domingo, 29 de mayo de 2016

Consignas significativas : otro 3 de junio en Argentina

Larga historia la de las consignas. Frases que son síntesis de demandas, reivindicaciones, rupturas, disputas de sentidos instalados. Como aquello de lo personal es politico que todavía sirve para desafiar maneras recurrentes de quitarle importancia social y cultural a los conflictos que vivimos en torno a una autonomía que para muchas personas no llega todavía, y debe conseguirse a fuerza de arremangarse para salir, con otrxs, a reclamarla.

Una consigna que expresa un hartazgo o que señala una deuda injustificable, como la de una democracia que no asegura el respeto por la vida y la salud de las mujeres y entonces le da espesor simbólico al "saquen sus rosarios de nuestros ovarios" o al "aborto legal en el hospital".

Todas las consignas tienen una vida dinámica al ritmo de los cambios de contexto, de la heterogeneidad de quienes se las apropian, de la potencia que conserven y la eficacia - aunque este vocablo resulte molesto lo utilizo deliberadamente- para movilizar voluntades, ejercer presión sobre quienes tienen poder de decisión, entre otras cosas.
El caso de la consigna "NI UNA MENOS' con la cual se ganó la calle el 3 de junio del año pasado para demandar acciones y conciencia colectiva frente a una realidad espantosa de feminicidios que no podía seguir siendo un lugar común de descripciones resignadas y morbosas, no escapa a esta vitalidad a la que me refería anteriormente.

Desde el pasado 9 de diciembre en Argentina el cambio de gobierno no ha sido una alternancia de juego democrático que desde otra identidad política matiza lo ganado en materia de políticas de estado. En absoluto. Se trata de un gobierno elegido democráticamente y por un exiguo aunque determinante margen que desde las primeras medidas se está encargando de vaciar áreas claves del Estado, con un desprecio a la institucionalidad y a la Constitución que mina el respeto que se le debe si respeta las reglas de juego básicas. Pero poco le importan éstas y nada disimula esta gestión. Arremete contra todo lo sembrado y apropiado por la sociedad, entre ellas, las políticas concretas para la prevención y eliminación de la violencia de género.

¿Cómo? Desguazando por ejemplo programas en los ministerios desde los cuales se asiste a las víctimas, se capacitan agentes intervinientes en los distintos estamentos - fuerzas de seguridad, operadores de líneas de atención y asesoramiento, peritos, funcionarixs- así como las cooperativas donde sobrevivientes de violencia podían encarar la manutención propia o de lxs hijxs, como el "Ellas Hacen" de Desarrollo Social, hoy sino desarticualdo, profundamente desvirtuado.Pero además por ser el causante de la precarización de grandes sectores de la población desde las medidas como la devaluación, el desempleo, los tarifazos de servivios esenciales, el transporte público, entre otras calamidades bien conocidas.

La restauración conservadora podrá nombrar a la referente de la ONG más conocida en el tema de violencia de género pero eso no significa que la titular del Consejo Nacional de las Mujeres pueda recortar su política específica de las políticas de empobrecimiento y desempleo de la población, la retirada de los dispositivos estatales del territorio, ni la asfixia presupuestaria a los programas que si no han desaparecido apenas si conservan una denominación o una coordinación que poco y nada puede hacer sin medios ni decisión política.

Peor aúin, creo que el recortar un plan como si se tratara de una medida estatal aislada de las demás medidas de un mismo partido con la misma ideología acerca de lo público - sólo comprensible si favorece los negocios privados- es de una perversión muy peligrosa, alienta la fragmentación de las demandas que se focalizan en la situación de violencia que sufren las mujeres cuando jamás éstas se pueden ni comprender ni explicar por fuera de las condiciones de lxs trabajadorxs, de las condiciones de acceso a la salud y al ejercicio del derecho a la educación. No ser objeto de un maltrato que te lleve a morir tiene mucha relación con el derecho a que no te gaseen si ejercés de acuerdo a la Constitución el derecho a protestar por haber sido despedida sin justa causa cursando un embarazo, por ejemplo, o por solidaridad con compañerxs que son jefes de familia, obreros o  investigadorxs en nanotecnología.

En un informe publicado por Tiempo Argentino, la periodista y activista Marta Dillon afirma, respecto a las medidas que se esperaban tras el NI UNA MENOS del año pasado, que "el problema es el cambio de gobierno". El observatorio oficial dependiente de la Secretaría de Derechos Humanos fue desarticulado por el Ministro Garavano, y el de la Corte Suprema de Justicia no dió más datos. Las políticas de derechos - en retroceso inexorable- dan sentido a las medidas puntuales demandadas hace un año acompañadas por la masiva concentración que se registró no solamente en Buenos Aires sino en muchísimas ciudades del país.
 
El NI UNA MENOS se vincula con el trabajo que se viene realizando contra esta violencia en la Universidad pública, y que actualmente atraviesa una situación de ahorcamiento presupuestario que hace peligrar su funcionamiento. Porque no solamente de las ONGS ni de ciertas individualidades sabemos de la violencia de género, sino que desde hace décadas las feministas producen conocimiento en institutos, programas y áreas específicas y algunas perlitas transversales.

En las Universidades se estudia, se investiga, se debate y se implementan programas de prevención y atención. En el marco de una política estatal y presupuestaria fuerte como pocas el ao pasado se diseñaron protocolos para intervenir en casos de violencia de todo tipo hacia las mujeres, dentro y fuera de los muros de la academia. Algunas pioneras llegaron a trabajar hasta el año pasado en redes - como el caso del Programa Valeria Gioffre de la Universidad de San Martín en coordinación con áreas de la Provincia de Buenos Aires, entre otras-, y con otras compañeras de causas académicas y militantes, se fueron articulando esfuerzos entre distintas universidades argentinas para conformar la Red Interuniversitaria por la  Igualdad de Género y contra las violencias.

Con lo que hemos aprendido en estos años de democracia y de luchas feministas, con el menemismo del Día del niño por nacer y el cupo femenino juntos, cuidado con confundir los papeles y conformarse con desplazar al Estado con las acciones en última instancia, privadas y privatizadoras de las oenegés.

A días de la reedición de la concentración porque "Vivas nos queremos", me atrevo a jugar con la palabra y los sentidos. Vivas porque tenemos el derecho a vivir y parece mentira que todavía haga falta fundamentar y explicar nuestra humanidad.  Y que nos queremos vivas, sagaces, para mantener la consigna atendiendo al contexto donde la enarbolamos, haciendo nuestra política real y perspicaz.

Vivas. Vivas para sortear las estrategias de mezclarlo todo como si fuera lo mismo, la estrategia de  los muertos vivos como los definió García Linera. Esta derecha peligrosa no inventa nada, como ninguna derecha lo hace. Y los restauradores antiderechos se llevan bien con las oeneges afines al capital concentrado. Es como entre la caridad y la justicia social la diferencia, eso del cuento del mérito individual - como si salieras de un repollo sin heredar la fortuna o la exclusión - o personalidades recortadas que inventan genialidades en absoluta soledad.

Como en todas las grandes causas, solamente una fuerza popular feminista -por poner un nombre provisorio-, que no se limite a las mujeres, que no se engañe con la banalización y la frivolidad marketinera podrá transformar la realidad de la violencia que suele agudizarse en estos tiempos neofachoconservadores que dejan a lxs vulnerables por la cultura injusta más expuestxs, más solxs, más invisibles todavía.