jueves, 5 de mayo de 2016

Que las mujeres somos seres humanos, es una definición abstracta


Condenada en un proceso irregular y antes de cualquier prueba, acusada de “matar a su hijo” sin que se demostrara vínculo filial con un feto utilizado para incriminarla, encontrado en uno de los baños del hospital adonde acudió sin saber que estaba embarazada, y que según su abogada fue “plantado” la historia de Belén es espeluznante, y constituye una violación sistemática de derechos humanos tanto como un mensaje aleccionador a todas las mujeres.

Condenada a ocho años de prisión por una sala de jueces, ella ¿estaba condenada desde siempre? Más allá de Belés, esta pregunta nos afecta a todxs como seres expuestos a la violencia de muchas formas pero en especial cuando se comporta un cuerpo que ha sido expropiado por valoraciones a fin de servir a la maternidad compulsiva. Por eso el cuerpo a las mujeres no nos pertenece. Por eso a una joven que ingresa con un aborto espontáneo se la condena y se la maltrata y se la somete a tratos crueles. Por eso se la encarcela y se la condena, se la llama asesina. Primero están esos prejuicios y el trámite formal con falsas pruebas que al mecanismo burocrático no importan demasiado. 

El caso de la chica a quien llamamos Belén para evitar así una exposición victimizadora, exhibe la precariedad de la salud y la vida de las mujeres en nuestro país. Y no, no, ay con el lenguaje y me corrijo, no es un caso, es una vida, es la libertad y la dignidad de una mujer tucumana de - hoy- 27 años arrasada por una cadena de injusticias que remite a la vida de cualquier mujer nada más por serlo.

Imputada primero por aborto seguido de homicidio, una figura penal inventada para la ocasión y condenada el pasado 19 de abril el por la Sala III de la Cámara Penal a ocho años de prisión por “homicidio doblemente agravado por el vínculo y por alevosía” , el sufrimiento de Belén envía una advertencia a muchas otras mujeres en su situación que las expone aún más a la muerte, las priva del tratamiento humanitario y equitativo que toda persona que acude a un centro de salud debe recibir. Pero para la corporación judicial conservadora y criminal y para médicos y enfermeras que devienen jueces y verdugos en lugar de mitigar el dolor y preservar la intimidad de los pacientes, una mujer no es un ser humano.

Reducidas al significado cultural atribuido a ciertas partes anatómicas y a funciones fisiológicas que se dirigen inexorablemente a la maternidad, una mujer o una niña son envases que valen menos que su contenido. Ya lo decía en 1949 Simone De Beauvoir en "El Segundo Sexo", "que la mujer es tan ser humano como el hombre es una definición abstracta”.
Lo sigue siendo.  



Entrevistada por Luciana Peker para Las /12, Belén relata una vida normal hasta la noche que ingresó en el Hospital Avellaneda de San Miguel de Tucumán. Con veinticinco años, de un barrio humilde, ni siquiera sabía que estaba embarazada cuando acudió al Hospital Avellaneda con fuertes dolores abdominales. Estaba sufriendo un aborto espontáneo. Nunca imaginó que iba a ser su último acto de libertad, escribe Peker. El diálogo con la joven presa permite que sepamos la densidad del dolor de una vida tronchada, estigmatizada, violentada, que además se ve multiplicado porque se la trata como asesina.

“ ‘Hija de puta, mirá lo que hiciste, mataste a tu hijo’ me dijo un enfermero que me maltrató física, moral y psicológicamente” recuerda Belén.
Policías inspeccionaron sus partes íntimas. “Cuando me desperté me estaban mirando mis partes, eran entre cinco o seis. Uno me miraba ahí abajo” narra Belén a Peker.

Los maltratos después de un aborto violan los protocolos de atención del Ministerio de Salud de la Nación, protocolos que tanta polvareda levantan, como cada normativa que buscar defender a las mujeres de ser tratadas como no se trata a los animales por personal envalentonado de delantales o uniformes. Viola la ley 26.485 además, que caracteriza la violencia obstétrica y simbólica.

Todo proceder violento como el de médicos y enfermeras intervinientes en este caso debe ser denunciado. Pero en este proceso de nada parece importar que haya diferencia entre la edad gestacional atribuida por los médicos que la atendieron, las actas policiales y la autopsia del feto. Variaciones de veinte a treinta y dos semanas. Nunca se corroboró, a través de un ADN, la relación con Belén. “Han conectado abortante y feto encontrado y han dictaminado un homicidio, pero no hay un ADN en toda la causa. No hay ninguna prueba que la vincule” dice la abogada Soledad Deza quien además es integrante de Católicas por el Derecho a Decidir. El médico José Daniel Martín, delante de su mamá, le informó que se trataba de un aborto espontáneo. Una partera y la policía requisaron los baños y encontraron un feto que empezó a ser nombrado por el personal de salud como “hijo” de Belén. 
Funcionarios atragantados de prejuicios violaron sus deberes. “El profesional de la salud no puede mandar a buscar un feto a la partera a los baños porque quiere buscar la prueba de un delito. Lo único que tiene que hacer es un legrado. El médico le debe confidencialidad a la paciente, no ser auxiliar de fuerzas de seguridad”, subraya la abogada.
En el transcurso del proceso, que se inició hace dos años, abundan las irregularidades y contradicciones . El Poder Judicial no se dedicó a investigar sino a condenarla sin pruebas. La condena ya había sido decidida al momento de ingresar al hospital donde en lugar de victimizarla debieron cuidarla y sanarla, atenderla como un ser humano.

Esta situación entraña un mensaje aleccionador de terribles consecuencias para la salud de las mujeres.“Ni loca volvería a un hospital” le dice Belén a Luciana Peker durante la entrevista.
¿Qué sucederá con aquellas que sangren en la incertidumbre de un goteo sin cese? ¿cómo no obstaculizar con este procedimiento, con esta decisión punitiva,  el acceso a la salud pública después de perder o interrumpir un embarazo?  ¿Cómo van a confiar las mujeres en médicos y enfermeras si no se respeta el secreto profesional y el trato hospitalario? Como dice la abogada, criminalizar a una mujer que sufre un aborto espontáneo, ponen a las mujeres abortantes en el dilema de la libertad o la muerte.

No importa cómo, pero marche presa…
Se perdieron dos fojas relacionadas al reconocimiento que hace la policía del feto en cuestión, y que habría sido “rescatado” por la partera; no se hizo el ADN para comprobar el vínculo filial con la acusada, entre otras barrabasadas. En la causa figura que se llamó del hospital al juzgado para que fueran a realizar la autopsia porque el feto “estaba en estado de descomposición”, pero los peritos se encontraron con otro feto y no  aquel con el cual  se vinculó a Belén. En la causa consta un "pedido de disculpas" del hospital por la "confusión".


SoledadDeza manifestó en una entrevista publicada en “La García” que a Belén “le plantaron” un feto para que a partir de un aborto espontáneo sin complicaciones se construyera un homicidio

Ayer 4 de mayo, la Sala III de la Cámara Penal tucumana dio a conocer los fundamentos del fallo que la condenó el pasado 21 de abril por “dar a luz” un feto con vida, que murió por un traumatismo encéfalo craneano en un baño.  Belén negó siempre todos los cargos desde su primera declaración como imputada -el 26 de marzo de 2014- un día antes de realizada la autopsia a un feto del cual no hay pruebas de vínculo filial con ella. Otra cuestión es que la joven fue requerida para declarar mientras todavía estaba internada. Quienes seguimos estas situaciones de vulneración de derechos de las mujeres ya estamos penosamente notificadas - ¿ acostumbradas?- a la velocidad diferencial para el avance de los procesos en estos casos. Pero no nos podemos acostumbrar.
Tampoco podemos aceptar que la defensa técnica de Belén, una defensora oficial que la asistió antes de que Soledad Deza tomara el caso, no cuestionara los hechos que se le imputaron en el juicio, pese a la negativa permanente de la acusada. Así lo indica la sentencia en los fundamentos entregados ayer por la Sala III de la Cámara Penal de Tucumán a la nueva abogada de Belén. Dice la letrada: “Es vergonzoso. El mismo Estado que a través de los profesionales de la salud la maltrató cuando sufrió un aborto espontáneo, y que con la policía le armó una causa, con la Justicia la acusó, la defendió mal y la condenó peor” Belén pidió al tribunal el cese inmediato de su prisión preventiva para esperar en libertad la condena firme. En el escrito presentado ayer se advierte que mantenerla presa es “inconstitucional” e “ilegal” y que la prisión preventiva - lleva dos años detenida- es “infundada”.

En el escrito presentado ante la Cámara que ahora debe decidir si pone fin a la prisión preventiva, la abogada remarca  que: “Mi defendida nunca contó con el principio de inocencia de su lado, por el contrario, fue culpable desde que abortó. Primero de abortar y luego presuntamente de matar. Y luego finalmente de matar a su hijo, aun sin pruebas de que lo fuera y sin poder colocarla en el lugar del hecho y sin tener pruebas de la acción dolosa que se le imputa. Su condena fue antes moral, luego sanitaria, luego policial y finalmente judicial”.
 Más de un centenar de agrupaciones de mujeres, de derechos humanos, estudiantiles y políticas de todo el país, marchas frente a la Cámara Penal y al Palacio de Tribunales en la ciudad de Buenos Aires, acompañaron el pedido de libertad para Belén. El Consorcio Latinoamericano contra el Aborto Inseguro-CLACAI reclamó al gobierno tucumano por el caso. 
También se ha lanzado una acción urgente de Amnistía Internacional por la cual miles de personas a nivel global se suman para exigir el respecto por los derechos humanos en estos términos:  “La denegación del aborto y su criminalización constituyen supuestos de violencia de género y violencia institucional que pueden constituir tortura o trato cruel, inhumano y degradante”


Amnistía Internacional Argentina propone sumar participación ciudadana en el reclamo por la libertad de Belén: “Estamos interpelando que se garantice de manera inmediata la libertad de Belén y el cese de su prisión preventiva, protegiendo su integridad física y mental; que se investigue el accionar de los profesionales de la salud que incumplieron su deber de confidencialidad médico-paciente y se establezcan las responsabilidades del caso, y que se garantice a las mujeres y las niñas un acceso seguro y legal a los servicios de aborto, necesarios para proteger su vida o su salud”. 
Esta flagrante violación a los derechos de las mujeres no se limita a la situación individual de Belén sino que nos afecta como colectivo y más allá, afecta a los derechos inherentes a las personas que no pueden avasallarse en nombre de creencias y prejuicios. 
 
Violencia obstétrica y torturas

Organismos internacionales van reconociendo más allá de las declaraciones abstractas que las mujeres somos seres humanos. Lo señala un informe de la Relatoría Especial sobre la Tortura y otros tratos o penas crueles de la Comisión contra la Tortura de Naciones Unidas fechado en  febrero de 2013 "...los malos tratos infligidos a mujeres que solicitan servicios de salud reproductiva pueden causar enormes y duraderos sufrimientos físicos y emocionales provocados por motivos de género. Ejemplos de esas violaciones son las denuncias de mujeres presentadas por personal médico cuando hay pruebas de la realización de abortos ilegales y la práctica de intentar hacer confesar a una mujer como condición para que reciba un tratamiento médico que podría salvar su vida después de un aborto”. Sin embargo, en Tucumán, como en tantos otros lugares del país, no se anotician, sino que al contrario, ejercen una suerte de terrorismo desde estos procedimientos y fallos. Así que la pregunta sobre nuestro carácter de seres humanos no ha perdido vigencia, debe ser afirmada una y otra vez como si constituyese una novedad, un descubrimiento. Como una bandera de lucha.


¿Las mujeres somos seres humanos? La consideración de integrantes del poder judicial que intervino en este juicio a Belén es elocuente, ellos “valoraron la vida del NN hijo de la imputada”. 

 Desde el escrito presentado por la abogada defensora encontramos una respuesta contundente que muestra la perspectiva desde los derechos que le asisten a Belén y que han sido sistemáticamente vulnerados por quienes han faltado a su deber profesional, desde los médicos, policías, enfermeros, defensores oficiales, funcionarios judiciales que incumplen con la responsabilidad que les cabe.  Se señala que :
 “Mi defendida no tuvo un Poder Judicial que incorporara una perspectiva de género en la investigación de su causa, por ello, está privada de la libertad desde hace 25 meses. Está presa por abortar y por ser mujer. A diferencia, por ejemplo, de los asesinos de Ismael Lucena o los tratantes de Marita Verón que esperaron todos sus condenas libres y en sus casas”.