viernes, 13 de diciembre de 2013

Sólo en democracia

En estos días no tenemos una pausa. La democracia que vivimos no está exenta de conflictos. Justamente, de eso se trata la vida en sociedad: de lidiar de la mejor manera posible con las disputas incesantes de intereses, la desigualdad en el acceso a los bienes y a los derechos, a la dignidad que debería ser un suelo básico, pero sabemos que no es experimentada por todxs.Hay muchísimo para hacer, y siempre lo habrá. Lo que nos desvela es el cómo transitamos entre tantas injusticias. Cómo dejamos de construir enemigos a medida de quienes ostentan privilegios y que son útiles para provocar lo que solamente nos desangra y no cambia, en el fondo, ni las reglas de juego ni los lugares de cada uno.
Hace unos días que padecemos una extorsión a las instituciones que nos dimos y por las que luchamos, y digo luchamos aunque en dictadura haya sido una niña o adolescente, que desde la guerra de Malvinas comenzaba a sentir que en el mundo adulto demasiadas cosas estaban resquebrajándose, y que no podía festejarse un partido de fútbol mientras soldados en el sur lidiaban con una superpotencia.
La bandera idolatrada de los militares que de pronto, pasaban a ser - de buenas a primeras- lo execrable. Por haber perdido. Después comenzaríamos a enterarnos de las vejaciones de los chicos, de las colectas que no llegaban. De la desesperación de los uniformados que había llevado al desastre al país.
Cuando asumió Raúl alfonsín tenía 16 años recién cumplidos y parecía que todo era posible. Apenas empezaba a conocer las atrocidades que otros partidos de futbol- los del Mundial- habían acallado. Relatos fragmentarios de lo que había sucedido con jóvenes de mi ciudad, se entrelazaban en una historia demasiado terrible. Desaparecidxs.Poco tiempo después, al ser ya estudiante en La Plata, completaría la historia de lo que había enmarcado mi niñez.
Aún en proceso de procesar el "Proceso", se juzgaba a las Juntas. Inédito. Nunca Más! Pero, ¿Cómo remontar desde ese horror, con tantas preguntas que una sociedad atemorizada o anestesiada tenía que hacerse? Desde que entendí lo que implicaba la vigencia de los derechos humanos, todas las certezas sacudidas de la infancia - como la de una creencia religiosa, como la de las instituciones-, lo que implica el principio de autoridad, resultaban sospechosos. Salvo ese piso, la dignidad instrínseca de un ser humano, que no puede violarse nunca. Bajo ningún concepto, con ninguna excusa.
Sabemos la tortuosa historia posterior, la Semana Santa y la claudicación. Lo que significó para quienes teníamos 20 años entonces, tamaña restricción a la primavera que pensábamos, ensancharía los límites de proyectos vitales. Estaba rondando el fantasma.
El neoliberalsimo menemista arracó con los indultos que un diciembre nos atragantó los sueños.
Y aprecié desde otra perspectiva la lucha de quienes sostuvieron el reclamo por la memoria, la verdad y la justicia y no se dejeron abatir. Mucha sociedad se plegó, al ritmo del uno a uno y del pasatismo que aliviaba de aquellas preguntas incómodas sobre la dictadura, al discurso de la muerte de las ideologías, el mirar para adelante, el ya está, el reconciliarse con asesinos y torturadores y no preguntes más que nadie quiere ya saber.
Momentos de zozobra en hiperinflaciones y gente sin trabajo y sin nada qué esperar. Norma Pla. La Carpa Blanca. Los pueblos abandonados a su suerte sin el tren y sin economía regional. María Julia posando desnuda con el tapado de piel en Bariloche. Muchxs se la creyeron, como si fuesen candidatxs todxs a ser tapa de Caras. Los barrios privados y los barrios marginales. La maldita policía y el gatillo fácil, cobrándose a pura bala y a pura impunidad - y vista gorda de vecinxs aúyn no excluidos pero, casi- sus víctimas. Nuevas víctimas fabricadas por el guión mediático: piqueterx, villeritx, negro, como si brotaran de las cloacas. Sin derecho ni siquiera a salir a gritar y exponerse a una muerte, luchando.
La solidaridad escaseando tanto como un laburo en blanco.Omar Carrasco se muere en el cuartel, haciendo la colimba.Víctima que termina con una rémora inconcebible. Pero, ¿el único muerto durante la servidumbre militar obligatoria?
Militancia resistente que combate el farandulismo entreguista, pero cede ante los medios y olvida la construcción política. El llegar al gobierno, así, se transforma en un desastre.
La banelco de la flexibilización laboral en el Senado. Alicia Castro en Diputados colgando una bandera yanqui, desafiando al espacio político propio, que había traicionado su prédica de otro país posible y otra política.Kosteki y Santillán en el Puente. Y saliendo nosotrxs a la calle para demostrarle a Duhalde y a la maldita polícía que no comprábamos más la violencia de lxs excluídxs entre sí. Que sabíamos que se trataba de disciplinarnos, una vez más, a escasez, deuda, olvido, sangre y fuego.
Por eso con la llegada del kirchnerismo se refunfó la democracia. Porque el suelo de la vigencia de los derechos humanos es imprescindible, como el plantear claramente el conflcto con los poderes reales de la Argentina. Porque abrió el espacio para al articulación posible, no ideal, posible...de distintas resistencias y espacios de militancia.
Tenemos mucho pendiente. Sin dudas.
Hay personas que no son consideradas personas, hay torturas y abusos en las cárceles, hay chicxs que sin que a nadie le importe quedan a merced de las balas en tiroteos que siempre acontecen allí, como si se tratara de una tormenta o un alud, mientras las fuerzas de seguridad que deberían cuidarlos los ejecutan.
Hay mujeres que desaparecen, secuestradas, porque policías provinciales, gendarmes, políticos, jueces y clientes hacen la vista gorda y engordan sus bolsillos con la trata de personas. Y sobrevivientes son revictimizadas en tribunales que se burlan de la sociedad que ha podido comenzar a plantear, fuertemente, ¿quiénes consumen mujeres esclavizadas? ¿cómo se elabora la justificación y el silencio? A Susana Trimnarco, como ayer a las Madres, la trataron de loca y la desprecian por apoyar la escucha que este gobierno le ha dado. Feministas que alertamos sobre la vulnerabilidad y la reducción a ciudadanas de segunda de las víctimas de la penalización del aborto, nos tratan de asesinaas. Que contrariamos los valores occidentales y cristianos, y hasta la misma doctrina de derechos humanos, apropiandose el discurso para humanizar un embrión y martirizar a una mujer.
Persisten zonas dejadas a asu suerte entre ejércitos privados y empresas que arrasan con campesinos en lucha y resistencias originarias.
Asquean las agresiones constantes a quienes se dedican a decir qué piensan y ensalzar un compromiso político, y promueven a empresarios, banqueros y periodistas cómplices de delitos de lesa humandidad.Gana las elecciones en la ciudad más rica del país un personaje siniestro que reprime en hospitales, ha utilizado fuerzas de choque para sacar del paisaje a las personas a las que tiene obligación de cobijar, mientras hace negocios con sus empresairos amigos. Gana las elecciones al Senado una dirigente que opina que la homosexualidad es una enfermedad.
Convivimos ocn muchas tragefias y atropellos, y sabemos bien que tenemos muchísimo por hacer entre todxs, asumiendo las responsabilidades que nos tocan. Apagando la televisión a la hora del morbo, cambiando el dial para tener datos y opiniones, no mero sensacionalismo y cortina de humo.
Hemos logrado cosas impensables. Pero para sostenarlas y para que las inevitables disputas en la convivencia de factores diversos de poder sea soportable, sea tolerable, la resposabilidad ne quienes toman decisiones y en quienes votamos y participamos, damos la discusión, no es menor. Un camino jalonado de luchas nos exige compromiso. La democracia no se nos ha regalado, la hacemos entre todxs y la cuidamos o la boicoteamos entre todxs.
No hay afuera de la política ni de las relaciones de poder.No se cambian los destinos colectivos con meras buenas intenciones y modelos perfectos. No hay recetas infalibles. Pero hemso aprendido dolorosamente cuánto se paga por permanecer indiferente, anestesiadx, distraído, descerebradx, con mira corta, con simplismo, con sentimientos derrotistas o paranoicxs. Este no es un "país de mierda", sino que es, como todo país, un lugar en el que hay gente de mierda, y gente que no. La capacidad para sentir como propia cualquier injusticia, como decía el Che, es quizás uno de los matices definitorios. Una democracia donde el dolor ajeno, donde la caridad sea sustituida por justicia social, donde no hay nadie invisible, nadie inaudible, nadie que se sienta "nadie", ese en un sueño y una realidad que se va haciendo de a pedacitos.