jueves, 20 de enero de 2011

El pez por la boca muere...

El exabrupto del cura de Malargüe Jorge Gómez, luego del episodio que protagonizara días atrás interrumpiendo un recital humorístico ofendido por una parodia de Les Luthiers con el tema del celibato de los sacerdotes, no es aislado ni casual.
Este celoso guardián del credo no ha dicho cualquier cosa cuando afirmó que "una violación a la fe es peor que la violación de una hija".

Sugestiva la comparación, ¿verdad?

Algunos colegas suyos salieron a aclarar que no comparten sus dichos. La censura ejercida por Gómez, sin embargo, fue calificada como intrascendente por el Obispado de San Rafael. No sabemos todavía si, aparte de los sacerdotes Laporte -de Godoy Cruz- y Reale - quien apoyara el matrimonio igualitario- habrá alguna condena explícita de la jerarquía de las sotanas mendocinas ante la declaración donde se compara la censura con el abuso, con la violación.

No pude dejar de asociar esta barbaridad con un hecho que trascendió a principios de semana en los medios de comunicación. Claro, en los pocos diarios que siguen los juicios a los represores durante la última dictadura...

Justamente en Mendoza, dos policías retirados que integraron el D2, - centro de detención y torturas ubicado en la capital mendocina en esos años de plomo- fueron detenidos y encarcelados, tras ser denunciados en el juicio por crímenes de lesa humanidad. Una testigo que tuvo la chance de correr su venda cuando hacía la limpieza en el lugar de detención, los señaló como quienes la violaron de modo reiterado durante los nueve meses que estuvo presa en la cárcel clandestina que funcionaba en la Central de Policía.

Las violaciones a las prisioneras en los campos de concentración tardaron muchos años en ser considerados una práctica sistemática, como la tortura.
Mucho tiempo y una concientización social acerca de la violencia de género permitió que aquellas violaciones reiteradas, horrorosas, no quedaran más en el camino e impunes, si bien eran mencionadas entre los tormentos y demás vejámenes que acontecieron como lo habitual en los centros clandestinos.
Las violaciones y el abuso sexual que los represores cometieron en la última dictadura militar comenzaron a ser tratados como delitos de lesa humanidad recién el año pasado, ya que previamente eran considerados hechos eventuales. Al no ser incluídos como otra parte de un plan sistemático, estos delitos prescribieron.

El primer fallo en establecer la violación como delito de lesa humanidad y tan imprescriptible como la tortura fue dictado en abril de 2010 por el Tribunal Oral Federal de Santa Fe, que condenó a 11 años de prisión a Horacio Américo Barcos, un agente civil de Inteligencia. En la sentencia, los jueces consideraron que la violencia sexual que ejerció el represor también constituye una forma más de tormentos y, por ende, es un crimen contra la humanidad.

En otro fallo similar en Mar del Plata la Justicia condenó a prisión perpetua al ex subjefe de la Base Aérea local, Gregorio Rafael Molina, por homicidio agravado, violaciones reiteradas agravadas, privación ilegítima de la libertad y tormentos agravados.

Los testimonios de Rosa Gómez, Silvia Ontivero y Luz Faingold en este juicio mendocino tienen mucho que ver, estoy segura, con las iras de esta sotana equivocada de siglo, que evidencia ese odio a las mujeres apañado por el silencio de la Iglesia y de una sociedad sexista ante los abusos y la dominación del varón.


El credo judeocristiano - y musulmán- sostienen desde sus bases esta violencia hacia la mujer. Como bien lo dice Michel Onfray, desde su calidad de despojo, al hacer sido creada en segundo lugar - y de una costilla!- Eva es un fragmento separado: la hembra tiene un cuerpo maldito, impuro, lo que se extiende a ella toda. "El óvulo no fecundado exacerba lo femenino en falta, por negación de la madre. De allí proviene la impureza de la regla. La sangre menstrual presenta igualmente el peligro de períodos de infecundidad. Una mujer estéril e infecunda es el peor oxímoron para el monoteísta. Si además, durante el período no hay riesgo de embarazo, habilitándose la práctica de la sexualidad separada de la procreación, tenemos ahí el mal absoluto".

La potencialidad de la sexualidad pura sin destinarse a procrear, qué amenaza al orden de los cuerpos!!!Por eso se defiende con garras y dientes el celibato - cuyo costo era el tema de la humorada en el espectáculo acallado por Gómez-, de ahí la furia, la ofensa. Hipocresía al cubo.

Agrega Onfray - y lo hemos experimentado recientemente en vista del revuelo de las campañas de Bergoglio y los fundamentalistas en ocasión del debate por la ley de matrimonio igualitario- que también por esas mismas motivaciones, las religiones monoteístas condenan a los homosexuales: "su sexualidad impide las funciones prescriptas de madre y padre, esposo y esposa, y afirma a las claras la primacía y el valor del individuo libre."

¿Hasta cuándo esta gente que silenció las torturas y delató hasta a miembros de su congregación - como el Sr. Arzobispo de Buenos Aires, a quien van a tomarle declaración a su despacho en vez de obligarlo a concurrir a un juzgado como cualquiera-, que se digna a censurar artistas en un espectáculo público, que no dice una palabra acerca de la situación de un Grassi, con condena firme pero en libertad, va a gozar de esta impunidad social?