lunes, 11 de noviembre de 2013

Orgullos y vergüenzas

Quizás parezca desmedida la marcha del orgullo que celebra la diversidad en un marco de derechos adquiridos y cambios culturales impulsados por luchas y movilizaciones que encontraron eco en una dirigencia política de avanzada.
Estamos convencidxs, muchxs, de que la sexualidad y su control se relacionan íntimamente con la política. Con los roles que asumimos y naturalizamos en un orden heredado, que no inventamos, que convenientemente asigna lugares y jerarquías, que se mantiene injusto en la medida en que se presenta como inalterable.
La hipocresía es el eje de todo esto. De muchísimas exclusiones de seres que son patologizados, medicalizados, encarcelados, exterminados.
Hipocresía, sí, esa que permite que quienes señalan con el dedo cometan las mismas infracciones o “delitos”, “pecados” en la más cómoda de las discreciones protegidos por lo que el dinero asegura.
Nuestra democracia se profundiza con la diversidad de maternidades, de matrimonios, familias. Se profundiza con el acceso a más personas con derecho a ser llamadas como quieran, a tener deseos diferentes. Que han sido víctimas también de la represión que la jerarquía eclesiástica bendijo...sin haber pedido perdón por eso todavía, como tampoco por los abusos de menores que esconde sistemáticamente.
Vergüenza es que todavía las mujeres no podamos ejercer el derecho a la interrupción voluntaria del embarazo y vergüenza es que se permita la judicialización y el martirio de quienes son más vulnerables, víctimas de la falta de acceso a la información, a la salud, violentadas por parejas o varones que siguen actuando como si fueramos su propiedad.
Vergüenza es que una y otra vez mueran mujeres a manos de sus maridos, novios, ex esposos y aleccionadores que consideran que hay una manera – sumisa y obediente- de ser mujer.
Vergüenza es que un Jefe de Gobierno con aspiraciones presidenciales ignore la Constitución, las leyes, sus deberes de velar por nuestra vida y mande presa a una mujer que en la guardia de un hospital, se desangra. Después de todo, para él y la gente de su partido, con senadora electa que opina que a las parejas gays hay que dar en adopción niñxs a los que nadie quiera, que reproduce todas las estigmatizaciones posibles, el estado no es más que un vehículo para beneficiar a amigxs empresarixs. Lección aprendida de los tiempos de la dictadura cuando los mandamases de las botas se llenaban los bolsillos y emparedaban las villas. Vergüenza es que el diseñador de ese producto publicitario llame a Hitler “espectacular”.
Los hospitales porteños se caen a pedazos. La escuela pública es acechada para perder su carácter democratizador, integrador y formador en respeto a la diversidad.
Vergüenza es robar, se decía en el pueblo. Las plumas de una travesti tienen más dignidad que la cobarde afrenta que una derecha solapada y que brama por la libertad de expresión, hace a las Abuelas, a los nietxs recuperadxs, a las Madres, a la memoria de Néstor y a la persona de Cristina que desafía a cada paso los estereotipos patriarcales más instalados, por la extraordinaria solidez de su figura. Mujer, líder, militante, coqueta, presidenta de la Nación reelegida por un 54 %.
Orgullo por las leyes obtenidas, que nos hacen un país único en el mundo.

Orgullo se siente de recuperar la memoria y de hacer justicia a la complicidad empresaria y eclesiástica por los crímenes de lesa humanidad y el legado de la deuda externa e interna; vergüenza dan los ataques a un lugar como el Archivo Provincial de la Memoria de Córdoba donde se lleva a cabo la Megacausa de La Perla y donde dirigentes impresentables reivindican a represores, mantienen narcos en la policía, o replican papelones en el Congreso denunciando funcionarios nacionales y medidas que benefician a las mayorías.
Orgullo se siente al ver que a pesar de tanta infamia, seguimos organizándonos con matices y con debate, mientras se nos plantean como toda propuesta opositora el terrorismo mediático y operaciones desestabilizadoras. Orgullo nos da que se haya instituido el Archivo de la Memoria de la Diversidad Sexual y que esté trabajando para rescatar esas historias de los tiempos de terror "occidental y cristiano" con su sexismo y su odio desaparecedor.
Orgullos y vergüenzas se suceden en nuestra diaria construcción de la democracia. Redefiniendo los límites y cuestionando lo instalado como inalterable, dejando atrás los prejuicios, asumiendo la historia reciente, la responsabilidad es de todxs y cada unx. Bailamos, celebramos, luchamos y seguimos siendo inconvenientes, transgresorxs, hacedorxs de nuestros sueños.