lunes, 13 de diciembre de 2010

10 de diciembre

El viernes 10 de diciembre me ilusionaba poder festejar mi 43vo. cumpleaños de manera inusual, en la Plaza, entre una multitud de compañeros y compañeras militantes y de gente que se acercaría a disfrutar un festival de música, una celebración de la democracia, en esa costumbre de congregarnos y mezclarnos y sentirnos protagonistas.

Y la tormenta de la muerte fogoneada desde las sombras trocó la ilusión en angustia. La cacería de personas, el odio desenfrenado y estúpido - que sirve para esquivar la responsabilidad propia en una realidad que no gusta, que es cómodo y funcional a quienes nos someten y nos explotan, o nos compran - armando una escena de terror, no podía sino interpelar hasta lo más hondo: ¿cómo puede sucedernos esto como sociedad? ¿cómo es posible que un monigote, inepto en todo sentido, pueda manejar el engranaje paralelo de dádivas, clientelismo y mafia en los barrios que abandona y desprecia, buscando asestar un golpe al gobierno nacional, demostrando que hace falta mano dura y "orden"? ¿Será que mucho progresismo de la boca para afuera falló, o no quiso dar vuelta como la taba el engranaje y así dejó latentes estructuras nocivas, allanó el camino a yuppies devenidos en políticos? ¿Cómo puede decir un Jefe de Gobierno impunemente, que Argentina debe filtrar el acceso a las personas migrantes, culpables del colapso de los servicios del Estado, esos que su gestión ha pauperizado como pocas?

Sé que hay varias respuestas y desde el fino análisis de los compañeros de los blogs, los de Aliverti, los de Sandra Russo y muchos otros, se traza el mapa de la infame supervivencia de prácticas perversas. El país menemista - aún más, debería decir golpista-, está latente y se alimenta de los sofismas con que los medios machacan una y otra vez las cabezas morosas para el pensamiento y los corazones duros.

Sabemos, todas y todos nos cruzamos a diario con los latiguillos contra los "negros villeros" - supuesto nido de la delincuencia-, contra los "paraguas"y "bolitas"- que supuestamente quitan el trabajo a la gente nativa, usan nuestros hospitales y subsidios -, como si aquí fuésemos rubios y de ojos celestes, como si ser rubio y de ojos celestes, y blanquito, significara de manera automática decencia, honradez, superioridad. Como si no tuvieramos el riesgo de estar alguna vez en su lugar, desposeídos/as de techo, respeto o cuidado y pudiéramos bastarnos desde una
patética autosuficiencia.

Vergüenza que europeos/as dan en su trato con extranjeros/as, nosotros/as incluídos/as. Da vergüenza ajena. Lo escuchamos de mil maneras, cada día; lo aguantamos a veces para no encarar una discusión interminable porque estamos apuradas/os por laburar, por llegar a tiempo a alguna parte en la que a lo mejor, derrochamos energía en conversaciones políticamente correctas entre "bienpensantes", necesarias, no digo que no, pero restringidas en su efecto.

Decía el inolvidable Albert Camus, que no era blanco del todo y había nacido en la colonia francesa de Argelia, que "el primer acto de libertad es decir no frente a lo inaceptable".

Vale recordárnoslo para cada oportunidad y cada momento en el que la xenofobia, la idiotez y la miseria de alma se nos aparezca brutal o camuflada.

Vale pensar cuánto nos queda por trabajar para reforzar los valores que defendemos. La manera de desactivar estos estallidos de fascismo manifiesto - porque hay otras múltiples formas más sutiles que nos atraviesan y son más difíciles de detectar- es diciendo, demostrando, haciendo todo lo posible y más todavía para eliminar esa vulnerabilidad que hace que los pobres maten a pobres, el/la gorila de clase media crea que se le quita algo que en un principio, no le pertenece sino que pertenece a un pueblo en su conjunto como es el disfrute y la garantía de su derecho social básico al trabajo digno, la vivienda, la educación, la salud así como al respeto y a la vida.
No puedo ser libre si a mi alrededor, esa libertad no fluye mis semejantes.

Los derechos humanos no pertenecen a individuos calificados en detrimento de otros, lo necesario para detentarlos no se acumula como la plata en una cuenta bancaria: los méritos para el goce de los derechos humanos fundamentales se tienen desde que se nace. Por eso son universales.

Por eso los Estados democráticos tienen el deber de trabajar para defenderlos y garantizar su ejercicio pleno. Y nuestro deber como ciudadanas y ciudadanos es la promoción de esos derechos. No cabe otra más que involucrarse en esto, sin peros y sin condiciones.

Y si hay miles que votan a un atropellador de derechos, a un esquilmador de lo público - eso que debe gestionarse para todas y todos- y lo bancan, y no les importa que espíe, desvíe dinero de la educación pública a la privada, que haga groseros negociados inmobiliarios, que no sea capaz de articular una declaración convincente sin que le soplen al oído; si su mérito es echar indigentes de las plazas y culpar a las lluvias de la provincia por inundar la ciudad de Buenos Aires en vez de trabajar con efectividad en obras de infraestructura...Si es bien recibido por Susana Giménez en su programa y se jacta de comprar picanas eléctricas para su lastimosa policía metropolitana
- acción que como tantas otras, mal encaradas, fueron impedidas por la Justicia-, y podríamos seguir enumerando papelones y canalladas hasta la semana que viene, entonces...entonces, ¿quiénes somos o qué hacemos para permitir un Macri, para no parar el clientelismo, para no mirar para otro lado la miseria y el dolor de tantas personas usadas como botines a repartir entre punteros?

El domingo pude festejar, en la plaza por las otras costumbres y otras prácticas que vamos conquistando.La celebración de la hermandad, de lo que aprendimos con tanto dolor y tanta herida abierta gracias al ejemplo de las locas aquellas de la Plaza que siguen caminando y sembrando sin odio y sin venganza. Entusiasma el cambio que reconoce a otras figuras como referentes: los aplausos cerrados de los miles a las imágenes de Evo Morales, por decir un ejemplo,dan muestra de una conciencia que se expande y crece: somos latinoamericanas/os, salidos de la mezcla de sangres,de historias terribles de opresión y rebeliones libertarias derrotadas quizás pero no muertas.

El domingo sentí que más allá de la manera en que los/as responsables del gobierno comprometidos/as con atacar las raíces de esta podredumbre, sea un Ministerio nuevo que tome a su cargo el control de la polícía, deuda pendientepor cierto, o que el Ministerio de Desarrollo Social haga lo que el Gobierno de la Ciudad debería hacer por ser sucompetencia territorial y no hizo ni hará nunca, más allá de los gestores, todos y todas tenemos un rol imprescindible, inmenso que cumplir.

No tengo las respuestas, - cómo?!- tengo un año más de errores y aciertos, de amores y de entregas, de pérdidas yde ganancias de afectos.

Me siento feliz, aún con estos vaivenes, de protagonizar una lucha. Desde donde estoy,entre tanta gente diversa, entre tantos/as canallas, aún con el nudo en la garganta por estas muertes tremendas,que reproducen las infinitas preguntas y búsquedas.¿Cómo hacer? Qué podemos inventar? A quiénes no estamos mirando? ¿Qué permitimos o dejamos pasar?

Y estas preguntas que son haceres, porque asaltan en medio del trabajo, la escritura, el intercambio, la sonrisa, el abrazo conmovido de mi compañero adorado, la mirada de mi hija y mi hijo, a quienes sólo puedo heredarles mi conducta y mis errores, y tal vez, ojalá, algún ejemplo.
Estas preguntas son la vida, la vida que no es mía sino un haz de vidas que me componen y descomponen en permanentedevenir, una vida que sólo un poco, - pero un poco inmenso que mueve montañas-, podemos encauzar para algún camino imaginado.