martes, 1 de mayo de 2012

Todas nosotras

El primero de mayo se conmemora el día de lxs trabajadorxs en muchísimos países.
Yo quisiera homenajear en particular a mis congéneres, las mujeres. Esas que siempre trabajan, sin que su tarea sea reconocida como trabajo, en las fábricas y en el campo, en los servicios y en las oficinas, en el cuidado de otrxs, en lo pequeño y hasta en lo más sensible, como puede ser conducir los destinos de una Nación.
Ellas que en los talleres o en las casas, producen mercancías y reproducen la fuerza de trabajo.
Ellas. Nosotras.

Nosotras decimos muchas veces que "no trabajamos", y solamente somos amas de casa... ¡laburo sin descanso, ni horarios, ni visibilidad! Como acto de amor, cada hora de lavado de ropa, de espera paciente de llegadas, preparativos, comidas, cocinando para los hijos propios después de una jornada de limpiar casas ajenas. Mujeres, fueron mujeres quienes, en el pasado - y aún hoy en muchos sitios más o menos alejados-, sostuvieron a sus familias levantándose antes del alba para arar o cosechar o encender el fuego, preparar la comida, hilar, tejer, hacer quesos y ropas para vender en el mercado. Esas que eran vendidas como siervas o esclavas o esposas, esas que acarreaban y acarrean agua muchos kilómetros, con el peso a cuestas de hijxs y cántaros. Esas que se ayudaban entre sí en los partos complicados que se casaban aún niñas para seguir trabajando igual que sus madres y hermanas.

En la actualidad, muchas de nosotras que hemos salido al mercado laboral, que hemos accedido a estudiar, ganamos menos que el varón aunque tengamos la misma responsabilidad y tarea. Con mayor o menor éxito, seguimos intentando cambiar la lógica de las parejas por la cual una supuesta naturaleza nos hace continuar trabajando incesantemente en lo que no se valora como trabajo ni se contabiliza como producción en los presupuestos. Nosotras cargando culpas si no ponemos la misma energía en planchar un guardapolvo que en leer un libro que nos forma a nosotras. Ni hablar si abrimos la puerta para salir con una pancarta junto a otras compañeras de lucha por nuestros derechos.
Nosotras, adoctrinadas sutilmente para ser pacientes, para demostrar que lo hacemos todo bien en ámbitos donde conducen y deciden varones, esforzándonos el triple nada más que para que no nos atropellen, somos LAS trabajadoras.
Nosotras, si somos pensantes, somos agresivas; si somos atractivas nos sobran las neuronas; destinatarias de mandatos de eterna juventud y firmeza en las carnes, presas constantes de la maledicencia, de una envidia tremenda por parte de aquellas que no se atreven a romper límites, tenemos que defendernos de la prepotencia de jefes o de jefas. No podemos evitarnos malos momentos nada más que por ser mujeres. Ofensas y violencias verbales y gestuales de toda laya. Hasta del que, tirado en la calle, se arroga el derecho de ofender nada más que por ser miembro de la cofradía machista.

Nosotras, que no tenemos demasiados nombres para invocar como precursoras porque fueron olvidados, borrados, silenciados, y tenemos que recoger los pedacitos de las historias de otras atrevidas...porque inspiran y motivan nuestro presente.
Nosotras a quienes nos dan como modelos figuras irreales o inalcanzables, para reforzar lo imperfectas que somos.
Nosotras que no nos vemos por nosotras mismas, si no es en lo que nuestrxs hijxs evidencian de la función maternal realizada, o por "lo bien atendido" que se lo ve a un esposo.
Nosotras que somos llamadas a silencio mientras se nos cierran las puertas o se nos mata en tanto propiedad de varón.
Nosotras que apenas tenemos referentes mujeres en un sindicalismo machista, demasiado, todavía.
Nosotras que tenemos en la salita del jardín el rinconcito para jugar con las muñecas y el juego de té, cuando los autitos o las herramientas también podrían ser nuestros juegos.

Nosotras, en este país que acusó a unas madres de haber fallado en la misión de saber dónde estaban y quiénes eran lxs hijxs, sabemos que ellas salieron a desafiar al terror munidas de un pañal en la cabeza, precisamente por amor a los hijxs desaparecidxs, hubieran salido o no de su vientre. Y abrieron caminos impensados. Y nos alumbraron la noche más oscura.
Nosotras que inventamos estrategias para hacernos ver y oír en las rutas, en los piquetes, con la tercera jornada laboral a cuestas, haciendo lo imposible para no morir de hambre y de desesperanza.
Piqueteras, campesinas, líderes comunitarias, batiendo el guiso solidario mientras alrededor caían los brazos sin fuerzas de compañeros, maridos e hijos. Sin tiempo siquiera para aflojar.
Nosotras. Distintas.
Algunas, díscolas, creativas, impertinentes, armando redes de solidaridad para ayudar a otras a sobrevivir mientras la hipocresía permite la muerte por aborto clandestino o violencia doméstica.
Nosotras. Distintas, sí, pero ante todo, trabajadoras.
Todas y cada una.
Trabajadoras.