martes, 11 de octubre de 2011

Taki Ongoy

El arte puede lo que no pueden otras cosas, otros lenguajes.
En vísperas del ahora "Dïa del Respeto a la Diversidad Cultural", que fuera demasiado tiempo "Día de la Raza", a quien quiero rendir homenaje,a quien quiero expresar un inagotable reconocimiento, es a la contribución de un artista: Vïctor Heredia.



En 1986, cuando todavía era difícil visualizar la América india, sobre todo aquí, en la tierra de los gringos, se lanzó esta obra magnífica, bellísima y contundente. otro relato, desde el punto de vista ausente, olvidado, vencido. A las letras y las músicas de Víctor y los arreglos de Panchi Quesada se unieron artistas exquisitos -Mercedes Sosa, Juan Carlos Baglietto, Jorge Fandermole, entre otros-, textos recitados por Héctor Tealdi que estremecen, y una fuerza interpretativa que nace del compromiso de un hombre decidido a echar a rodar un mensaje diferente.

Pidieron la censura al gobierno de Alfonsín, la curia se alarmó y hasta habló de excomuniones, como en la historia de violencias y despojos que nos atravesó desde el siglo XVI, cuando se produjo el más traumático choque de dos mundos.
Frente al vencedor, el mundo perdido no se resignaba...

Taki Ongoy viene de Taki Unquy, en quechua: 'enfermedad del canto' -también escrito como Taqui Ongoy, Taqui Onccoy y otras formas más- que fue el nombre de un movimiento indígena de compleja configuración surgido en los andes peruanos aproximadamente desde 1564 hasta 1572. Abarcó Huamanga, Ayacucho, Perú, desde donde se propagó a Lima, Cusco, Arequipa, Chuquisaca y La Paz contra la reciente invasión española. Era una rebelión religiosa que incitaba al regreso al culto de las huacas (que son los dioses pre-hispánicos y los recintos en los que se realizaba su veneración).Se creía que las huacas -enojadas por la expansión del cristianismo - se posesionaban de los indígenas y les hacían tocar música, bailar y anunciar la voluntad divina de restaurar la cultura en la población bautizada. Para los hombres y mujeres del taki unquy la danza y el canto eran la vuelta al origen. Un ritual capaz de vencer al dios europeo:anulaba el bautismo. Juan Chocne lideró la rebelión que fue duramente reprimida por el visitador Cristóbal de Albornoz.


Olvidado, este movimiento fue rescatado por la historiografia peruana recién en el siglo XX, en la década del sesenta y está siendo discutido y revisado hasta ahora. La trascendencia del Taki Unquy rebasó las fronteras del Perú cuando Víctor Heredia lanzó un álbum con un nombre semejante : Taki Ongoy.

Si no han escuchado aún esta obra, háganlo. Hoy mismo. Se editaron CDs que se consiguen a precios accesibles y se encuentran en stock. El librito incluye, además de las letras, ilustraciones de los libros de cronistas, la ficha técnica, un hermoso Prólogo escrito por Víctor, en el que dice:

Quienes suponen que la historia puede ser contada desde una sola posición, desde un solo punto de vista, se equivocan, por eso no pretendo que esta que presento aquí sea la única versión. No lo es, ésta es la de los vencidos, o por lo menos la de los que aparentemente han sido derrotados, el reverso de la moneda que hasta hoy nos han mostrado los supuestos vencedores; pues habría que preguntarse hasta que punto ha sido vencida una cultura que subyace en nuestra memoria colectiva y pugna tozudamente por perdurar a través de los siglos y lo consigue con la permanencia de sus ritos y creencias ancestrales, con la permanente vigilia de quienes son descendientes directos de los que alguna vez fueron dueños de estos territorios y del continente entero, con la inevitable emoción que nos embarga cuando el sonido de una quena, un erke, un sikus golpea nuestro corazón y nos remite involuntariamente a una zona que nuestra memoria reconoce, dolorida y melancólica, como si ese sonido perteneciera a un bello pasaje de nuestra vida anterior.

Y así debe ser: quizá algunos de nosotros haya sido parte de ese sonido que aleteo en el aire claro de las cumbres andinas cientos de años atrás y también porque no, de aquel español taciturno, valiente y ambicioso que se aventuró hasta estos confines a pesar de sus temores, movido por su sed de riqueza y conquista.

Estamos hechos, pues, de los dos barros: del indio y del español. Lo que deberíamos averiguar de una vez por todas a esta altura, es quienes somos: ¿ los conquistadores o los conquistados? Si estamos en este continente de paso, o si formamos parte de él. En definitiva si ésta es nuestra casa. Si así fuera, no cabe duda de que nuestra posición es la de los vencidos, ya que hechos como los que aquí narro se han sucedido a lo largo de toda nuestra historia en una interminable repetición de horrores y calamidades sociales, económicas y políticas, que nos hermana inevitablemente con los primeros pobladores de este continente, avasallados desde la conquista.

No trato de ofender a nadie con esta obra: solamente respondo a interrogantes que mi conciencia plantea respecto de mi posición frente al actual estado de las comunidades indias de América.

Quiero saber hasta donde mi sangre puede asumir el compromiso que tengo con mi tierra y mis hermanos frente al dolor de los que, con nuestra ignorancia , inocente en algunos casos , hemos discriminado como si fueran ellos los culpables de su propia desgracia, cuando en realidad son la llama viva de nuestra conciencia, lo poco que queda de nuestra antigua dignidad, de nuestra bella cultura.

No intento hacer aquí anti-hispanismo: únicamente contribuir a conformar un todo agregando la parte que faltaba.

Una abuela india y un abuelo español transitan por mi sangre. Para que naveguen felices quiero darles un curso firme, apoyado en el respeto y el amor por mi propia cultura, tratando de entender por qué festejotodavía fechas que representan la muerte y el aniquilamiento de bellísimas expresiones artísticas que son parte del patrimonio cultural universal, y de sus creadores que fueron justamente mis antepasados.

América vive y yo soy parte de este cuerpo que se niega a festejar cuando en realidad quiere llorar.

Deseo ese respeto. Necesito la autocrítica porque nuestro futuro se erigirá con hombres conocedores de la verdad y fieles a ella.


Si no comprendemos que ya somos libres jamás alcanzaremos la verdadera independencia.