miércoles, 8 de diciembre de 2010

Soldati: ataque siniestro a una experiencia colectiva



Es tan fácil destruir, como de una patada un castillo de arena, lo que cuesta tanto esfuerzo!

Es tan fácil provocar una pelea infame entre los/as desposeídos/as y desesperados/as, enfrentando víctimas entre sí!

Es tan fácil para el uniformado mirar a quienes ocupan como blancos y no como semejantes!

Es tan ardua la organización para, por ejemplo, construir las casas que se habitarán, desafiando la lógica de la dádiva, reforzando lazos de solidaridad, rescatando lo colectivo!

Hay muchos intereses económicos contra la unión y organización de los/as villeros/as. Hay muchas personas que explotan compatriotas e inmigrantes, a las que solamente reservan balas, hambre o desalojos, sin importarles en absoluto sus derechos más elementales a comer, a un techo, a trabajar, al respeto. Algunas de esas personas alcanzan una Jefatura de Gobierno votadas por otras personas que se regocijan con la expulsión de los desagradables indigentes a punta de pistolas Tauser al mejor estilo Cacciatore.

Hay muchos intereses inmobiliarios que se ciernen sobre los espacios públicos como buitres, pero lo ocurrido en Soldati también entraña un deliberado ataque a lo más importante: las experiencias de organización disruptivas y horizontales cuyos protagonistas no piden migajas ni planes; experiencias que enseñan que no siempre ni inexorablemente, se será botín del clientelismo partidario.

Por algo ocurre el desalojo violento de Soldati.


El gerente, el juzgado, el ministerio no se ensucia las manos, otros lo hacen por ellos, como lo dicta una costumbre maldita de balas, gases e indiferencia social.

El medio sensacionalista repica la imagen negativa de la villa y del asentamiento, de las personas culpables de no tener nada, y más culpables aún de intentar luchar por algo propio.

Basta de tolerar esta violencia y no olvidemos de preguntarnos: ¿a quiénes les sirve todo esto?