lunes, 8 de agosto de 2011

Hubiera querido...


Hubiera querido tenerte a mi lado, sentado junto a mí, Tito, Viejo amado, cuando el sábado pasado presentaron en Gualeguaychú el libro de poemas de Rosa María Pargas, "Hubiera querido", de libros de De la Talita Dorada.
Ausencias y retornos funden lo personal en una historia compartida. Una hija que permite que la madre que ha encontrado en una escritura y una voz que resisten el olvido nos emocione y nos toque, me hizo encontrarte ahí donde podés salirme al encuentro, en esas cosas que dan sentido a nuestra vida que puede ser minúscula y propia, o fructificar en trocitos que componen otras muchas.
Te digo esto porque a Rosa, su hija Raquel la fue conociendo a través de esos papeles sueltos, esas servilletas y cartas que su abuela- la mujer de tu amigo, el querido médico del frigorífico con el que compartías charlas y opiniones políticas-, guardó en una caja que Lolicha revolvía para tener un poco de su hermana...hasta que fue sabiamnete entregada a sus hijos. Ahora podemos conocerla en los versos que habitan un pequeño librito.


Tengo que contar que Rosa María partió a estudiar y a participar de su presente de lleno. Estuvo presa por su militancia y en esas circunstancias conoció a Albeto Camps.Gran parte de los poemas reunidos en el libro datan de esos días de encierro. Con la amnistía de Cámpora recuperó la libertad. Se exilió en 1974 y continuó militando en la clandestinidad hasta que fue secuestrada en 1977.Permanece desaparecida. Fue vista en El Vesubio, sitio al que llegó hace muy poco la condena de la justicia para los dueños de la vida y la muerte que la tuvieron en sus manos. El libro se presentó en Buenos Aires al otro día de conocerse la sentencia.
El sábado 6 de agosto en un salón colmado de amor, de emoción y de alegría en Gualeguaychú, Mariano y Raquel, su hermana Lolicha, su compañera Leticia, su prima Ruby,- mi compañera de militancia-, el editor y los testimonios de amistades y compinches la devolvieron de otra manera a su pueblo natal. Y se la devolvieron a Raquel y a Mariano también, a partir de lo que contaron quienes la recordaron y contaron anécdotas entrañables de los días de la vereda y el colegio.




Yo te sentí muy cerca, Viejo querido. Tal vez te hubiera impresionado ver a esa hija, tan parecida, que nos contaba cómo costó hacer este libro. Raquel tenía once meses cuando arrebataron de su lado a su mamá; no había en las cartas que quedaron palabras para ella, tan chiquita. Dice en el prólogo que solamente contaba con "recuerdos prestados" hasta el encuentro con su poesía. Y con su voz, gracias a un cassette amarillo grabado a instancias de Carlos - su hermano,también desaparecido- en algún momento entre 1974 y 1977.
A Raquel, la otra tarde, no pude contarle el recuerdo de esa vez, cuando a mis cinco o seis años, Rosa y Alberto estuvieron en casa. Lo habías atendido a él en el consultorio a pedido de tu amigo y colega. Ellos estaban clandestinos. Sentada en la falda de aquel extraño, yo pedía "que se quedaran un ratito más"...
El padre de Rosa y vos tenían distintos puntos de vista con respecto a la lucha revolucionaria a la que se entregaron.Pero te jugaste, Viejo. Así como te peleaste esos chicos, tus alumnos del colegio, discutiendo el peronismo,la izquierda, la lucha armada, -entre los cuales hubo quienes se fueron y no regresaron-, los admiraste en su compromiso. Jamás dijiste ese "algo habrán hecho" que pretendió justificar o hacer olvidar. Ese "algo habrán hecho" que estaba instalado en gran parte del contexto de mi infancia y adolescencia y que un señor el sábado pronunció como el sentido común instalado, ensordecedor, haciendo hablar bajito de la espera sin final, de alguna llamada, de algún rastro en medio de tanta congoja escondida.
En la vuelta de quienes ya no están, que retornan en cada acto de memoria, en las baldosas, en esos escritos que han dejado, en la búsqueda de justicia, en la reivindicación de sus porqués, en los detalles que nos aguardan para acercarnos a un pasado que también es presente, hay un puente de amor que nos alcanza.
Ese amor que nos sale al encuentro en los poemas de Rosa -los que ahora conocerán quienes consigan el libro - estoy segura, trasciende el tiempo y la muerte en cierta forma. Por eso me corrijo, Viejo. Estabas allí, en esos aplausos y esas canciones que cantaron al rescate de la poetisa que era la hija de tu amigo querido, la combatiente, la amiga, la mamá de Mariano y Raquel, la compañera...Rosa María.
Lo siento porque en el compromiso de hoy seguimos huellas. No inventamos nada de cero. Retomamos y desandamos caminos que otrxs transitaron, dejando los yoes para construir los nosotros, los míos para construír los nuestros. Tan necesarios, tan exigentes.