresor, o está menoscabada en los derechos que le corresponden – si no percibe la cuota alimentaria para mantener a los hijxs, o no puede conseguir un lugar en el cual vivir con ellxs-, resulta muy difícil llevar una vida lejos de la espiral de violencia.En esta complejidad tenemos que enfocarnos y trabajar muchísimo todavía.

No callemos más, no permitamos más, no toleremos mensajes discriminatorios en los medios, ni publicidades que ensalcen al “macho” porque tal vez parezcan simpáticas o inocuas, porque no lo son. Van abonando el terreno en el cual aparecen los cadáveres y van constituyendo un depósito de armamento simbólico que reacciona contra todo el esfuerzo que el movimiento de mujeres y de una sociedad que va aprendiendo a vivir democráticamente.

Porque así como ha logrado juzgar a torturadores y desaparecedores de personas por razones políticas, también se va empeñando en eliminar todas las formas de discriminación de las que va tomando conciencia.