jueves, 12 de abril de 2012

Cuestiones democráticas

Érase una vez un país en el sur de América, en el cual una mujer que fue elegida Presidenta, obtuvo su relección por el 54% de los votos.
El país en cuestión se dice dividido: la adhesión y el entusiasmo de quienes acompañaron una serie de decisiones políticas tomadas por un presidente irreverente y distinto en gestos y madera a la clase política corriente, creció y se multiplicó, aún con la desaparición física de su líder; por otro lado, ciudadanxs críticxs se frustraron, algunxs descreídxs de la política se fastidiaron, y los adversarixs ideológicxs, se espantaron.
Una oposición profesional – porque hasta cosas que habían sido sus propias promesas de campaña, cuando fueron llevadas a la práctica por el gobierno triunfante en las urnas, fueron denostadas – y el poder corporativo que siempre había manejado los hilos entre bambalinas, estaba ahora amenazado por la visibilidad de su accionar. Y hasta por el brazo lento pero constante de una justicia de jueces y el repudio –nuevo!- de quienes no habían advertido su extensa trama hasta hace un tiempo.
Se declara la guerra destituyente. En realidad, debería decir, se reanuda con más cinismo que ayer.

A meses nada más de esa contundente demostración de confianza que la ciudadanía expresó con sus votos, tenemos la embestida mediática más burda pretendiendo acabar con un vicepresidente. El estado de cosas ha llegado a un punto tal que hasta declaran abiertamente que no importa si hay pruebas o no, que el daño está hecho y ya es suficiente para que renuncie. El sector que no puede ganar ni con campañas sucias, dinero y coberturas insidiosas transmitidas y replicadas las 24 hs. en todos los canales que controlan, en cada pueblo de las provincias, apela al desgaste de un gobierno que ya tiene entrenamiento en este tipo de ataques, desde hace muchos años.

Habría que recordar lo que intentaron hacer con el Ministro de la Corte Suprema de Justicia Raúl Zaffaroni.
Habría que recordar que lxs destituyentes, a pesar de los festejos cuando Néstor Kirchner falleció y sus intenciones de presentar a Cristina como incapaz de seguir adelante, la apuesta fue redoblada en el camino trazado, fortalecido con el espaldarazo de una movilización impensada. Y no solamente de jóvenes.

Se trata de la construcción de la democracia, sea unx kirchnerista o no. Hay personas de buena entraña que tienen sus críticas pero no por eso se dejan llevar por estas maniobras. Hay gente, mucha gente, que ya sabe que la credibilidad de un cierto periodismo se ha dañado inexorablemente, y que estos ataques no responden a un cuidado de las instituciones, ni a un interés por las mayorías. Que durante muchas décadas sufrimos los tejes y manejes en las alturas y jamás resultó nada bueno cuando se desoyó la voluntad popular, cuando se persiguió a las mayorías, cuando se instauró el terror que todavía sigue revelando los turbios vínculos con los verdaderos instigadores de la picana, las corridas cambiarias, la desocupación, la miseria y el tan mentado “aislamiento” del mundo.



Cuidar la democracia es una responsabilidad. No hay cabida para el desinterés o el malentendido.Esto hacemos desde la militancia en la calle y en las redes sociales: trabajar para rebatir los absurdos con argumentos, abrir preguntas, decir lo que no nos convence, también, a nuestra dirigencia. Esta es la democracia de la palabra, la que estuvo monopolizada y sigue siendo campo de disputa.

Resulta increíble que si nos reunimos a compartir el lanzamiento de las segundas zonceras - en este caso, “Zonceras Argentinas al Sol”, de autoría de Aníbal Fernández y Carlos Caramello, tras el éxito de las primeras “Zonceras Argentinas y otras yerbas”- se nos desprecie. Después de todo, quienes persisten en reproducir la campana clarinesca, quienes repiten la letanía del “autoritarismo kirchnerista”, demuestran con su verba encendida e indignada que existe libertad y que la ejercemos para construir, a partir del desacuerdo, precisamente, la realidad otra, la realidad nueva, transformada.
Se han movido las posiciones. Y hay que disfrutarlo. La adrenalina de cada manifestación, en una pantalla, en una pintada, en una comida familiar de esas que terminan elevando la temperatura. Bienvenida la disputa de ideas, de valores, de proyecto. Bienvenidas las discusiones y las polémicas. Bienvenida la política.


Recomiendo a kirchneristas y a no kirchneristas, especialmente, la lectura de las Zonceras; las de Jauretche - las de ahora que siguen siendo reformulaciones de aquéllas que don Arturo tipificara – y las que se presentan en la Feria del Libro, nacidas de la pasión militante de un autodenominado “negrito de Quilmes”.
Recomiendo leer y debatir.

Cierro estas líneas con la alegría de tener cuadros como Aníbal Fernández, que nos alienta a responder y a aguzarnos. Que reivindica al genial Arturo Jauretche, a quien hay que leer para descubrir en sus textos la vigencia de un pensamiento audaz, comprometido, un pensador de lo popular y de nuestros desafíos. Y recordando las palabras que tanto aplaudimos el lunes pasado en ese encuentro: “no somos perros para que nos corran con el diario”.