miércoles, 19 de marzo de 2014

Campo de batalla. Cuerpo de Mujer

"No me pasó nunca, que alguien se sentara y me dijera, "Che, contame. ¿Cómo fue? Y que se quede escuchando lo que vos contás. No me ha pasado nunca."

Con estas palabras comienza el documental Campo de batalla. Cuerpo de Mujer, estrenado el año pasado y que volverá a exhibirse en el Espacio INCAA Gaumont, Rivadavia 1635, este jueves 20 a las 18 hs., el viernes 21 en el Auditorio Kraft, Florida 681, Subsuelo, a las 18 hs. y el martes 25 nuevamente en el INCAA Gaumont a las 22 hs.

El documental de Fernando Álvarez, con investigación de Lizel Tornay y Victoria Álvarez, despliega ante nosotros el relato de la que ha sido tal vez, la violencia más silenciada que se desplegó durante el terrorismo de Estado: la violencia sexual sistemática, distinta de la tortura, dirigida a lo más íntimo de la subjetividad de las mujeres secuestradas y detenidas ilegalmente durante la noche más oscura que la Argentina recuerda.El documental nos invita a pensar a partir de una escucha que no es sencilla, pero que no podemos negar. Es una deuda para quienes pueden poner en palabras lo que otras no han podido, y lo que padecieron quienes ya no están.

Algunas fueron reducidas a la esclavitud. Otras, sometidas a abortos forzosos. Todas ultrajadas. Era una orden. Algún efectivo no pudo cumplirla, se narra en el documental: "Tenía un resto de humanidad", dice quien no olvida este episodio: la violación reiterada y entre varios represores. Aparecen en las palabras que han podido vencer tantos obstáculos, laas humillaciones, las violaciones múltiples y en presencia de terceros, los abusos reiterados, las extorsiones imposibles. Los fantasmas y terrores producto de ese ataque que dejó huellas más dolorosas y persistentes que la picana. Varios y dolorosos testimonios levantan un velo todavía persistente sobre este tipo de accionar, que no puede explicarse bajo la falacia de la "necesidad" de la "guerra sucia", para "aniquilar un enemigo". ¿Para qué se las violó? ¿Con qué objetivos?

La complicidad de funcionarios judiciales está expresamente plasmada en el relato de una sobreviviente que pensó que tenía en él a alquien que podía defenderla en ese entonces... ¡Un juez! Tal vez ese personaje sea uno de los cinco ex magistrados sentados en el banquillo de los acusados en los juicios de lesa humanidad de Mendoza, precisamente, por dar respuestas como la que le dió a esta testigo: "Pero hija, ¿no te habrás caído?"

Esa violencia que redujo a las prisioneras a objeto de la forma más brutal.¿A qué respondió ese tratamiento como propiedad de sus compañeros, de propiedad de sus captores? Hipocresía y prejuicios......" no hables de eso..."
¿Qué sintieron al ser sometidas para atacar a sus compañeros también prisioneros? No es cualquier violencia. No la podían creer hermanos o familiares. Todavía no se soporta. Quienes compartieron el infierno lo supieron, lo presenciaron, lo escucharon. Es frecuente que nunca se lo volviera a mencionar.Entendemos porqué no se puede narrar algo así, y entendemos también que es el tiempo de pensar porqué no se puede decir, y si el no poder decir habilita el que se haya podido hacer... o se habilite esa violencia ahora para negarla reiteradamente. En otro contexto, pero con la misma desventaja. Por ser mujeres.Se marcó en ellas un mensaje a todas las mujeres que olvidaron el lugar asignado por la ideología de género que expresó la dictadura. Las violaciones y abusos dejaron huellas en ellas, en su psiquis, en sus cuerpos vejados, en sus vidas.

La violencia sexual es un tema que permanece pendiente para todxs, no solamente para la justicia que debe hacerse. Este tema no ha sido todavía tomado por la sociedad que tanto ha luchado y sigue luchando por los derechos humanos, y que lucha por la eliminación de la violencia de género.

La violencia sexual no fue cosa de algún delirante, La violencia sexual fue sistemática. Un delito de lesa humanidad. Un mensaje cuyo efecto se mantiene con la indiferencia y el silencio.