jueves, 3 de mayo de 2012

Otro día festivo

Un día de festejo. En breve se votará en el Congreso Nacional la recuperación de Yacimientos Petrolíferos Fiscales.


Pienso en cada unx de lxs que perdieron su fuente de trabajo cuando el mismo Congreso en otro contexto tan distinto, en la década del noventa, entregó la explotación de nuestros recursos más importantes y entregaba también la política a los dictados del mercado, en medio de una fiesta para pocos y de las resonancias de un discurso que insistía en nuestra incapacidad para administrar, para inventar, para desarrollarnos.

Pienso en las piqueteras que a fuerza de una solidaridad y una dignidad que nadie podía comprar, llevaron adelante una lucha que las instaló definitivamente en el escenario político para mostrar otra faceta de la vida de las mujeres, las de los barrios, la que no hablaban en términos de feminismo ni nada parecido y así, revitalizaron los reclamos por la igualdad. Poniendo del cuerpo, enseñándo formas de organización, planteando las invisibilidades que las revictimizaban una y otra vez.

Pienso en Alicia Castro, por entonces diputada nacional por el Frente para el Cambio, colocando la bandera estadounidense en el sitial que presidía la asamblea de representantes que olvidaron lo prometido a quienes lxs habían votado. Desde el Ejecutivo se seguían ciegamente los dictados del FMI y hasta convocaron al mismo gurú neoliberal del menemismo contra el cual la Alianza había sido una esperanza desmedida y pronto traicionada. La diputada que, fiel a sus principios, con ese gesto rechazaba las maniobras y hasta sobornos con los cuales se reunían los votos para obtener la flexibilización laboral, se opuso a la la modificación de la ley de quiebras en 2002, y en plena sesión, cuando le tocó el turno de hablar, desplegó la bandera, se levantó y la dejó en la Presidencia del Cuerpo y dijo: "Si el Congreso se va a limitar a ser la escribanía del FMI sugiero que sean honestos, arríen la Bandera Nacional y procedan a seguir legislando bajo esta bandera."






Desde 2003, las banderas se multiplicaron por las calles y quienes ayer lloraban el olvido y la indiferencia ante su situación de descartables, en Tartagal, en Cutral Có, en tantos pueblos abandonados a su suerte, y en otras ciudades que también sufrieron la desocupación, la falta de confianza en funcionarios y representantes, que vivió la violencia represiva de diciembre de 2001, comenzó a recuperar el presente, las esperanzas, la dignidad, la confianza, y articuló, gracias a los gestos casi solitarios de un mandatario que tuvo que legitimarse haciendo lo que nadie ya esperaba, gobernando para nosotrxs, negociando la quita de la deuda con el FMI para quitarse el condicionamiento eterno, declarándose hijo de las Madres de Plaza de Mayo y actuando en consecuencia.

Néstor Kirchner y luego Cristina nos han convocado a construir un destino diferente, orgulloso de Latinoamérica, atrevido, desafiante de las lógicas conocidas que nos enseñaron demasiado del sufrimiento. Y hemos celebrado muchos días como el de hoy, en el que emocionadxs, aguardamos una votación en el Congreso que ha vuelto a ser un ámbito digno de eso que se llama representación política.

Y si lloramos de alegría, de felicidad, es porque estas lágrimas de hoy resignifican otras lágrimas amargas, nacidas del saqueo y la injusticia social.

Esas lágrimas que nos duele recordar están presentes en el compromiso que nos dignifica, el de intentar otra historia.