jueves, 29 de julio de 2010

La mujer es la esclava del mundo


En 1972 uno de esos artistas inolvidables, John Lennon, escribió "Woman is the nigger of the world" "La mujer es la esclava del mundo" (la acepción de la palabra "nigger" en inglés refiere a "negro / esclavo").
Desde su condición de varón, Lennon dice:

"la hacemos pintar la cara y bailar, y si no es esclava, decimos que no
nos ama"/ "si es auténtica, real, decimos que está tratando de ser un hombre"/ "mientras la sometemos fingimos que está por encima de nosotros"/"la mujer es la esclava del mundo"/"sí lo es"/ "si no lo crees, mirá a la que está con vos"/
"la mujer es la esclava de los esclavos"/ "sí, más vale que lo grites"/
"la hacemos responsable de tener y criar a nuestros hijos"/ "y después la dejamos por ser una vieja gorda matrona"/ "le decimos que el hogar es el único lugar donde debe estar"/ "y después nos quejamos de que es demasiado poco mundana para ser nuestra amiga"/
"La insultamos a diario por TV"/ "y nos preguntamos porqué no tiene agallas o confianza en sí misma"/ "cuando es joven matamos su deseo de ser libre"/ "le decimos que no sea demasiado lista y la dejamos por ser tan boba"
"La mujer es la esclava del mundo"/ "sí que lo es"/ "mejor que lo grites".


La particular importancia de esta canción es que quien habla es el varón y pone en evidencia la contradicción de un modelo social que trasciende las clases, las fronteras, las culturas. Y que además, moldea maneras de ser y de sentir de varones y de mujeres. Claro está que, mientras unos están en una posición dominante, otras son oprimidas.

La subordinación de la mujer ha estado asentada sobre bases económicas.En su obra "El origen de la familia, la propiedad y el Estado", Federico Engels analizó críticamente los trabajos antropológicos realizados en el siglo XIX y senaló la importancia de la reproducción social así como de la reproducción biológica en la perpetuación de los grupos sociales, razones de la institución familiar.La mujer cumple el rol de la reproducción biológica pero también de la socialización de los niños/as: sobre todo la educación, que reproduce el sometimiento a las reglas del orden establecido.

Los acercamientos sexuales están regulados por normas que los limitan o los autorizan bajo determinados parámetros. De la legitimación de las relaciones sexuales establecidas entre los individuos para el establecimiento de la institución familiar con una división sexual del trabajo, se dan las formas institucionales de familia, que aunque cambiantes históricamente - con distintas peculiaridades según la formación social de la que se trate-, asignan invariablemente el puesto predominante al varón.

La familia es una institución histórica. En la tradición Occidental pero también en la de Oriente, los Libros Sagrados -el Antiguo Testamento, el Corán, la Biblia- que fundamentan los valores culturales que se traducen en las instituciones, las prácticas y las opciones disponibles para las personas, expresan el mismo odio a la mujer. El mismo juicio esencialista justifica su opresión. El filósofo contemporáneo Michel Onfray escribe en su "Tratado de Ateología": "Las religiones del Libro detestan a las mujeres; sólo aman a las madres y esposas. Para salvarlas de su negatividad consustancial, para ellas no hay más que dos soluciones -de hecho, una en dos tiempos-, casarse con un hombre y darle hijos. Cuando atienden a su marido, cocinan y se ocupan de los problemas del hogar; cuando alimentan a los niños, los cuidan y los educan, ya no queda lugar para lo femenino en ellas: la esposa y la madre matan a la mujer. Con eso cuentan los rabinos, los curas y los imanes, para tranquilidad del varón".

Puede objetarse que con la secularización, con un Estado laico, esta armazón ideológica se resquebraja. De ninguna manera. Recordemos lo sucedido a Olympe de Gouges que luchó durante la Revolución Francesa. En nuestro país, hasta 1888 el único matrimonio reconocido era el católico; como tal, indisoluble, sin derechos para la esposa. El voto femenino en Argentina data de mitad de este siglo y recién en 1954 se aprobó la patria potestad compartida, medida derogada luego por la revolución "fusiladora". El divorcio levantó una polvareda terrible en 1987, cuando ya contábamos con mujeres diputadas de la talla de Florentina Gomez Miranda, por ejemplo. Pero cada medida en pro de la educación sexual, de la procreación responsable o planificación familiar ha despertado las resistencias más violentas porque esto implica un ataque a un modelo patriarcal que ha perdurado, modificándose levemente, por milenios.

El peso propio, intelectual, político y una imagen divergente del modelo "maternal" para la política que representa la primera presidenta mujer de la Argentina provoca en parte de nuestra sociedad, un sentimiento misógino y machista. De parte de varones y de mujeres, por supuesto.

Hoy asistimos a la reacción poderosa, iracunda, ante el cuestionamiento de este lugar de la mujer como reproductora, como propiedad del varón padre o del marido, de un modelo heterosexual, de un modelo de familia.

En este contexto de lucha que cuestiona supuestos muy profundos sobre maneras de vivir es que la letra de la canción de Lennon es tan pertinente. La violencia permanente y silenciada hacia la mujer, la forma en que la ley dispone de su cuerpo, regula milimétricamente lo que puede sucederle, al abrigo de prejuicios y de intereses no confesados, como si no fuera tan persona, tan ciudadana como el ciudadano, tiene apariencias cambiantes pero se trata de la misma vieja historia de dominio, de alienación y de explotación.

¿La mujer sigue siendo la esclava del mundo? Miremos alrededor, y hagamos algo al respecto.