jueves, 27 de enero de 2011

La vida




Es extraordinario lo que puede suceder en tan sólo siete años. En una vida, en la vida de un país, que son las vidas de sus gentes, sus sueños, sus dolores, sus esperanzas, sus errores y sus locuras.

Hay mitos que nos condicionan como personas: que entre los 30 y los 40 hay que "establecerse", que has madurado si centraste tu atención en una carrera que te permita progresar, que la joda tiene un tiempo cronometrado y limitado, que no podés cambiar así como así de oficio, de marido, de orientación sexual, de religión...Así te va a ir mal.

Otro mito es ése de que el mundo no puede cambiar, que cuando se es joven se piensa que todo se puede y está bien, que injusticia siempre ha habido y habrá, que luego te das cuenta cómo funciona todo, y te ponés la corbata, te hacés yuppie o seria. Que ya se sabe, este país es así, que la gente es una mierda, que salvate vos, que pensá en los "tuyos".

Estaba pensando en las vidas incorrectas. En quienes toman "malas decisiones" para la mirada central de los/as demás, que se angustian frente a la aventura de seguir buscando y dejar de lado el éxito.

Estaba pensando en la emoción de sentir con intensidad un beso, un discurso, una canción, un baile...cuando no corresponde, cuando resulta inesperado. En el momento crucial de sentir que podés solo o sola sin el lastre de las expectativas resignantes que nos atravesaron desde la época de la escuela...que podés, con miedo y con un frío que corre por la espalda... Y pensaba en lo que te cobran cuando entendés un día que sí podés laburar menos para dedicarte a escribir, pintar, actuar, nadar, y te animás y lo hacés,-tirando el libreto por la ventana-...sos feliz y "hacés daño" a quienes no se animan con tu felicidad.

Defraudás... Como cuando te sentís capaz de dejar una cárcel de rutina y tener una relación "que no lleve a ningún lado" salvo a instantes felices, a descubrimientos.

Pensaba en la revolución que implica confiar en alguien que conociste hace dos días y prestarle tu firma, o la casa, o la oreja si hace falta.

Abrir las seguridades, y apenas estar seguro/a de que tu límite es, en todo caso, el tuyo. Quizás, el no herir a sabiendas. Pueden ser otros.

Tener el coraje de transformarse en otra cosa, siendo así fiel consigo...es una paradójica coherencia.

Las vidas que pagan altos costos, soledades profundas, que lloran incomprensiones y ataques, pueden patear tableros. En pequeñas o en grandes proporciones.

Cuando parecía que íbamos a apechugar por mucho tiempo la frustración y el derrotismo, cuando todavía curábamos heridas de tanta violencia: la impunidad de los genocidas, las muertes de diciembre, la atrocidad del gatillo fácil aceitadito como si no hubiera pasado nada del 76 hasta acá, cuando no había expectativas de vida digna, cuando ser un/a laburante era ser menos que nada, cuando la tilinguería se apoltronó en el living cultural, ese hombre al que poco se lo conocía y se le creía, ocupó un sitio desde el cual pudo torcer destinos.

Cuántas vidas tocaste! Cuánto pudimos conmovernos y sorprendernos, desde el inicio de tu presidencia!
Yo pensaba y era de decir : "es demasiado bueno para lo que como sociedad somos", intentando la autocrítica de lo que se había intentado construír desde los partidos y los movimientos sociales, desde adentro de lo que había conocido. O evidenciando un prejuicio sobre nosotros, ese "no podemos"...

No se salía a apoyar vivamente actos de gobierno que mostraban que se iba para otro lado distinto a la mera gestión de las crisis recurrentes y las medidas toleradas por el poder real que no gobierna, pero pone y saca gobiernos, sin necesidad de las botas: con los diarios o los mismísimos dirigentes políticos, catalizados por los cientos de errores y prácticas sociales instaladas.No parecía creíble, y lo hizo igual, y nos fuimos entusiasmando de que podía crecer una alternativa.

Se abrió lenta pero imparable una correntada. Expectativa que era una realidad en construcción que hicimos nuestra porque pudimos ocupar espacios sin condicionarnos las viejas reglas, que subsistian y subsisten pero no son las únicas maneras de participar en una transformación social. Y que depende de nuestra inventiva.

Néstor, nos diste tanta alegría, tanta fuerza! Me sentiré siempre orgullosa de haber ido a la plaza a festejar tu aparición el 25 de mayo de 2003, cuando podíamos sentirnos todavía escépticos/as, temerosas/os, anhelantes también.

Por eso - y ya sé, tres meses de ausencia física y ese dolor frente al cual todas las palabras quedan cortas- hoy quiero escribir y hablar de las vidas, que son como tus vidas - porque hemos participado de un pedacito apenas- que como nuestras vidas son múltiples, son un camino que se transita, que no nos pertenece, que no dirigimos del todo, apenas un poco, ensayando algunas maniobras. Esas vidas que se componen con otras que se salen de los libretos y se animan a hacer lo que no era pensable, lo que no se supone razonable, lo que muchas y muchos presienten se debe hacer pero da miedo.

Ojalá nuestras vidas lleven más adelante como ahora ese envión, esa audacia y esa ternura que nació en este encuentro tan hermoso con tu vida.