martes, 2 de agosto de 2011

FLORENTINA

Tuve el privilegio de conocerla y escuchar su discurso, uno de esos con los que ella te impactaba.
Su cuerpito chiquito y encorvado daba paso a una fuerza potente y desafiante. A ese talento y a esa fuerza le rindo homenaje, Florentina, precursora...
Por fortuna,coincidimos,hace apenas dos años, en la presentación del libro ”Mujeres que hacen historia” editado por la Unión de Mujeres de la Argentina -en el que participé como entrevistadora, correctora de a partecitas tarea que me permitió conocer ejemplos de vida maravillosos-, libro en el que una escueta autobiografía (formato curriculum) está incluída.
Había sido premiada por la institución que tanto nos ha dado a las mujeres argentinas desde un lugar de trabajo incansable, y todavía pendiente de justo reconocimiento. Ella recibió la Mención Margarita de Ponce -que la UMA entrega anualmente- en 1997, en reconocimiento a su trayectoria política en defensa de nuestros derechos. Fue distinguida -como lo fue por la ONU en 1999, en el Año Internacional de las Personas de Edad, la Cámara de Senadores y la Cámara de Diputados de la Nación- por su lucha por los derechos de las mujeres, sobre todo en su tarea como Diputada Nacional.
El capítulo del libro que se refiere a su vida se titula:"Digo lo que pienso y hago lo que digo".
Durante su desempeño como Presidenta y Vicepresidenta de la Comisión de la Mujer, Familia y Minoridad – nótense las denominaciones, estamos ubicadas en el período de recuperación democrática iniciado en diciembre de 1983- impulsó leyes claves, entre ellas, la Autoridad de los Padres Compartida (Patria Potestad), Equiparación de Hijos Matrimoniales y Extramatrimoniales, Modificación del Código Civil con inclusión del divorcio vincular, Pensión al/la concubina/o; Planificación Familiar, Papanicolau obligatorio, Técnicas de Maternidad Asistida (primer proyecto sobre inseminación artificial en Argentina), la Despenalización del Aborto a la mujer violada y además fue coautora de la iniciativa por la cual se modificó el artículo 60 de la Ley Electoral abriendo camino a la Ley de Cupo femenino, ley 24.012.
Cuando ingresó al Congreso tenía 72 años.
Fue maestra, abogada,pero sobre todo, una luchadora que renunció a cargos cuando las dictaduras se imponían, y volvía al llano a seguir peleando por la democracia.
Radical hasta los tuétanos, Florentina demostró que su compromiso con las mujeres no era un discurso que pudiera bajar cuando la disciplina partidaria o las circunstancias lo recomendasen. Articuló con otras colegas la defensa de iniciativas a favor de las mujeres, transversalmente. Presentó duras batallas con varones de su propio espacio. Es mucho decir.
Deploraba que las médicas no fueran más explícitas en su defensa de la despenalización del aborto y que se refugiaran en la “academia”. Insistía en que nadie desea abortar, que se trata de una realidad causada por la falta de posibilidades de elegir para nosotras y por la falta de educación. Creía en la dimensión transformadora de educarnos. Creía y promovió siempre la profundización de la democracia a partir de nuestra inclusión efectiva, de nuestro protagonismo. La de nosotras.
Sentía y decía que las mujeres en la política padecíamos la dependencia de referenciarnos, de consultarlo todo con varones, fueran maridos, líderes o referentes, y que necesitábamos apoyarnos en nuestro propio peso específico.
Creo que es una pérdida para el grupo de defensorxs de nuestros derechos. Recuerdo claramente sus palabras el día del lanzamiento del libro. Recreaba una conversación con esas mujeres a las que les gusta decir: “no me gusta la política”, “no me interesa”, “no entiendo de política”… Ella respondía: “Mujer, si no te interesa la política, ¿para qué vivís?”