martes, 2 de noviembre de 2010

Las heridas




Fernán Mirás, en el programa 6,7,8 de anoche, se refirió acertadamente a un fenómeno que tal vez no hemos registrado lo suficiente. Habló de los exacerbados mecanismos de defensa hacia los políticos, las políticas, a partir de las experiencias de frustración y de dramatismo justificado de miles de personas. Esas, alrededor nuestro, que no pudieron llorar, condolerse, abrirse.
Habló de la heridas provocadas por muchas experiencias, esas que mutilan.
Experiencias terribles como el quedar descartados/as, como muebles viejos, del acceso al empleo.
Que no se pudiera tener un proyecto mínimo de subsistencia digna. Que el tren no pasara más por el pueblo, que cerrara la fabrica y no tuviera ni siquiera la fuerza necesaria para ir a incendiar gomas a la ruta para terminar ofreciendo el pecho a la gendarmería, no teniendo ya nada más que perder.
La desesperanza de no poder proyectar un futuro, tener que dejar atrás la vocación para rebuscarse, no poder irse, o irse a otro país con el alma partida para intentar encajar en alguna parte.
El temor de quienes no tuvieron hambre pero sí se vieron al borde del precipicio de la clase, quizá con un título universitario, y una historia personal de prácticas que no podía reconvertirse en estrategias en las que otros/as, pobres estructurales, villeros/as,tenían un doctorado.
Ese temor cristalizó en un escepticismo feroz, en una incapacidad para entusiasmarse aún cuando la vida propia, la ajena, esté transformándose sustancialmente.
Ojos que no podían llorar.
Hombres y mujeres blindados, desde sus heridas, como para poder abrirse a una ilusión y reconocer lo que sucedía, lo que está sucendiendo. A decir "sí" a algo bueno. Y no digo óptimo, digo bueno, que es muchísimo para toda la cadena de maldades pasadas.
Me gusta Fernán Mirás, me gustó lo que señaló. Nos viene bien para pensar en muchos/as que conocemos, que queremos, que sabemos no son gorilas, no son jodidos/as, son solidarios/as, que son sensibles. Pero temen al poder como si éste residiera solamente en el ámbito de lo político, en un sillón presidencial.
Temen la dualidad y la ambivalencia, quieren pero no pueden asumir el entusiasmo del compromiso en el que tantos y tantas nos hemos metido con todo.
Quizás ahora podamos recargar mochilas de paciencia para abordar, con los/s que hemos dejado de hablar de esos temas de la política, del gobierno. Trazando una distancia. Otra herida.
Porque hemos padecido un 'lonjazo", como dijo Aníbal Fernández, que dejó en carne viva a una sociedad.
La partida de quien curó muchas de esas llagas y devolvió la posibilidad de soñar, haciendo un espacio generoso para participar en la construcción de otro presente. Y en pocos, muy pocos años.
Ése quien -con una potencia inimaginable para estas tierras-, alcanzó y rebalsó a tanta gente. Incluso a quienes todavía no pueden llorar, pero fueron alcanzados por la muerte de Néstor. Y fueron tocados, sin duda, por esa oleada de amor y gratitud, esa oleada de sentimientos expresados sin pudor y con el orgullo de ser partes de la misma historia, del mismo sueño.
Hay personas que tal vez, están a la espera de una charla en la que no se parapetarán en los argumentos que les habíamos escuchado antes.
Fernán Mirás, gracias por tus ojos rojos, te emocionás como me emocionaste en la pantalla del cine hace tantos años, me emocionaste con tu emoción sincera anoche, cuando escuchaba tu reflexión que provoca estas palabras y me animará a encarar otras charlas pendientes, necesarias, que tiendan ese puente de confianza, para sumar.
Que nos queda mucho por hacer, tanto, tanto!!! Y mientras hay puertas y corazones con mil cerrojos, nuestro proyecto está abierto a quienes tienen esa herida que deja cicatrices pero no impide seguir adelante, reinventando la alegría.
Porque el amor es más fuerte...