jueves, 2 de diciembre de 2010

Una larga cadena

Los sucesos de Formosa obligan a reflexionar, a evitar complacencias y a admitir dolorosamente que este crimen contra la comunidad La Primavera es otro eslabón de la larga y vieja cadena de atropellos,asesinatos y despojos invisibilizados y tolerados. Es nuestra historia. Algo que hace más de 500 años viene sucediendo. Si se la empieza a ver, a dimensionarla, cuesta acercarse. Cuesta obtener información, es difícil dar con el aporte de historiadores/as que narren cómo eran los pueblos vencidos. Cuesta saber cómo dieron la lucha o cómo los sacrificaron a la codicia de una Europa que trajo la cruz y la espada. De los conquistadores, sabemos mucho más que de quienes los precedieron y vivieron en esta tierra americana con diferentes y ricas culturas. Que tuvieron conflictos, que desarrollaron arte, ingeniería, astronomia, que convivian con la naturaleza de manera armónica.

La cultura vencedora arrasó con todo e impuso su versión y el olvido. Y hasta hoy. el desprecio hacia aquellos/as sobrevivientes a quienes redujeron a condiciones inhumanas de vida.
Las naciones que lucharon por su independencia en Latinoamérica contaron entre sus fuerzas a indígenas. Estaban luchando, como miles de negros y negras que combatieron por una libertad de los pueblos americanos que era la promesa de su libertad como seres libres e iguales.La promesa moderna, ilustrada de la igualdad y la libertad, sabemos o sospechamos, no se cumple nunca, en el momento en el que se declama, está excluyendo del universo que abarca toda particularidad y en ese acto, las particularidades se ordenan jerárquicamente: el libre y racional, es el varón blanco propietario. Ni las mujeres, ni los indígenas, ni los negros, ni los/as pobres.

Nuestras jovenes naciones americanas se fueron configurando con esta tensión que continúa.Divididas gracias a los oficios de las élites que consiguieron sus objetivos de acceder al poder político y así acrecentar su poder económico, - cuyos líderes eran esos más iguales que otros, por supuesto- se hirió de muerte a la Patria Grande Latinoamericana. Así pudieron ser mejor manejadas por otro colonialismo férreo en nombre del libre comercio...

Las aspiraciones de los sectores que ponían siempre la sangre y el esfuerzo fueron históricamente relegadas. Quienes los consideraron hermanos y hermanas, dueños/as legítimos/as del territorio -los hubo, por cierto!- fueron traicionados, obligados al destierro, murieron en la tristeza y la pobreza. Y una historia tramposa los convirtió en personajes tolerables apartando de sus biografías su entrega y compromiso con la justicia y la emancipación social. Obra monumental de Mitre, que resultó efectiva tanto como su otra creación, el diario "La Nación".

Belgrano, Artigas, San Martín, Monteagudo, Güemes, trabajaban por la libertad de su América entendida como libertad de los habitantes, dignos y verdaderos ciudadanos/as : indígenas, negros, criollos, mujeres...Juana Azurduy fue distinguida con grado militar. Los traidores la olvidarían y moriría en la pobreza, como el creador de la bandera.

San Martín desobedeció la orden de reprimir a los caudillos federales. No obtuvo el apoyo para continuar con el proyecto emancipador, no pudo estar junto a su esposa en el momento de su muerte porque se le prohibió la entrada a Buenos Aires de regreso de Cuyo. Tuvo que exiliarse hasta el fin de sus días.

A la historia hay que reconstruírla de a jirones, con fragmentos, con un esfuerzo militante.
De esto se trata pues: comprender las formas de la opresión de las mujeres sin nombre que realizaban espionaje, empunaban armas y atendían heridos, devueltas a su rol de amas de casa y siervas del varón tras la batalla, sin recompensa ni reconocimiento, ni justicia. Comprender los intereses detrás de esas divisiones entre unitarios y federales. Cómo fue que el federalismo se consagró en la Constitución pero todavía hoy no termina de plasmarse en un ejercicio concreto.Cómo se segregó de la libertad, la propiedad de su tierra, de sus derechos humanos más elementales a las comunidades originarias, por obstaculizar un modelo concebido para enriquecer a unas pocas familias dueñas del poder.Cómo se eliminó también al gauchaje, desplazándolo forzosamente al genocidio del pueblo paraguayo y de los pueblos de la Patagonia, en nombre de la ampliación de las fronteras y justificando su sacrificio por la "vagancia"que se les atribuyó, convenientemente. Los que mandaron a matar pensaron en la inmigración europea como el recambio necesario de mano de obra. Los textos de Alberdi y de Sarmiento son ilustrativos al respecto.

Hoy podemos trazar esa línea de continuidad, son otros actores pero no tan distintos, a la vez. Ahora hay barones sojeros grandes y pequeños buitres que se enriquecen a costa del agotamiento de la tierra y de -nuevamente- la miseria de las comunidades que resisten los desalojos y una miseria que nos duele y también nos avergüenza.

Feudos provinciales, que continúan en pie en pleno siglo XXI, avalan el accionar violento de los que avanzan después de matar.No hay marchas a lo Blumberg por "indios" o "indias" caídos, como tampoco por los pibes villeros que caen bajo el gatillo fácil o bajo otras sofisticadas formas de exterminio, como el paco.Algunos/as de nosotros/as, tenemos nombre. En otros casos hay que hacer un esfuerzo de memoria, no replican los medios sus datos, como si algo les faltara todavía para acreditar humanidad suficiente para el recuerdo.


En el libro "Los Quilmes contamos nuestra historia", editado por la Comunidad Quilme, Pueblo Diaguita, sus descendientes se refieren a la otra versión que han ido reconstruyendo contrariando aquella otra, la oficial, que estableció su desaparición de los valles calchaquíes tras el destierro al que fueron condenados tras ser vencidos por los españoles, después de una heroica resistencia.

Las "Guerras Calchaquíes", en las que intervinieron los Quilmes, Calianos, Hualfines, Tolombones, Cafayates, Amaichas y Tafíes, entre otros, duraron más de ciento treinta años; el último titaquín vencido fue Juan Chalimín, que lideró el levantamiento final en la zona que abarcaba desde La Poma en Salta, hasta el valle de Catamarca y la Rioja. Luego una traición y otra masiva invasión desde tres direcciones al valle se logró con el sometimiento de estos bravos pueblos. Desde las ruinas de su ciudadela reconstruída tras un período de usurpación y literal entierro, - y que impactan a quien hoy las visita - los Quilmes fueron obligados al destierro. Conducidos a pie en 1665, primero a Tucumán, luego, a Córdoba y finalmente, a Buenos Aires, donde los ubicaron en una estancia que recibió el nombre de "Reducción de la exaltación de la Santa Cruz de los Quilmes"". Después llegarían familias Acalianas.Allí los varones estaban obligados a mitas periódicas al servicio de la ciudad de Buenos Aires y sus vecinos. Además del trabajo forzado para otros, se le impedía a la cuarta parte de la población producir su propio sustento.

Para 1812, Quilmes fue declarado pueblo libre, lo que dió origen a la ciudad. Los mayores habían tratado de conservar su organización a pesar de las adversidades y el Protector de Naturales presentó al entonces Primer Triunvirato el pedido de aprobación de los cargos de Alcalde y Alguacil Mayor para quienes habían sido electos en la Reducción. Se pidieron informes al cura Rivas,encargado en la reducción, quien alegó que "sólo quedaban ünos escasos indios ociosos y miserables", por lo cual solicita se declare su extinción para así poder repartir las tierras a aquellos "que quisieran trabajarlas". El Triunvirato solicita otro informe al Protector de Naturales que desmiente a Rivas, pese a lo cual los "patriotas"en 1814 declaran libre a toda clase de personas del pueblo de Quilmes, anulando la jurisdicción indígena y decretando de propiedad del estado a sus tierras, sólo respetándoles los terrenos que ocupaban.
Se repetía la usurpación territorial, esta vez de manos del gobierno patrio independentista.

La otra historia, reconstruída por los Quilmes de los valles calchaquíes, da cuenta de la supervivencia de sus antepasados que lograron huir a los cerros; de una Cédula Real que reconoció la titularidad de las tierras de los Quilmes y Amaichas en 1716, y de su rol como mano de obra esclava en las encomiendas de los espanoles, forma de explotación que sobreviría hasta la Asamblea de 1813 e ilegalmente, por mucho tiempo después ya en el territorio independizado de España. No habían desaparecido.

Crónicas de la época colonial señalan que los Quilmes tenían 11 poblados bajo su control. Y también, que hacia 1800, terratenientes de Salta avanzaron sobre sus tierras y las de los Amaichas. Recurriendo a la justicia, los amaichenos lograron retener sólo una parte. Cuando se abrió el Registro de la Propiedad de la provincia de Tucumán en 1892, los Amaichas inscribieron la Cédula Real como título pero, con nuevos límites instaurados, las tierras quilmeñasde la banda oeste del Río Santa María fueron inscriptas a nombre de los usurpadores.

Consumada la trampa, nuevamente los habitantes tuvieron que trabajar para los terratenientes las que eran sus tierras, mal pagados o gratis, para poder permanecer en el lugar. Esto es lo que se llamaba "obligación"; además, tenían que entregar al patrón sumas anuales de dinero, parte de las cosechas o del ganado si querían cultivar o criar animales, a merced de los turnos de agua regulados exclusivamente por el usurpador. El destierro era el castigo para quienes se rehusaban a estas condiciones así como el de los rebeldes a votar por el partido del patrón. La policía y el juez de paz aparecían para despojarlos de sus pocas pertenencias y para castigarlos con azotes. Los terratenientes eran los contratistas de los ingenios y al mismo tiempo, ocupaban los cargos de administración de justicia. Las mujeres eran abusadas, y los/as niños/as también debían trabajar.

En 1973 se realiza el Primer Parlamento Indígena de los Valles Calchaquíes. Se sumaron también otros pueblos como Tobas, coyas y Mapuches. Se planteó un proyecto de expropiación de tierras que debían ser devueltas pero el Golpe del 76 truncó la lucha.

Avances y retrocesos constantes, aprendizajes y nuevos abusos, divisiones inútiles,reabren las heridas y repiten la tragedia de la conquista española. También recogen la enseñanza de la práctica, de la lucha que se recrea, y en el texto,los Quilmes declaran: "Nuestra identidad no está perdida: la vivimos cada día. Sólo tenemos que cuidarla y mantenerla,y valorar los conocimientos que, desde hace milenios, se transmiten de generación en generación y llegan hasta nosotros".

Entre el año 2003 y 2007 ejecutaron un Proyecto de Desarrollo de Comunidades Indígenas por medio del INAI, dependiente el Ministerio de Desarrollo Social de la NAción; realizaron un diagnóstico de la situación de las comunidades de base y surgieron proyectos vinculados a las necesidades generales de la comunidad, como el aspecto territorial y el productivo, logrando la provisión de agua de riego por la perforación de pozos y el mantenimiento y sistematización de vertientes, la asistencia jurídica a los comuneros, apoyo a la educación, instalación de radios comunitarias, asesoría técnica del INTA, UNT, entre otros organismos del Estado. Y dicen : "Somos conscientes de que 340 años de negación y estancamiento no pueden revertirse fácilmente, pero con el trabajo conjunto caminamos hacia otro futuro. Un futuro mejor".