jueves, 6 de octubre de 2011

Desagravio a lxs anormalxs

Lxs "anormales" -según Mirtha Legrand, la Curia recalcitrante y lxs abanderadxs de valores à la Hotton - contribuyen a proteger los derechos y la indefensión de las víctimas de lxs " normales"...
Resulta que tanto la experiencia dolorosa de Roberto Piazza y que dió a conocer en su libro, como su rol en defensa de sus sobrinxs abusadxs, como la participación de varias entidades defensoras de derechos de niñxs y adolescentes, han permitido una reforma del Código Penal en el cual la prescripción de un delito se contabilizaba desde el momento en que era cometido.

Esto es fundamental tratándose de los abusos contra niñxs. Tal como indica el artículo 119, el “abuso sexual simple” contra un o una menor de 13 años puede ser penado con entre seis meses y cuatro años de prisión. Si existe un sometimiento sexual continuo se eleva a ocho y 20 años, como pena máxima.En adelante, la prescripción, que coincide con el monto de la pena prevista (entre 6 meses y 20 años, según el caso), regirá desde que el o la menor cumple los 18 años. Ahora, los plazos para juzgar y condenar el abuso se amplían considerablemente cuando se trata de menores.

El proyecto había sido presentado en el Senado por María Eugenia Estenssoro y aprobado el pasado 8 de septiembre de 2011. La ley fue promulgada ayer en una ceremonia realizada en Olivos por la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner.


En 2008, Piazza, - quien sería después insultado sin anestesia en un almuerzo televisivo por Mirtha Legrand quien atribuía a los gays que adoptaran niñxs tendencias pedofílicas por el mero hecho de ser gays-, escribió "Corte y confesión", libro en el cual relató que su hermano mayor lo había abusado sexualmente desde los 5 hasta los 17 años. El diseñador inició una campaña pública para modificar la ley con el objetivo de ampliar el plazo de denuncia del delito. Porque, hasta ahora, el plazo comenzaba a correr a partir de la medianoche de perpetrado el abuso -con lo que al llegar a la mayoría de edad muchas veces estaba prescripto el delito-, aún en los casos en que el abusador fuera el padre o tuviera a su cargo a la víctima. Dado el poder que suele ejercer el abusador sobre la persona abusada, en general las denuncias no se realizaban a tiempo y por lo tanto, los acusados no llegaban a ser juzgados.

Recuerdo lo escrito el año pasado en este blog, a propósito de otro "anormal", el genial Pepe Cibrián, cuando hacía gala de su inteligencia y su sensibilidad en el debate sobre la adopción por parte de parejas no heterosexuales.

Celebro que lxs "anormales" estén aportando tanto por una sociedad en la que quienes ponen los criterios de normalidad están en baja.

Entre ellxs, algunos son citados por la Justicia para declarar sobre crímenes de lesa humanidad en los que consintieron o participaron, y no se les mueve un pelo, y declaran por escrito por su jerarquía eclesiástica. Otros tienen condenas por abuso y gozan de libertad, como el sacerdote que vive cerca de la Fundación en la que cometiera sus crímenes.



En cambio, lxs "anormales" están oxigenando una sociedad enferma de impunidad que está atreviéndose a dejar atrás lo dado desde siempre, que está atreviéndose a mover límites. Que ha podido ser creativa y darse otros caminos para recorrer, a partir de un flaco del Sur que llegó a la Presidencia y se comportó como un díscolo, y demostró que se podía inventar otro país, y que se hace más humano, conducido por una mujer de la cual cada día nos asombramos y nos enorgullecemos más.