jueves, 16 de julio de 2015

El indio, la mujer indómita y Juana

El indio y la mujer indómita inauguran la estatua de Juana que homenajea a las mujeres de la Patria Grande luchadoras siempre borradas de la historia.
El indio dice, este acto es descolonizador, y ella exige que no sea póstumo el otorgamiento del grado de general/generala a alguna mujer en las fuerzas armadas.
Mientras arrecia la tormenta mediática y las operaciones judiciales preelectorales, sin disimulo ni vergüenza, pasa una caravana de globos de colores por la calle donde vivo. Es la campaña electoral porteña, el circo de los globos de los dueños exclusivos, la de los privilegios de gobernantes dan la espalda al pueblo y mienten con cinismo reciclado a quienes no tienen esos goces pero gozan con la distinción y selección para el banquete de la vida, como dirían las anarquistas de fines de siglo XIX. Y no hay matices entre las expresiones em carrera.
Buenos Aires era la ciudad que miraba a Europa cuando se desmembraba el terrirorio que luchaba por la libertad - de la corona pero del amo esclavista atmbién, de la explotación de las castas, de la extorsión del puerto nercantil y de la provincia ganadera más rica a las demás - sigue azorada y resiste en su colonialismo recargado esta falta de decoro que se vive: hacer de las consignas históricas de las mayorías, rotundas realidades. Desobedecer al fondo monetario. Intervenir desde el estado cuidando los intereses de los más débiles para no dejar en manos de banqueros y multinacionales la posibilidad de vida de lxs ciudadanos. Reconcoer los derechos de las mal llamadas "minorías" y construir la memoria histórica con monumentos, pedagogías, símbolos pero además con juicios inauditos contra los represores...y civiles cómplices, acostumbrados a permanecer a salvo del descrédito y la responsabilidad moral por las atrocidades. Muchos de ellos, culpables del genocidio - la Campaña del "¿desierto?"- que enriqueció y fortaleció los apellidos de la Sociedad Rural, que estuvieron siempre ligados a los golpes y a los gobiernos dóciles.
Y también fue la ciudad de un Dorrego, de la revolución contra el fraude, de las patas en la fuente un 17 de octubre, de la marcha de los jueves, de la carpa blanca docente frente al Congreso, de la resistencia del 19 y 20 de diciembre, como lo es hoy de las marchas del orgullo y de la fiesta del Bicentenario rebosante de alegría y asombro.
Por eso en Buenos Aires, como en cada lugar del país donde quizás los menos son los más en la relación de fuerza electoral, hay que continuar descolonizando con trabajo constante, redoblado y sin descanso.
Por momentos parece una Argentina bipolar. La experiencia gozosa de intentar un camino de autodeterminación popular y de resignificar la soberanía política y económica convive con el odio encarnizado ante la vuelta de la política, la inclusión social, el reconocimiento de tantas y tantos desechadas por el famoso "mercado" que tiene nombres y apellidos y cuentas y bonos de deuda enmascarados en tecnicismos incomprensibles. Blindados por los verdaderos opositores a este resurgimiento de la lucha por la independencia de una región vampirizada como pocas en el mundo, algunos patéticos candidatos manejan un repertorio de slogans vacíos y de infamias por las cuales nunca deben explicar nada a nadie. Y quienes se suman al odio los eecuchan y se retroalimentan de resentimiento esperando que lo peor les pase, para terminar de soportar la etapa iniciada en 2003. No les interesa en absoluto esgrimir un argumento porque no aceptan una discusión con honestidad intelectual. No hay escucha. Las pasiones tristes decía el filósofo Spinoza, sirven a la dominación. El miedo, la culpa, el resentimiento, el odio. No permiten pensar ni crear.
La política no es arena de discusión en armonía donde gana la mejor posición, y el convencimiento se produce por la buena voluntad y la racionalidad bien pensante. De ninguna manera. La politica es conflicto porque afecta intereses y privilegios y el famoso consenso resulta de lo que los pocos que se sacaron de encima a quienes molestan y "no pertenecen"- como decía el comercial de la tarjeta de crédito- quedan afuera de la ronda de negociaciones. Entonces el consenso es mantenimiento de privilegios a costa de los demás, demonizados y despreciados, indignos, incapaces, amenazadores del pequeño mundo que conciben.
Al indio y a la mujer indómita los aman y detestan con pasión. Representan esa vuelta fiera, que, como la guerra de guerrillas, hacen lxs violentadxs contra quienes parecen invencibles por su poderío basado en masacres y narraciones mentirosas.
La América no era América, y el descubrimiento, una ficción. Del choque cultural entre otros y de la violencia de la comquista nace la historia de los vencedores, expropiando la voz de los vencidos.
El mundo no es "un mundo". El mapa pudo haberse dibujado al revés. Y los salvajes bárbaros pudieron haber sido los europeos que saquearon y cometieron un genocidio con la cruz, la espada, el arma de fuego, la importación de personas como bestias para ser vendidas como esclavos. Así, gracias a la América que inventaron construyeron su imagen de la civilización. Europa.
El relevo de la Europa, los Estados Unidos, comete toda serie de atropellos en el mundo pero vigila el grado de democracia que tenemos; sus servicios de inteligencia se cargan a cuanto líder democrático les moleste, como lo hicieron un 11 de septiembre de 1973 en Santiago de Chile, y controla a su vecino mexicano mediante la guerra militarizada al narcotráfico que ellos no dan en su propio territorio.
Nuevas prácticas para viejas luchas por la dignidad y libertad de las mayorías, los y las invisibles que siempre han resistido, siempre han estado allí, levantando polvareda como en tiempos de la resistencia en el Alto Perú, indios, mestizos, mulatos, negros, criollos, mujeres, las siempre relegadas y entronizadas como "madres de la patria" en lugar de reconocerles su carácter de combatientes.
En Juana están las luchas de las Madres que sólo utilizaron un pañuelo e inventaron una práctica a cada paso; en Juana están las mujeres militantes por el voto y por la libertad de redes de prostitución; en Juana están las que escribieron en contra del racismo y de la violencia hacia las mujeres; en Juana está la lengua de Reina Maraz que no escucha un tribunal sordo y discriminador, la pasión de una Violeta Parra, la tenacidad conmovedora de una Susana Trimarco, la valentía de las paraguayas, la voz todavía inaudible de las niñas y los niños sometidos a abusos de padres pero tambien de jueces. La irreverencia de las que insisten con la decisión sobre sus cuerpos y su proyecto de vida; las manos de la abuela que todavía espera encontrar a su nieta nacida en un campo de concentración mostrando la foto de sus desaparecidxs. Y las lágrimas de las mamás que lloran en un pasillo de la villa al hijo masacrado por la policía o arrasado por el paco.
Emancipaciones que se conectan y se requieren para poder vivir, con la dignidad que es debida y con los errores de intentarlo. El indio, Evo Morales, Presidente del Estado Plurinacional de Bolicia está en lo cierto, emplazar la estatua de Juana es un símbolo del proceso de descolonización colectiva y compleja, porque implica descolonizar los afectos, la memoria, nuestra propia identidad.
Descolonizarnos lleva tiempo, a lo mejor más de lo que vivamos cada unx de nosotrxs. Un desafío: el pará qué y porqué vivir, nunca solxs, nunca de espaldas, sino como un nosotrxs vibrante y a la vez, tan viejo como nuevo.