lunes, 12 de julio de 2010

Saquen sus rosarios de nuestros ovarios

Sus rosarios y sus cruces manchadas de sangre.
Que bendijeron las vejaciones y las mutilaciones que perpetraron los españoles en América Latina.
Que enseñan desde pequeñas a las mujeres que son el instrumento de la tentación por tener un cuerpo que debe ser sólo destinado a la procreación, y no al placer.
Que permiten a los varones dominar en nombre de su naturaleza, que calla ante el subsecuente ejercicio de la violencia y la opresión de sus hermanas, de sus esposas, de sus hijas, de sus empleadas, que odian a las que se escapan del modelo abnegado y maternal.
Que absuelven en los confesionarios a las que tienen los medios para abortar con garantías, pero no quieren oír hablar de educación sexual ni de aborto legal.
Que preparan a sus "cuadros" para obstaculizar los encuentros autoconvocados de mujeres, donde desde hace más de veinte años se da un espacio multitudinario de reflexión y acción desde ellas y para ellas: espanto! es nocivo y no pueden dejar que funcione.
Que determinan como enfermo lo que no entra en su ideario.
Que temen con resentimiento toda manera libre de amar, de pensar, de vivir.
Que no se hacen cargo de la vida de esas muchachas de las que defienden sólo el vientre, sin importar si fueron violadas, si morirán en un parto peligroso, a las que no asisten si dan a luz contra su voluntad o a pesar de un alarmante diagnóstico médico. Las de ellas son vidas descartables.
Que intervinieron en la represión más nefasta justificando las desapariciones, las apropiaciones de bebés, las torturas, en nombre de una "pacificación".
Que persiguen en el seno de la Iglesia a aquellos hombres y mujeres de fe sincera y compromiso, monjas, curas, laicos y laicas entregados/as por la artera delación o trasladados/as de los lugares donde contribuían a construír socialmente solidaridad, intentos de justicia concreta para desarticular su trabajo.
Que reciben dinero del Estado para sus abultados sueldos, que cuentan con exenciones impositivas para sus lujosas propiedades mientras salen a pedir por "los pobres".
Que prometen un más allá para justificar la más profunda inequidad y odio en el más acá.
Basta de bancarnos tanta hipocresía, tan vieja, tan cómplice, tan cómoda, tan metida en la cultura y el "sentido común".
Si quieren abrir la boca para decir algo, que primero pidan perdón por su cinismo y su ostentación de riqueza y poder.
Que pidan perdón por encubrir a los abusadores y genocidas.
Que prometan no invadir las esferas en las que no tienen nada que hacer. Que en todo caso aconsejen a quienes voluntariamente se integren en su seno. Y ni un paso más.
Que, para ser coherentes con la palabra que predican, renuncien a sus privilegios.En el evangelio se dice :"es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el reino de los Cielos".