domingo, 7 de diciembre de 2014

Ayotzinapa y la Patria Grande que duele, lucha, resiste y canta

Alexander Mora Venancio, uno de los 43 normalistas detenidos el 26 de septiembre por la policía municipal en Iguala, Guerrero, y desde entonces desaparecidos, fue identificado. A partir de los estudios de ADN que se están realizando en los restos calcinados encontrados cerca del basurero de Cocula, el Equipo Argentino de Antropólogos Forenses (EAAF) puso en conocimiento de la noticia al colectivo de padres y familiares reunidos en la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa.

“Desde hoy desconocemos al gobierno de Peña por asesino” expresaron los padres.“No le lloramos a Alexander (Mora); al contrario, sabemos que su caída va a florecer en la revolución para un cambio” sostuvo Felipe de la Cruz, uno de los voceros del colectivo de familiares.
El sitio oficial de la Escuela “Isidro Burgos” también confirmó la noticia y subió este mensaje a Facebook; fechado en El Pericón, municipio de Tecoanapa, de donde era originario el joven estudiante. El diario La Jornada lo repordujo en el día de hoy:

“Compañeros a todos los que nos han apoyado soy, ALEXANDER MORA VENANCIO. A través de esta voz les hablo. Soy uno de los 43 caídos del día 26 de septiembre en manos del narcogobierno. Hoy 6 de diciembre le confirmaron los peritos Argentinos a mi padre que uno de los fragmentos de mis huesos encontrados me corresponden.

“Me siento orgulloso de ustedes que han levantado mi voz, el coraje y mi espíritu libertario. No dejen a mi padre sólo con mi pesar, para él significo prácticamente todo, la esperanza, el orgullo, su esfuerzo, su trabajo y su dignidad.

“Te invito que redobles tu lucha. Que mi muerte no sea en vano. Toma la mejor decisión pero no me olvides. Rectifica si es posible pero no perdones. Este es mi mensaje.

Hermanos hasta la victoria”.


Conmovedora y conmocionante lucha del pueblo de México que es una lucha de todos los pueblos que padecieron y padecen la violencia como si fuera costumbre. Esa violencia es un drama inflingido por intereses concretos. Nuestro dramático proceso de memoria, verdad y justicia, aún en transcurso, contribuye a detenerla, como una savia que silenciosa da vida, y hace florecer. De aquel grito "Con vida los llevaron con vida los queremos" comenzó una historia de reconstrucción del tejido social de un país. Una dificil historia. Un camino de obstáculos. Pero buscando la justicia, buscando la verdad de lo sucedido con cada uno y cada una de nuestros 30.000 desaparecidxs, se fue desenterrando la historia de luchas emancipatorias. Se fue horadando el manto de olvido, lenta y trabajosamente, para poder resignificar y recuperar los proyectos del pasado desde el presente. Porque para la América sufriente, la emancipación como lucha y proyecto es mucho más que una idea, es una experiencia que no ha caducado. Es una bandera que no destiñe, un sueño que puede que tenga muchos años, pero que no ha envejecido.

En diciembre de 1977 eran secuestradas las primeras Madres de Plaza de Mayo, los familiares y las monjas francesas que se jugaban en la búsqueda de lxs detenidxs desaparecidxs por el terrorismo de Estado argentino en el más crítico momento de la represión ilegal y clandestina, que ocultaba fusilamientos en pseudoenfrentamientos, Que sabía de matar en los basurales y ocultar sus delitos. Pretendieron hacer desaparecer la búsqueda que se hizo emblemática trascendiendo la censura y las fronteras. Los desaparecedores no pudieron.

Buscando a lxs niñxs apropiados, las Abuelas de Plaza de Mayo interceptaron a la ciencia logrando el índice de abuelidad. Esquivando la desaparición de los restos y el manto de silencio. Con la sangre de las viejas tendieron un puente para abrazar a quienes estuvieron sin claudicar un segundo, con la paciencia de la espera, mientras iban enseñando a luchar desde el amor a todoxs lxs demás con cada paso.

Ayotzinapa duele pero no duele solamente en suelo mezicano, porque ese dolor es el dolor del pueblo de la Patria Grande. Esa patria que fue mucho más que un sueño, esa patria desmembrada, castigada y sojuzgada por las balas, las traiciones, las mentiras repetidas. Eaa patria nunca pudo ser del todo vencida, ni aún vencida; nunca se resignó. No nos resignnamos. Está renaciendo. Ese dolor de Ayotzinapa que se hace acción y causa, ese dolor inmenso que se hace grito y que no se calla, ese dolor de nuestra América que nos atraviesa, florecerá. Ese dolor, aún desde los silencios, canta.