jueves, 25 de julio de 2013

León

El León era hijo de Augusto Ferrari, un artista italiano que había realizado unos frescos en un templo en Turín. Era ingeniero. Pero se dedicó al arte y al compromiso ético. Su obra abordó cuestiones ligadas a la política, al sexo y sobre todo, a la denuncia de la violencia e hipocresía de la religión católica.

Recordamos cómo una vez irritó el artista León Ferrari al actual papa, quien encabezó una cruzada contra una memorable exposición suya en 2004 en el Centro Cultural Recoleta. La llegué a ver antes de su precoz levantamiento, tras ataques de fanáticos adoctrinados. Impactaba sobre todo un Cristo sobre un bombardero estadounidense enviado a Vietnam (obra que había presentado para el Premio Di Tella de 1965 y había sido rechazada entonces), denominada “La Civilización Occidental y Cristiana”.

Bergoglio, amigo de las cartas malintenionadas, expresó entonces: "Hoy me dirijo a ustedes muy dolido por la blasfemia que es perpetrada en el CCR con motivo de una exposición plástica" y se manifestó apenado de que "este evento sea realizado en un Centro Cultural que se sostiene con el dinero que el pueblo cristiano y personas de buena voluntad aportan con sus impuestos". Era Ibarra el Jefe de Gobierno, claro, con el actual no hubiera sufrido tamaño disgusto. Bergoglio calificó de "blasfemia" y "burla a los valores religiosos y morales de los argentinos", a la muestra en la que piezas como el bombardero, o frascos con preservativos pintados con la imagen de Juan Pablo II entre otras, encendieron la furia santa…
El artista simplemente respondió con algo que aún debería ser repetido una y otra vez, por ejemplo a jueces y a incautxs que se alegran de tener un papa de procedencia nativa. Recordó a la iglesia por los "delitos que cometió en Argentina y en otras partes". La iglesia que había callado las desapariciones, ahora hablaba para censurar en democracia. Esa iglesia que invade ámbitos públicos y se mete con nuestras elecciones vitales, con nuestra libertad de pensar, con la política partidaria y no hace nunca un mea culpa por sus crímenes antes de que pasen al menos cuatro siglos…

El León en cambio, en 1976 había recopilado un grupo de noticias sobre la represión de la dictadura militar. Tuvo el coraje de publicarlas con el título de “Nosotros no sabíamos”. Esa frase terrible del tiempo en que surgían las pruebas de la tortura en los centros de detención de la dictadura. Esa frase que exculpaba a una sociedad que para el marco de entonces, el auge de la teoría de los dos demonios, había sido totalmente ajena al genocidio.
El León tuvo que exiliarse en San Pablo, Brasil, perseguido por la dictadura cívico militar desde 1976 hasta 1982 y tras la guerra de Malvinas volvió a Buenos Aires. Durante su estadía allí se enteró de la desaparición de su hijo Ariel, secuestrado por un grupo de tareas de la ESMA.
Del silencio de Bergolio tanto como de su elocuencia epistolar en tiempos de la dictadura sabemos bastante. Y el posterior, también, por ejemplo cuando aseguró que se enteró "durante los juicios" (de lesa humanidad) de la apropiación de hijxs de desaparecidxs.
Sin comentarios.

El León fue fundador del antirreligioso Club de impíos, herejes, apóstatas, blasfemos, ateos, paganos, agnósticos e infieles (CIHABAPAI) que una nochebuena allá por 1997 envió una misiva al papa Juan Pablo II a su domicilio del Vaticano. EL CIHABAPAI escribía: “Se acerca el fin del milenio. Se acerca, posiblemente, el Apocalipsis y el Juicio Final. Si es cierto que son pocos los que se salvan, como advierte el Evangelio, se acerca para la mayor parte de la humanidad el comienzo de un infierno inacabable. Para evitarlo basta volver a la justicia que Dios Padre dictó en el Génesis. (...) La justicia del Hijo contradice y viola la del Padre. La existencia del Paraíso no justifica la del Infierno: la bondad de los pocos salvados no les permitirá ser felices sabiendo eternamente que novias o hermanas o madres o amigos y también desconocidos y enemigos (prójimo que Jesús nos ordena amar y perdonar) sufren en tierras de Satanás. Le solicitamos entonces volver al Pentateuco y tramitar la anulación del Juicio Final y de la inmortalidad. Lo saludamos atentamente”. Como no obtuvo respuesta, la carta fue vuelta a remitir en las vísperas del año 2000, acompañada por la firma de 150 personas.

Expuso "Infiernos e idolatrías contra las torturas humanas y divinas", en el Instituto de Cooperación Iberoamericana. De nuevo la polémica con la iglesia y los grupos católicos. La muestra apeló al impacto visual, pero por sobre todo, como lo señaló el crítico Claudio Zeiger, “a la belleza con ideas contra la “pasión por la crueldad”: esa que la religión cristiana cultivó a lo largo de los siglos “para hacer que la fe terminara siendo una cuestión de temor al castigo”.
“Occidente está lleno de mártires que fueron torturados”, señalaba el artista: “pero al mismo tiempo, desde el Antiguo al Nuevo Testamento, se exaltó y justificó la crueldad del castigo con la amenaza del Apocalipsis y del Infierno. Por eso digo que esta muestra es un alegato contra la tortura,divina o humana”.

El León expuso una paloma en vivo que, dentro de una jaula, estaba posada sobre distintas imágenes del Juicio Final, para cagarse lisa y llanamente en esas representaciones del castigo eterno para los hombres y mujeres que desvían el camino. Decía : “No quiero que todo esto quede como una piolada de mi parte, una manera de buscar efectos, porque hace treinta años que trabajo sobre la religión y su relación con la violencia”, advertía el artista y autor además de numerosos ensayos que se convirtieron en ponencias de congresos internacionales: Conquista y religión, Jesús y el antisemitismo cristiano, Arte y poder, Sexo y violencia en la iconografía cristiana.

Era celebrado y admirado este León. Por ejemplo, fue beneficiado con la beca Guggenheim en 1995. Recibió en Argentina el premio Konex de Platino en la disciplina Arte Conceptual 2002-2006 y el Konex de Brillante, al artista más destacado de la década en Argentina,((2012) tras haber recibido antes dos Diplomas al Mérito Konex en 1992 y en 2002. Expuso en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA), el Reina Sofía de Madrid y el de Arte Moderno de Sao Paulo, entre otros.

En 2002 el León inventó las “Electronicartes”, imágenes sobre la actualidad argentina e internacional que enviaba por correo electrónico.

El León fue galardonado con otro, el León de Oro en la Bienal de Arte de Venecia, y en 2010, distinguido con el Premio al Mejor Artista Internacional vivo por el conjunto de obras presentadas en la feria de arte contemporáneo de Madrid ARCO. Ese mismo año participó con una instalación en el Bicentenario en la cual denunciaba nuevamente el silencio y complicidad eclesiástica con la dictadura.

Al cumplirse 35 años del secuestro, asesinato y desaparición de Rodolfo Walsh, el Espacio de la Memoria inauguró la instalación artística "Carta Abierta a la Junta Militar”, a partir de una idea suya. Montada en el “Bosque de Eucaliptos”, frente al Casino de Oficiales de la ex ESMA, la obra consistió en una instalación de catorce paneles de vidrio con la transcripción completa de la Carta Abierta de Walsh. Y este año, para el nuevo aniversario del golpe, se inauguró en el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti el “Taller Ferrari” con más de 500 piezas realizadas con diversos objetos, soportes, materiales y herramientas, así como obras emblemáticas y otras menos conocidas.

León bravo y de hermoso legado, el que nos ha dejado. Elocuente y preciso, decía en 2008 a una agencia de noticias: "La religión tiene una influencia muy grande en nuestra cultura, una influencia nefasta. La religión es de una intolerancia extrema, que se transmite a toda nuestra cultura, sin olvidarse que los exterminios tienen un origen religioso”.