sábado, 24 de marzo de 2012

Vuelos


Vos me estás mirando y yo voy a caer,
colgado en tu sién.
vos me estás mirando y yo voy a caer.
no me ves pero ahí voy
a buscar tu prisión
de llaves que sólo cierran...
no ves pero ahí voy a encontrar tu prisión.
y la bruma rebota siempre hacia aquí.
espuma de miedo,
viejo apagón,
y la bruma rebota, siempre hacia aquí.
Solo voy a volver,
siempre me vas a ver
y cuando regrese
de este vuelo eterno.
solo verás en mí,
siempre a través
de mí un paisaje de espanto así.
Y el nylon abrió
sus alas por mí...
y ahora ve solo viento.
y el nylon abrió
su alas en mi.
tu cara se borra,
se tiñe de gris,
serás una piedra sola...
te desprendes de mí,
yo me quedo en vos...
ya mis ojos son barro
en la inundación
que crece, decrece,
aparece y se va
y mis ojos son barro
en la inundación


("Vuelos" Bersuit Vergarabat, 2003, inspirado en el libro de Horacio Verbitsky "EL VUELO.Una forma cristiana de muerte. Confesiones de un oficial de la Armada")


2012

La lista de los pilotos de los vuelos de la muerte.

Hoy como ayer. Memoria, Verdad y Justicia.
Nunca Más.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Heteronormatividad, IVE y biopolítica

"...en el siglo XVIII, una de las grandes novedades de las técnicas del poder fue el surgimiento, como problema económico y político, de la “población”;la población– riqueza, la población-mano de obra o capacidad de trabajo, la población en equilibrio entre su propio crecimiento y los recursos de que dispone. Los gobiernos advierten que no tienen que vérselas con individuos solamente, ni siquiera con un pueblo, sino con una “población” y sus fenómenos específicos, sus variables propias: natalidad, morbilidad, duración de la vida, fecundidad, estado de salud, frecuencia de las enfermedades, formas de alimentación y de vivienda. Todas esas variables se hallan en la encrucijada de los movimientos propios de la vida y de los efectos particulares de las instituciones(..) En el corazón de este problema económico y político de la población, el sexo: hay que analizar la tasa de natalidad, la edad del matrimonio, los nacimientos legítimos e ilegítimos, la precocidad y frecuencia de las relaciones sexuales, la manera de tornarlas fecundas o estériles, el efecto del celibato o de las prohibiciones, la incidencia de las practicas anticonceptivas(…) Es la primera vez que, al menos de una manera constante, una sociedad afirma que su futuro y su fortuna están ligados no solo al número y a la virtud de sus ciudadanos, no sólo a las reglas de sus matrimonios y a la organización de las familias, sino también a la manera en que cada cual hace uso de su sexo”.
(...)
“Nace el análisis de las conductas sexuales, de sus determinaciones y efectos, en el límite entre lo biológico y lo económico. También aparecen esas campañas sistemáticas que, más allá de los medios tradicionales – exhortaciones morales y religiosas, medidas fiscales- tratan de convertir el comportamiento sexual de las parejas en una conducta económica y política concertada.”

Michel Foucault, "La Voluntad de Saber"

Con 53 firmas se presentó el proyecto para la Interrupción Voluntaria de Embarazo (IVE) que impulsa la Campaña por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito.
Esta vez se dará, seguramente, el debate que quedó pendiente el año pasado, cuando los proyectos de entonces perdieron estado parlamentario.En esta demanda, todxs, mujeres y varones de diferentes pertenencias partidarias o perspectivas ideológicas, estamos convencidxs de que no hay otra posibilidad de terminar con esta forma de violencia que se cobra tantas vidas, que aprobar la legalización. La opinión sondeada apoya, voces de distintas confesiones religiosas también.

Atrás de la verba más conservadora y que atrasa, que se opone sistemáticamente no solamente a la legalización del aborto, sino a la educación sexual y a la efectivización de los programas de salud sexual y reproductiva, está ese poder heteronormativo que concibe el control de la sexualidad, discrimina entre géneros normales y los que no lo son, y se declara defensora de la "célula básica de la sociedad", reducto donde en pos de la reproducción se "permite" la sexualidad para la procreación y se prescriben las conductas para la mujer y para el varón. Esta organización familiar -por otro lado-, se cristalizó en un momento determinado en Occidente. No hay que olvidar que lo histórico es contingente, es decir, puede ser así o no serlo, o ser de otra manera. Y que se concibe así en Occidente, que suele presentarse como el centro-modelo del mundo.

Como lo fue en su momento el matrimonio igualitario, la amenaza de la IVE reviste un carácter gravísismo. Sus vocerxs, escandalizadxs, no se equivocan en este aspecto: todo aquello que implique la pérdida de control sobre el cuerpo femenino es impensable para una estructura que, a pesar de los avances registrados, incluso en el ámbito de las políticas públcias, se mantiene incuestionada. Se le llama de distintas maneras.Patriarcado, por ejemplo, es una forma de nombrar formas de organización jerárquica entre los géneros. O bien sistemas sexo-género, como denominan quienes no ven sus manifestaciones necesariamente opresivas, sino como una organización de grupos sociales a los que se le asignan determinadas características,y que induce en la socialización la identidad y el rol de género e infinidad de conductas, sean éstas sexuales o no.Si por patriarcado entendemos a grandes rasgos a un conjunto de prácticas que crean el ámbito material y cultural propios para asegurar su continuidad, aún estamos en un sistema patriarcal aunque se hayan obtenido reconocimientos de igualdad de derechos -al voto, a igual remuneración por igual salario, etc- o inclusive, derechos para las llamadas "minorías sexuales". Las normas escritas o no, los umbrales de percepción y de aceptación, inducen a cumplir roles determinados vehiculizados por mitos que reproducen los medios de comunicación, la publicidad e inclusive, distintos momentos de las legislaciones progresistas. Una sexualidad controlada -por coerción o por consentimiento- constituye un aspecto central en la hegemonía masculina que bien puede vehiculizarse a través del deseo, de lo afectivo, de los intereses de quienes nos socializamos según un control que no parece tal, que es deseado, que no es fácil de percibir en todo su alcance. En en un sistema de fuerzas, que nos constituimos como sujetxs; ignorando la más de las veces aquello que nos atraviesa.

Instituciones como la heterosexualidad, lejos de ser una opción "natural", una "preferencia", merecen ser cuestionadas, justamente por esa insistencia en su naturalidad, ahistoricidad, en esa porfía de fundamento de la reproducción de la sociedad y de los valores. Esto no significa para nada sacársela de encima, sino simplemente, abrir las posibilidades para comprenderla como política, ver cómo somos producidxs por esa heteronormatividad hegemónica, y qué opciones tenemos para lograr liberarnos de lo que sufrimos, no por voluntarismo, sino precisamente asumiendo esa intersección de esas fuerzas que somos. Fuerzas: porque nos preceden y nos gobiernan sin advertirlo, y al mismo tiempo son la posibilidad de resistencia y creación.

domingo, 18 de marzo de 2012

La tozudez

Entre diciembre de 2007 y octubre de 2011 fueron procesados 802 represores y condenados 243 en 12 juicios por delitos de lesa humanidad.

La tozudez lo ha logrado, el persistir en la búsqueda del esclarecimiento de todas las dimensiones que tuvo el accionar del Estado terrorista que marcó a la sociedad argentina para siempre. La perseverancia de Madres, Familiares, Abuelas, luego, de H.I.J.O.S, superando los intentos de cerrar la etapa dejando todas las heridas abiertas y a todxs los cómplices civiles sin ser siquiera visibilizadxs.
La tozudez de quienes, sin estar en ninguna agrupación, procesaron por dentro que no podía digerirse la calamidad de la tortura, el robo de la identidad y la historia de bebés nacidos en cautiverio, y las versiones patéticas que procuraban revivir la teoría de los dos demonios. Tozudez que lxs hacía también resistir a su manera, manteniendo la indignación bien alta, marchando cada 24 de marzo, sosteniendo discusiones cotidianas o esgrimiendo la condena social.

Durante el tiempo que duró la impunidad muchxs víctimas y muchxs de lxs que no se dejaron anestesiar por el menemato , el culto al individualismo y al consumo, se fueron sin tener justicia, ni la de los tribunales, ni esa otra forma de justicia que reside en el reconocimiento a quienes padecieron lo intolerable.

Quienes quedaron vivxs para asistir al gesto inesperado – por la firmeza y la decisión desde la más alta responsabilidad de gobierno- de Néstor Kirchner, han podido ver sentados en el banquillo a los asesinos y torturadores, pero también a otras personas que contribuyeron o se beneficiaron con la máquina desaparecedora y la intimidación de la población. Han podido, en algunos casos, recuperar restos de los seres queridos, identificados por el Equipo de Antropología Forense, y hasta saber qué destino tuvieron. Y además, han sido acompañadxs por el reclamo social, en las puertas de los juzgados, en las calles.


Se ha reivindicado a esxs jóvenes, obrerxs, estudiantes, en su militancia y en su apuesta. Placas, baldosas, llevan los nombres y las marcas de lo sucedido con ellxs, para que salgan al encuentro en el espacio público. Muchxs abuelxs han vuelto a abrazar nietxs y siguen buscando. Más de cuatrocientas personas no conocen todavía quiénes son, y a pesar de que las viejas acusan recibo del paso del tiempo y de sus desgracias, un amor inmenso y que rebasa la búsqueda particular – porque es la búsqueda de un colectivo- las sostiene aún, con los brazos abiertos.

Desde 2003 se ha procedido, y esto es lo polémico, - puesto que suscita guerras discursivas acerca de la posibilidad de “apropiación” de la reivindicación de los derechos humanos por parte de un gobierno- , a establecer el vínculo entre los brazos ejecutores y los sectores que animaron esa represión. La principal corporación mediática argentina, capitanes de la industria como Loma Negra, detrás de la expoliación de bienes del Estado, secuestros extorsivos de empresarios, pactos de sindicación y de silencio. Reforzada la alianza oligárquica en democracia con el menemato, las posiciones fuertes estaban aseguradas en medio de los gobiernos sucesivos, del color partidario que fuese.
Pero, de pronto, algo nuevo comenzó con el kirchnerismo. Y volvió la política a concebirse y a ejercerse como herramienta transformadora. Abrió un espacio en el cual la potencia creativa de nuevas articulaciones, nuevas prácticas, nuevas maneras de participar pudieron pujar en la relación de fuerzas histórica que favorecía a los cómplices de ese Proceso iniciado desde 1976, y que se remontaba en parte a mucho antes, catalizando la lucha armada.

Nuevas identidades en pugna; nuevos relatos – varios!- que se discuten; nuevas herramientas para que más y más ciudadanxs efectivicemos esos derechos de los que hablan las leyes pero que no son interpelados, por una distancia material, económica, cultural, simbólica.

Hitos: los juicios por delitos de lesa humanidad y el informe Papel Prensa, la Verdad; el trabajo genuino y la jubilación de las amas de casa, el incremento sostenido de los haberes jubilatorios, la apuesta al desarrollo y a la investigación científica; la antena de televisión digital y la programación de excelencia de los canales Encuentro y Paka Paka; la incipiente, débil aún pero novísima perspectiva de género en las políticas públicas; el fortalecimiento de un bloque económico y político regional de naciones sudamericanas, la diplomacia aguda y firme en relación al tema Malvinas; los programas propuestos para combatir la violencia de género, la trata de personas, las legislaciones de avanzada y la pelea constante para cambiar un paradigma de las fuerzas de seguridad.

Sufrimos la persistencia de concepciones fundamentalistas en un estado laico y en la representación parlamentaria, obturando un debate urgente sobre la interrupción del embarazo, reeditando lo vivido con la ley de matrimonio igualitario.
Todo en medio de una cantinela sistemática de los medios de comunicación cómplices de la Dictadura cívico militar, que controlan aún la formación de la opinión pública porque se quedaron con los pequeños medios de competidores debilitados precisamente, por el monopolio del papel de diario y de la vergonzante asignación de licencias de radio y televisión.Aún así, aún así, se ratificó en las urnas una continuidad a este modelo con un 54 % de votos.

Hay muchísimo por criticar y por exigir, sin dudas. Porque el kirchnerismo se puede hacer cargo, y precisamente por eso gobierna. El resto de las expresiones partidariomediáticas, apuesta a maniobras destituyentes. Algunas expresiones constituyen una ofensa a los ex combatientes de Malvinas, comparándolas con Cancún, que para alguna periodista, sí es un lugar por el cual valdría la pena luchar o reclamar…!!!! Lo realmente delicado es la falta de comprensión de este proceso develado por actitudes provientes desde dentro de lo que el kirchnerismo supo articular en estos años.

Memoria y atención. No por un gobierno, sino por una manera de vivir que deseamos. Donde no se produzcan intimidaciones sociales como la desaparición de Julio López, el crimen de Silvia Suppo o el extrañísimo robo, golpiza y amenaza de muerte a la Madre de Plaza de Mayo Nora Centeno hace unos días en La Plata, justo cuando es citado Videla a declarar en los juicios del denominado Circuito Camps. Ella sabe que no fue un mero robo. El asunto es, ¿quiénes intimidan ahora?

Tozudxs. Por principios y convicciones. Como lo fuera Néstor Kirchner, como lo somos muchísimxs personas, esas que persisten en cambiar los escenarios de injusticia y cambiarse las vidas en la empresa.

miércoles, 14 de marzo de 2012

Las dimensiones subversivas de la cuestión de género

“Nada es más conmovedor que la problemática de las relaciones de género, es una cuestión que incendia los sentidos e incendia la diatriba; nada anima más a la controversia.” Dora Barrancos.

Las relaciones de género lo permean todo. Precisamente por eso es tan importante y democrática la cuestión.Nadie queda afuera, a nadie puede resbalarle la pregunta sobre cómo nos relacionamos, cómo nos percibimos, cuánta autonomía tenemos unxs y otrxs.

Hace treinta años no constituía un tema, apenas comenzaba a salir de ámbitos reducidos de reflexión, sorteando heroicamente períodos de silencio y de terrorismo de Estado. Conmueve, por cierto, si analizamos el camino recorrido por el cuestionamiento alrededor de la equidad entre varones y mujeres, esta instalación de la perspectiva de género, de la que podemos sentirnos felices: está presente como tarea apuntar a visibilizar, desnaturalizar y corregir las desigualdades e injusticias, incluso desde políticas públicas e impulsada no sólo por mujeres con altas responsabilidades institucionales, sino por varones que la han asumido. Es una transformación democrática de nuestra sociedad. De a poco, por supuesto, pero sin marcha atrás.

Para quienes nos hemos replanteado nuestra existencia, nuestros mandatos culturales, la transformación personal es definitiva. Y desde este punto, se puede interpelar lo público, las normas, las instituciones, forzar los límites de lo que se nos presenta como lo dado. Esta conciencia de la inequidad compartida abre a una percepción y a una práctica solidaria con otras, inevitablemente. Actuamos porque vivimos en carne propia un destino impuesto, sutil o brutalmente adivinado en cada dimensión de nuestra vida relacional.
La maternidad forzada, impuesta, producto de una violencia, sale de la oscuridad y el silencio para ser denunciada en la calle. Agita las consignas, los cuerpos de mujeres muy disímiles, exigiendo se las considere como una afrenta intolerable en una sociedad democrática. Es un atentado a los derechos humanos de las mujeres.
No es fácil articular esta demanda de legalizar la interrupción del embarazo. Implicó un proceso largo para llegar a la presencia fuerte de las consignas y los pañuelos verdes de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito de hoy. Una cultura resistente, en la cual el cuerpo femenino no pertenece a una persona libre y autónoma sino que es el vehículo de la reproducción, el objeto del placer para varones, disputa ferozmente una concepción igualitaria de las personas, de todas las personas, varones, mujeres, trans, lesbianas, gays, travestis, que increpamos a los poderes para verificar ese ejercicio a la autonomía, a la sexualidad, a la maternidad elegida, a la igual remuneración por igual trabajo, a no ser muertas por nuestra condición de mujeres o a no ser discriminadxs por nuestra orientación sexual.Porque la igualdad formal está en la letra de la Constitución y en los tratados de derechos internacionales que la Argentina ha suscripto.


Lo que ha catalizado y potenciado el reclamo ha sido justamente el recrudecimiento de las violencias institucionales en medio de tantos avances en lo formal. La desidia de funcionarixs en medio de unas novedosísimas políticas públicas en relación al respeto a la diferencia y a la promoción de la salud reproductiva. Las inexplicables judicializaciones alrededor de los pedidos de abortos no punibles, contemplados desde 1921 en el Código Penal y la imperdonable exposición mediática de niñas víctimas de abusos de esos iguales que son más iguales – los violadores y abusadores-, la intromisión de las concepciones religiosas en un terreno donde prima lo público y laico, la falta de compromiso de la corporación médica con su rol de atenuar el dolor del paciente, los cálculos políticos de figuras que pretenden no chocar con la Iglesia, han puesto al rojo vivo este campo de disputa que es central en la verdadera democracia para todxs.

El fallo de la Corte Suprema de Justicia de ayer es un mensaje claro, a propósito de un caso donde hubo ya una resolución (una adolescente violada por su padrastro, con una judicialización indebida, una sentencia autorizando el aborto del Tribunal Supremo de Chubut pero recurrida por el fiscal) con respecto a tres aspectos claves:
-no cabe judicialización alguna cuando hay una violación,
-no son necesarias pruebas de la violación, sino que basta con la declaración de la víctima o de la persona responsable por ella,
- el requisito de la autorización judicial es superfluo, porque exige algo “donde la ley nada reclama”, resulta un “vallado extra, entorpeciendo una situación de emergencia sanitaria”, además de “un trámite burocrático, innecesario y carente de sentido”. Vulnera el artículo 19 de la Constitución “ningún habitante de la Nación será obligado a hacer lo que la ley no manda ni privado de lo que ella no prohíbe”.


Si judicializar es violar la ley, esquivar los deberes en un caso de emergencia sanitaria, expone a médicos a sanciones. Y los operadores del sistema judicial no solamente son ya negligentes en estos casos, sino que comenten prevaricato: puede iniciarseles juicio político.

El debate sobre la despenalización y legalización del aborto está en el Congreso, lo estará este año, y las diputadas y diputados que apoyan la iniciativa -que viene desde hace tiempo ganando voluntades y un consenso en la opinión pública cada vez mayor-, pertenecen a distintos bloques partidarios.
En el acto del 8 de marzo del jueves pasado, la convocatoria de las organizaciones de mujeres K contaron con el valiente testimonio de la Diputada Nacional por Corrientes Araceli Ferreyra que dijo “yo aborté”; desde allí, desde la vivencia de una circunstancia dramática que no puede ser mantenida más tiempo en la clandestinidad para mantener apariencias y un negocio que le cuesta la vida a miles de mujeres, una mujer legisladora asume el compromiso de impulsar el debate legislativo. Firmando un proyecto de ley, intentando volver a la carga con lo que el año pasado se diluyera en artilugios burocráticos que no están a la altura de las circunstancias, eso personal irrumpe, no cesa de irrumpir y de constituirse en un tema de interés público. Y que reclama ser abordado como lo que es, en una de sus dimensiones: un problema de salud pública al que hay que encontrar una solución. Es hora.

Hay honestidad y conciencia de género en muchxs miembrxs del parlamento para dar la discusión y cumplir con la representación del pueblo, que es la razón por la cual ocupan sus bancas. La incertidumbre es si será suficiente para dar con una norma. Por esto otra Diputada, Adriana Puiggrós, llamó a estar en la calle.

Otra dimensión más profunda y subversiva de la legalización del aborto, en referencia a eso personal que es político, puede ser pensada así: una democracia verdadera es la que asegura el derecho pleno y efectivo para todas las personas, varones y mujeres. Pero lo referente al derecho a la integridad, al poder ser dueñas de nuestro cuerpo y a la elección de la maternidad suscita las polémicas más encendidas, las más feroces resistencias. Pretendemos, nada más ni nada menos, que romper con el cerco impuesto a nuestras elecciones vitales, a nuestra potencialidad para construir otras maneras de integrar lo que ha sido escindido para ser controlado: el deseo y la racionalidad, el reproductivo y lo productivo, lo doméstico y la calle, para ir trocando, paso a paso, la sumisión en paridad.

miércoles, 7 de marzo de 2012

8 de marzo: unas reflexiones filosóficas sobre los feminismos

¿Cómo hablar en nombre de…? ¿Quién autoriza a hablar y quiénes somos las autorizadas a hablar en nombre de las mujeres? Esta es una pregunta de central importancia para los feminismos y para todxs aquellxs que queremos cuestionar las distintas formas de opresión de la vida colectiva, quienes nos sentimos interpeladxs por la repetición de injusticias genéricas. Por lo pronto, arriesgo mi posición: hablar en nombre de, representar a, es lo que está en crisis desde que reclama una reducción de lo diverso a un corsé, un constructo de caracteres comunes. Por ejemplo, “la mujer”, los derechos de la mujer. Hoy hablamos de “las mujeres” y de “los feminismos”.

Porque en la misma existencia compleja y dinámica de esta práctica, teoría crítica, movimiento social, actitud vital, hemos aprendido que, una vez cerrado en una esencia fija –para poder ser representada- , se excluye. Se recorta en nombre de caracteres comunes la diversidad. Y deja afuera no solamente a lo que hoy puede percibirse como lo que “es” y sacrificamos por una economía conceptual, sino también a aquello que en el futuro aparezca, se configure y reclame con justicia inclusión. Si algo importante ha aportado la posmodernidad ha sido el cuestionar las maneras en que el ejemplo paradigmático sirve para borrar y subordinar lo que explica o representa. El sujeto del contrato social, el universal masculino como representante de la humanidad, es un término que se inserta en un orden binario: verdadero/ falso, ser/ no ser, masculino/femenino, razón/ irracionalidad, etc. Desde la antigüedad, el hombre animal racional /ciudadano /libre, se instituye como el paradigma de la humanidad. Y esto es un recorte, una parte de una diversidad elevada al lugar privilegiado de representación de lo humano, arrasando con la diferencia. Por esto las mujeres, los esclavos, los niñxs, los extranjeros, no eran ciudadanos de la democracia ateniense, considerada a su vez – de manera parcial, por cierto- como el inicio de la civilización occidental.

La dificultad es que nuestro pensamiento es conceptual y de que se trata de siglos de cultura y de normatividades atadas a esta tiranía de la abstracción que solamente reconoce lo mismo: los conceptos son construcciones mentales, imágenes por medio de las cuales comprendemos las experiencias de la interacción con nuestro entorno, por medio de la integración, por semejanza y analogía en categorías que agrupan las experiencias. El contenido conceptual luego se hace independiente de cualquier experiencia concreta y expresa únicamente su universalidad: el concepto adquiere una formalidad para clasificar las cosas y ordenar el mundo.¿Cómo cuestionar toda una matriz que nos estructura para experimentar el mundo, para interactuar, para percibir, para comunicarnos? Menudo problema…

Esto no quiere decir que por esto no se pueda hablar, por ejemplo, desde uno de los tantos feminismos que se proponen prácticas de emancipación. Los feminismos – porque no se trata de algo cerrado ni monolítico- han contribuido a visibilizar y a cuestionar vínculos, instituciones, normas, lenguajes que establecen un orden sensible, un orden que asigna roles y funciones, que configura lo visible y lo no visible, quiénes pueden hablar y quiénes sólo emiten ruido. La acción política de quienes no hemos sido consideradas como sujetxs plenxs, constituyen una manifestación que altera y subvierte este orden, en el cual las identidades genéricas son un pilar básico.

La crítica feminista se mueve. Su crítica al poder como dominio no lo exime de quedar presa de las mismas trampas que quiere eludir y denunciar. Las mujeres que luchamos por expresar nuestras voces, podemos – y es parte de la transformación, del constante aprendizaje-, corremos el riesgo de dejar afuera, de caracterizar injustamente manifestaciones culturales, políticas, expresiones que son rupturas, por aplicar etiquetas. Tratamos de hacernos cargo de esto. La diversidad de las mujeres abrió el “ser mujer”; las maneras de transformar en lo cotidiano las relaciones de poder, nos encuentra frecuentemente reproduciendo entre nosotras las exclusiones que queremos desterrar… Nuestra reflexión, nuestra crítica y nuestra práctica política se da en torno a identidades y desidentificaciones para el logro de nuevas relaciones e inclusiones. Paradojal resulta nuestra condición de mujeres y de feministas. Hemos aprendido en nuestros recorridos cómo los mecanismos de exclusión que combatimos y las ideologías que contribuimos a desarmar y develar en su injusticia nos vuelven a capturar, y las reproducimos.

El gesto filosófico feminista recogió la diferencia: se hizo cargo del “ser mujer” subordinado, negado, invisibilizado, no contado para proceder al análisis de las sociedades y culturas que están genéricamente constituidas. El feminismo es político - no partidario- porque representa una alternativa a la cultura dada. Y encarna la alternativa, además. Al hacerlo, denuncia el dualismo razón/ afectos como separados, porque integra la corporalidad – como lo hicieron los silenciados de la filosofía- y por esto complejiza , abre, lo que se piensa como identidad estática, esencial, del “ser varón” o el “ser mujer” en cada momento histórico. Permite imaginar, proyectar otras formas de vida posibles, para mujeres y varones, fuera de las dicotomías rígidas.

Las feministas aportaron el cuestionamiento de este orden de hegemonía masculina, patriarcal(autoridad ejercida por el varón de la familia), y desde la teoría feminista de este siglo, se acuñó el concepto de patriarcado para señalar la situación de subordinación injusta de las mujeres y los niñxs. Con él se alude a una política sexual – según Kate Millet- ejercida por el colectivo de varones sobre el colectivo de mujeres, y hay que remarcar que en este sentido, entendemos política no meramente como la actividad constitutiva del sistema de representación liberal (lo público), sino que la entendemos ampliamente, abarcando todas las estrategias que mantienen un sistema, considerando las relaciones en lo “privado.” Las relaciones de dominación en lo que se tiende a pensar como “lo personal” – y aquí es que la separación entre los ámbitos privado y público se visualiza como parte de estas estratagemas de dominación patriarcal- obligan entonces a considerar lo afectivo, lo concerniente al cuidado, las maternidad, etc., con una lente que desnaturalice las formas que implican la explotación o la dominación que oprimen a las mujeres bajo las máscaras de una naturaleza predeterminada que no puede alterarse.

Existe una prescripción,variable con la historia y los lugares, pero prescripción al fin para cada persona, que la antecede y que está implicada en la constitución misma de su personalidad – relacional-, que traza un camino. Es decir: varones y mujeres somos producidos para ocupar lugares delineados, lugares centrales o subordinados. Cuando nos hacemos cargo de la otra manera en que nos aproximamos y nos representamos al mundo, - en una lucha de interpretaciones- intentamos transformar aquello que nos oprime. Por esto se ha afirmado que feminizamos lo que desde lo hegemónico se presenta como único para salir del lugar subordinado y proclamar su valía.

También,en otro momento, se impone nuestra propia crítica a lo que consideramos “mujeres”, cuando irrumpen otros géneros, y de pronto advertimos aquello que nuestro propio discurso y autorreferencia, necesarios en un momento, seguían invisibilizando.
¿Cómo podemos evitar desviaciones, etnocentrismos, dejar “afuera” a personas y problemas si apelamos cotidianamente al uso de universales? No podemos, ciertamente, si no advertimos desde qué posición/situación partimos, con el inevitable recorte que asumimos que esto implica. Y entonces, nuestra voz y apreciación, nuestros fundamentos, serán provisionales y fragmentarios. Una vez que asumimos que somos efectos, productos, podemos reflexionar y torcer crítica y creativamente esos poderes antes inadvertidos, para producirnos, para devenir otrxs, haciéndonos cargo de nuestra subjetividad en la medida en que nos es posible, y así contribuir también a convertirnos en un colectivo, sin cerrarnos, sin totalizar nuestra identidad colectiva en formación, usando las máscaras identitarias como estrategias creativas para la transformación de nuestros mundos.

Inspiran estas notas las miles de anónimas que nunca se declararon feministas,las mujeres insugentas de los tiempos de la independencia, las indígenas - las más despreciadas y olvidadas-, la entrañable Eva Perón, - a quien le deben un reconocimiento las feministas por su liderazgo que marcó caminos- , a las obreras que dieron origen con sus demandas y luchas a la conmemoración del 8 de marzo en Conpenhague,a las pacifistas,a las Madres de Plaza de Mayo, a Cristina Kirchner, a las piqueteras, a Susana Trimarco, a mis compañeras, a todas las que se han atrevido a cambiar su vida y la otrxs…

domingo, 4 de marzo de 2012

Preocupaciones

La iglesia católica está preocupada por las reformas del Codigo Civil en las que trabajará el Poder Ejecutivo Nacional junto a la Corte Suprema.¿No debería la iglesia católica preocuparse por elaborar un "mea culpa" institucional por la actuacion de su jerarquía durante la dictadura cívico-militar? ¿por los exabruptos del ex obispo castrense Basseoto cuando, ante la legislación emanada por el Ministerio de Salud de la Nación que habilitó el Plan de Salud Reproductiva y Procreación Responsable, vomitó que a Ginés González García "habría que atarle una piedra al cuello y tirarlo al mar", en sintonía con los desaparecedores de los vuelos de la muerte?

La iglesia católica, habiendo colegios religiosos que además reciben subsidios destiandos a su planta docente, se entromete en la educación pública y laica. En la provincia de Salta el juez de la Cámara de Apelaciones en lo Civil y Comercial Sala III, Marcelo Domínguez, hizo lugar a un amparo y ordenó a la provincia que disponga las medidas necesarias para que se eliminen las prácticas católicas en instituciones educativas estatales -como rezar diariamente antes del ingreso a las aulas, bendecir la comida, alabar a la Virgen María, destacar las “enseñanzas de Jesús”, leer versículos bíblicos o celebrar las festividades religiosas, escenas habituales en múltiples colegios públicos de la provincia- , según se probó en la causa y es públicamente conocido. La provincia apelará.
¿¿¿¿???

...Resulta que la educación religiosa es una materia obligatoria en las escuelas públicas primarias salteñas. El juez Domínguez ordenó al gobierno salteño adecuar la currícula de la materia para que tenga un contenido “imparcial, objetivo y respetuoso de la libertad de conciencia y de expresión”. Es decir, el magistrado no objeta que haya educación religiosa “en la medida en que se enseñe como un hecho cultural, como ética y no como una religión particular”...Pero el juez reconoció a las amparistas que la educación pública no debe ser utilizada por el Estado como un dispositivo de reproducción de la religión hegemónica y se basó en tratados internacionales y sentencias de la Corte Suprema de la Nación.

La Iglesia no ha dicho una palabra del caso Grassi, ni le ha quitado las investiduras a Von Wernich, quien apenas ordenado oficiaba en los centros clandestinos de tortura y detención. La Iglesia católica argentina habla de la pobreza y opera políticamente, en función del poder real de la institución en nuestro país. Pero esta iglesia no dona nada de sus beneficios impositivos para aliviar el dolor de las masas pobres. Repasemos un instante nada más, las propiedades con las que cuenta, o indaguemos cuánto de nuestros impuestos, sin importar si somos católicxs o sin que lo sepamos siquiera, van a sus arcas. En su predicamento se amparan en el supuesto de una población mayoritaria que pertenece a sus filas, porque se bautiza, se casa por los ritos religiosos, pero, ¿suscribe la grey católica a la política y al discurso de una institución lobbista que atropella la Constitución Nacional? Habría que pensarlo.

La libertad de credos,(Artículo 14.- "Todos los habitantes de la Nación gozan de los siguientes derechos conforme a las leyes que reglamenten su ejercicio; a saber: de trabajar y ejercer toda industria lícita; de navegar y comerciar; de peticionar a las autoridades; de entrar, permanecer, transitar y salir del territorio argentino; de publicar sus ideas por la prensa sin censura previa; de usar y disponer de su propiedad; de asociarse con fines útiles; de profesar libremente su culto; de enseñar y aprender.") consagrada en nuestra Constitución choca inexorablemente con la política institucional de la iglesia (Artículo 43: "Toda persona puede interponer acción expedita y rápida de amparo, siempre que no exista otro medio judicial más idóneo, contra todo acto u omisión de autoridades públicas o de particulares, que en forma actual o inminente lesione, restrinja, altere o amenace, con arbitrariedad o ilegalidad manifiesta, derechos y garantías reconocidos por esta Constitución, un tratado o una ley. En el caso, el juez podrá declarar la inconstitucionalidad de la norma en que se funde el acto u omisión lesiva).

El Estado nacional - y se supone que las provincias también -está comprometido a no violentar los tratados internacionales que ha suscripto, por ejemplo, la Convención para la Eliminación de toda forma de discriminación contra la Mujer (CEDAW); los derechos sexuales y reproductivos que pueden ejercerse cuando se accede a la educación y a los servicios públicos de salud son inviolables. El derecho a la integridad física lo es: la Ley de Violencia, conocida como la 26.485, consagra el derecho a no ser discriminadas, a la igualdad de oportunidades y de trato, a la intimidad, a la libertad de creencias y de pensamiento, y su lesión constituye una modalidad de violencia. A la conocida, la física, añade por todo estola psíquica, la laboral, la simbólica, la institucional. ..



El amparo presentado en Salta es el que podemos presentar invocando derechos constitucionales contra cualquier forma de discriminación y en lo relativo a los derechos que protegen al ambiente, a la competencia, al usuario y al consumidor, así como a los derechos de incidencia colectiva en general.

Sabemos también que por la falta de democratización de la Justicia en todas sus jurisdicciones hay rémoras autoritarias y patriarcales que dan aire a todo tipo de injusticias y de intromisiones indebidas de las posturas religiosas en las políticas públicas, porque las lesionan. Es la tensión entre lo universal y lo particular: nos guste o no, el Estado debe asegurar derechos para todxs. Si nuestro credo no nos permite elegir otra cosa que ser un vientre reproductor y una servidora de nuestro marido e hijos, paciencia, no utilizaremos los servicios que de todos modos tenemos al alcance porque es nuestro derecho inaliebable y parte fundamental de nuestra ciudadanía como seres iguales con respecto a otros.

Si la Corte Suprema de Justicia y el Poder Ejecutivo van a trabajar en los divorcios sin necesidad de consentimiento de las partes, bueno, ¿qué problema se harán lxs católicxs para quienes el matrimonio consagrado es indisoluble? No utilizarán la ley. Pero otrxs sí, por supuesto, incluso católicxs que profesan una fe genuina sin necesidad de adherir a la política eclesiástica.

Es probable que en unos días nada más, la Corte se pronuncie en una causa sobre aborto legal, en relación a un expediente que tramitó ante el Supremo Tribunal de Chubut y que dictó un fallo ejemplar autorizando el aborto de una adolescente violada por su padrastro, un caso en estudio hace más de un año. Cuestión “abstracta” en términos prácticos, de todas maneras el máximo tribunal quiere emitir una señal rotunda: se supone que ratificará que no es necesaria autorización judicial previa en casos de abortos no punibles (Art. 86, inc 1 y 2 del Código Penal), mensaje rotundo para médicos que tengan dudas y también para jueces retrógrados que imponen sus criterios sobre las necesidades y derechos de las mujeres. Una acordada de la Corte que preocupa muchísimo a los jerarcas eclesiásticos que vociferan y mandan sus fuerzas de choque a los debates en el Congreso de la Nación, y con otras temáticas se guardan a un vergonzoso silencio complaciente.

Recordemos que existe un movimiento de sacerdotes que resisten el celibato, que aprobaron el matrimonio igualitario, y son tan creyentes como Bergoglio(quien a pesar de la igualdad ante la ley de todxs los ciudadanxs, declaró por escrito qué tuvo que ver con la desaparición de jesuitas tercermundistas revoltosos en los años de la dictadura). Pareciera que personalidades como el nombrado no se preocupan tanto por todas las vidas desechables que su caridad cristiana debería atender.

No abrieron las puertas de la Catedral de una Buenos Aires que ardía para refugiar a los civiles que estaban huyendo de las balas; Tal vez no se refieren a las vidas de las mujeres infortunadas que mueren en abortos clandestinos, por el mero hecho de ser pobres. La vida abstracta es aquella de la que se habla. Las vidas concretas, esas sufrientes, que no reciben alojamiento, comida, o atención médica, que seguro ni en suenños duerme en palacios como el la nunciatura, en la coqueta Avenida Alvear al 1600, donado por cierto por una señora de la alta sociedad porteña.



¿Si para la iglesia, como corporación, la existencia de esta desigualdad es funcional, cómo puede esperarse otra cosa? ¿Cómo podría considerar problema de salud o de derechos sesgados temas como la salud reproductiva, la interrupción voluntaria del embarazo, el uso del preservativo? No hay drama con las clientelas influyentes, como las que dejaban el nombre perpetuado en chapitas de bronce en los bancos de los templos. Esas no necesitan del Estado, salvo para hacer fortuna vampirizándolo, achicándolo, utilizándolo.

En La Rioja, hace unas décadas, Monseñor Angelelli terminó con esa práctica de los lugares reservados para las familias prominentes. Parece que ese gesto igualitario y profundamente cristiano fue el inicio de un malestar hacia su predica y obrar, y muchos de aquellxs que se ofendieron, algún día darán explicaciones sobre su muerte impune….



Porque, en paralelo a esta hipocresía obscena, miles de hombres y mujeres lo arriesgaron todo por eso del amor al prójimo. Curitas pobres, monjas valerosas, víctimas todas, del silencio y la hipocresía que hoy hace resonar las quejas porque una Corte Suprema de Justicia se dedica a efectivizar derechos.

Vivimos en un tiempo en el que a pesar de las lacras que subsisten, miembrxs del máximo tribunal defienden la libertad de conciencia y la igualdad de varones y mujeres. No es poco, si podemos acompañar los esfuerzos por menguar hipocresías y hacer un poquito más de justicia concreta, defendiendo la coherencia del hacer y el decir.

Creamos o no en Dios, en instituciones, al menos nos unirán ciertos valores. Lo importante no son las etiquetas, lo que merece respeto, aunque para nuestras concepciones sea equivocado, es la autenticidad y la dignidad de quien no tiene dos discursos ni dos caras. Revisemos esa costumbre de bautizarnos porque sí, sin sentir realmente aquello a lo cual se compromete quien toma el sacramento. Si se lo piensa y se lo madura, felicitaciones si se decide con convicción. Estará dando poder a una institución que usufructúa y muy bien, una inercia poderosa que frecuentemente choca con el sentir y las prácticas de quienes dice cuidar…