domingo, 11 de septiembre de 2011

NUESTRO 11 DE SEPTIEMBRE

NO OLVIDAMOS A SALVADOR ALLENDE

América Latina tiene heridas que no cicatrizan mientras persistan el olvido, el silencio, la injusticia. Desde el genocidio indígena, desde los nacimientos de las repúblicas divididas a gusto de los imperios, los sueños de emancipación por el que millones lucharon y dieron la vida, se fueron truncando. Aunque, a cada traición – la de los propios, las más dolorosas entre todas- resurgían las consignas de entre lxs muertxs, se recreaban los ejércitos locos, se iba desempolvando la historia no oficial para entender y subvertir el orden del hambre, de la entrega, de la vergüenza. Se tratase de Nicaragua, se tratase de Chile, se tratase de Méjico, se tratase de Guatemala, de Argentina, de Paraguay, las peleas por una libertad a vivir, no por un mero nombre, tiñeron de sangre insurrecta la tierra que pisamos. Versiones oficiales dieron cuenta de esos hombres y mujeres colocándolos en el rincón brumoso al que hay que ir a buscar las postas para las luchas de hoy. Ignoramos muchas cosas y todavía en la mochila de la memoria colectiva, la difamación de los vencedores encubre la grandeza de los Tupac Amarus, de los Artigas, de las Evitas, de los Sandinos, de los Zapatas, de los Peñalozas, de las Madres de los pañuelos, de los Guevaras, de los pueblos que resistieron las incontables invasiones de los marines o las ayudas criminales de la CIA listos para dar una mano a las minorías dominantes. Casi dos siglos siendo el “patio trasero” de la autodenominada “democracia” del mundo.


Un 11 de septiembre de 1973, el golpe militar de Pinochet ponía fin a una osadía, la de la Unión Popular y de su líder, Salvador Allende pretendiendo hacer un tránsito diferente al socialismo desde una democracia popular. El camino se nutría de tensiones y de las heterogeneidades inevitables – nuestras problemáticas, los dogmatismos, las relaciones de fuerza en pugna- y se abría por la capacidad convocante del hombre íntegro que trataba de ser fiel a las demandas de esa igualdad verdadera y de una democracia real que expresara la justicia social sin lucha armada.
Era demasiado atrevimiento para dejarlo intentar, y en el contexto de luchas populares en este Cono Sur, la situación se ponía cada vez más caliente. Latinoamérica visualizaba claramente su sujeción y emprendía caminos de liberación entre los cuales, por ejemplo, Chile se proponía a ser dueño de su cobre y también a dar forma a una Escuela Nacional Unificada: la integración y consolidación en un único tipo de establecimiento Unidades Escolares o Complejos Educacionales, de educación inicial, básica y media cuya administración estaría a cargo de consejos integrados por la dirección del establecimiento, profesores, personal auxiliar o paradocente y apoderados. El Sindicato Único de Trabajadores de la Educación sostenía la necesidad de esa reforma dentro de las políticas de transformación social que impulsaba el recientemente electo gobierno de la Unidad Popular en 1971. Un proyecto de ley fue discutido y demorado en el Congreso por diferencias en el texto final.

Mientras en 1973 bombardeaban La Moneda, se encarcelaba a miles de personas, se torturaba y se fusilaba el sueño, los restantes países hermanos se debatían sin poder unirse contra los verdugos que ya iban desangrándolos fronteras adentro y coordinando la represión militar con un Plan Cóndor que coordinaba la detención y el traslado de personas desaparecidas en una sociedad criminal uniformada.

Tras décadas de sometimiento y terror, tras el auge de gobiernos neoliberales que destrozaron lo que quedaba de las industrias o áreas estatales, al comenzar el siglo XXI se dice NO al ALCA y se emprende la construcción de un espacio regional fuerte materializado en UNASUR. Gobiernos populares y gobiernos indecisos pudieron parar el intento desestabilizador contra el Presidente indio Evo Morales y el desatado contra el Presidente ecuatoriano Rafael Correa, dado el inédito apoyo institucional de los gobiernos vecinos legítimos y firmes.

El “movimiento de los pingüinos” en 2006 fue un llamado de atención en relación con el contenido y la realidad de la educación chilena y además, sobre la acción política efectiva, la organización y la manera de democratizar un movimiento que despertó la conciencia de la ciudadanía. Se ganaron el respeto lxs estudiantes que demandan el fin del sistema educativo heredado de Pinochet. Probablemente están levantando de a poco, como no pudo lograrse antes, a una sociedad disciplinada por años de impunidad, de represión, de individualismo neoliberal como continuación de las atrocidades uniformadas.
Hoy estas generaciones nuevas demandan al socio defensor pinochetista que ocupa La Moneda por el voto popular, un sistema que garantice el derecho a la educación gratuita como piso central para una igualdad de oportunidades. El cobre chileno puede costearla.



Sacudiendo una inercia dolorosa, lxs estudiantes que son acompañadxs y apoyadxs por muchos sectores sindicales y políticos aparecen como una chispa que enciende un movimiento más poderoso y más grande - ¿será un deseo?- , que tal vez pueda retomar algo del sueño truncado en 1973. Con otras consignas y con otrxs modalidades.
Nosotrxs, desde esta tierra argentina en la que pudo hacerse justicia con los genocidas a pesar de tanto tiempo, en la que los cómplices civiles de la dictadura son denunciadxs y repudiadxs, en la que un pueblo se afirma cada vez más en los derechos que defendemos y vamos por más todavía, honramos la memoria de Salvador Allende.



Honramos su vida y su muerte por el sueño que es el de todxs, el de vivir la felicidad de hacer un poco de tantas justicias pendientes, “superando el momento gris y amargo donde la traición puede imponerse”.